SOMOS LO QUE COMEMOS… Y TAMBIÉN CÓMO VIVIMOS

¿Cuántas veces hemos escuchado la conocida frase “somos lo que comemos”? Una afirmación tan repetida como cierta. Ya lo decía Hipócrates, médico griego del siglo V a. C. y considerado el padre de la medicina: “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”. Y no se equivocaba.

En prácticamente todas las enfermedades, la alimentación está directamente implicada, junto a otros muchos factores físicos, emocionales y ambientales. Nuestras células se nutren de los alimentos que ingerimos; de ellos obtienen la energía necesaria para mantenerse vivas, estructurarse y cumplir correctamente sus funciones. Por eso, cuando hablamos de salud, hablamos inevitablemente de la calidad de nuestras células.

La dieta es una pieza clave en este proceso. A partir de la ingesta de alimentos, el cuerpo pone en marcha complejos mecanismos de digestión, absorción y asimilación. De ahí se obtienen los micronutrientes que atraviesan la pared celular para ser utilizados por cada célula, sosteniendo la salud de los tejidos, los órganos y los sistemas. Cuanto más sanas estén nuestras células, más fuerte y equilibrado estará nuestro organismo, y mayor será nuestra capacidad para prevenir la enfermedad.

La calidad de la sangre: la base de la salud

Si queremos transformar nuestra salud, es fundamental mejorar la calidad de nuestra sangre. La sangre es el medio a través del cual se alimentan las células, los tejidos y los órganos. Según lo que comamos, así será la calidad de ese alimento interno que circula por nuestro cuerpo.

Uno de los indicadores más importantes de la calidad de la sangre es su pH, que mide el grado de acidez o alcalinidad. Para mantener un estado óptimo de salud, la sangre debe ser ligeramente alcalina, siempre dentro de un rango fisiológico adecuado. Existen alimentos que alcalinizan la sangre y otros que la acidifican, y este equilibrio influye no solo en la salud celular, sino también en cómo funcionamos a nivel físico, mental y emocional.

El pH afecta a nuestra energía, a nuestra capacidad de reacción, a nuestro rendimiento diario e incluso a la forma en que respondemos ante la vida. No es difícil imaginar que muchos de los productos conocidos como comida basura sean grandes responsables de la acidificación del organismo y, por tanto, importantes factores de riesgo para la salud. Si nos preocupa la calidad de nuestra sangre, conviene evitar este tipo de productos en la medida de lo posible.

Alimentos que acidifican y alimentos que equilibran

No hace falta recurrir únicamente a la comida ultraprocesada para hablar de acidificación. Existen alimentos de consumo habitual que también contribuyen a este desequilibrio, como el queso, los refrescos, el marisco, la bollería industrial o la carne roja, muy presentes en la dieta occidental y especialmente en España.

Afortunadamente, también contamos con alimentos que ayudan a alcalinizar el organismo, como el brócoli, el apio, la escarola o el té verde de buena calidad. Otros tienen una cualidad especialmente interesante: actúan como equilibradores, ayudando al cuerpo a autorregularse. Entre ellos encontramos la manzana, las coles, la zanahoria o las almendras.

Siempre que sea posible, es importante optar por alimentos de agricultura ecológica, libres de pesticidas y fertilizantes químicos, y producidos con respeto hacia la tierra y el medio ambiente. No solo nutrimos nuestro cuerpo, sino también nuestra relación con el planeta.

El impacto de los alimentos refinados y el pan industrial

Los alimentos refinados acidifican mucho más que los productos integrales. Durante el proceso de refinamiento, los cereales pierden prácticamente todas sus vitaminas y minerales. Posteriormente se les añaden azúcares y aditivos para mejorar su sabor y conservación, aumentando aún más su efecto acidificante.

En el caso del pan blanco, las harinas utilizadas suelen almacenarse durante largos periodos. Mientras el grano permanece entero, las enzimas están latentes, pero al ser molido comienza un rápido proceso de oxidación. Si además se utiliza levadura industrial en lugar de masa madre, la fermentación es incompleta, empobreciendo aún más el valor nutricional del pan.

Por ello, es recomendable consumir panes integrales elaborados con masa madre. Este tipo de fermentación es completa y triple: láctica, alcohólica y acética. Gracias a este proceso, mejora la asimilación de nutrientes y se favorece la flora bacteriana intestinal, beneficiando directamente nuestra salud digestiva e inmunológica.

El consumo de productos animales y la carga tóxica

El consumo excesivo de productos de origen animal también contribuye a la acidificación del organismo. Su digestión es lenta y pesada. No olvidemos que el intestino de un animal carnívoro mide aproximadamente cuatro metros, mientras que el nuestro alcanza los siete. Este mayor tiempo de tránsito favorece procesos de putrefacción, generando toxinas que alteran la flora intestinal.

A esto se suma el efecto de las grasas saturadas que circulan por la sangre y, en el caso de productos no ecológicos, la presencia de hormonas y medicamentos. El exceso de toxinas inhibe la acción enzimática, dificulta la producción de energía celular y reduce la capacidad de las células para sintetizar proteínas.

Cuando el nivel de toxemia en sangre es elevado, los riñones se debilitan y el hígado se sobrecarga. Estos órganos —conocidos en la medicina oriental como emuntorios, órganos de limpieza— se ven también afectados por hábitos de vida poco saludables, la contaminación ambiental y las llamadas emociones tóxicas.

Una forma de cuidarlos es incorporar alimentos que los nutran energéticamente y los ayuden a descongestionarse, como las legumbres y las verduras de hoja verde: apio, rúcula, hojas de remolacha o brócoli.

La cocina como laboratorio de salud

Dentro de un estilo de vida saludable, es fundamental recuperar la alquimia en la cocina. Convertirla en un espacio de creación de salud, donde los alimentos sean los protagonistas y cocinar vuelva a ser un acto consciente.

Si nuestros ancestros nos vieran calentar una barqueta de comida precocinada en el microondas para comer de pie en la oficina, probablemente se llevarían las manos a la cabeza. Si el tiempo no nos permite cocinar a diario, una alternativa es optar por comida elaborada en el día, ecológica y equilibrada, que nos ayude a mantenernos sanos y con energía.

Fermentados, crudos y el valor de la vida en el plato

Los alimentos excesivamente cocinados pierden gran parte de sus nutrientes, especialmente vitaminas. Por ello, es recomendable incluir en cada comida una pequeña porción de verduras fermentadas, como el chucrut, o verduras maceradas con sal, una forma de “cocción sin fuego”.

La fermentación realiza una predigestión natural, preserva los nutrientes y hace que estos alimentos sean más digestivos incluso que las verduras crudas. Añadir una cucharada de germinados a un plato es añadir vida, color y energía.

El dulzor consciente y la alimentación equilibrada

Desde la medicina oriental y la macrobiótica se presta especial atención al dulzor. La dieta mediterránea suele carecer de dulzor de calidad, sustituyéndolo por postres cargados de azúcares refinados que acidifican el organismo, generan desequilibrios y ralentizan las digestiones.

Una forma saludable de satisfacer esta necesidad es utilizar verduras dulces cocinadas lentamente, como la zanahoria, la cebolla o la calabaza, en cremas o estofados. Otra opción es incorporar meriendas equilibradas, elaboradas sin azúcares de absorción rápida ni siropes.

La macrobiótica: equilibrio, energía y placer

La macrobiótica tiene en cuenta múltiples factores a la hora de elaborar un plato: texturas, colores, tipos de corte, métodos de cocción, clima y las condiciones individuales de cada persona. Todo ello con el objetivo de crear una alimentación equilibrada a nivel energético y nutritivo, capaz de generar una buena calidad de sangre y sostener la salud en el tiempo.

Un plato macrobiótico no solo nutre el cuerpo: también despierta los sentidos y se convierte en una auténtica delicia para quien se permite saborearlo.

Holístico SOMOS UNO
IG @holisticosomosuno

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