Sólo hay una forma efectiva y definitiva de adelgazar: Controlar los niveles de insulina



El doctor canadiense Jason Fung ha descubierto los secretos de la pérdida de peso. Tras décadas trabajando como nefrólogo en el hospital público de Scarborough (Toronto) comprobó que la mayoría de las enfermedades renales que trataba eran el resultado de la obesidad del mundo desarrollado.

Preocupado por enseñar a perder peso de forma efectiva a sus pacientes sin recuperarlo, se dedicó durante 20 años a estudiar por qué engordamos. Así fue como descubrió que todo lo que sabíamos sobre nutrición, estaba equivocado. Comer de forma saludable 5 veces al día y hacer ejercicio no siempre bastan. Las personas que padecen sobrepeso o que acumulan kilos de más no son perezosas o les falta voluntad, tienen un complejo problema hormonal, en el que la insulina juega un papel fundamental. Cada vez que comemos, segregamos esta hormona para eliminar la glucosa y transformar en grasa lo que sobra. Pero hay un problema, cuando se elevan los niveles de insulina, también bajan los de azúcar y se estimula el hambre, lo que nos abre el apetito (sobre todo de carbohidratos). Un círculo vicioso que, si no se corta, nos provoca resistencia a la insulina, una alteración genética o adquirida que hace que se necesite mayor cantidad de esta hormona cada vez que comemos.

Este es el engranaje clave de la obesidad y solo puede frenarse disminuyendo los niveles de insulina. Por desgracia, según este médico canadiense, esto no se logra con una dieta convencional. Para reconfigurar el balance hormonal hay que abstenerte por completo de comer. El ayuno es la pieza más importante que falta en el puzle de la pérdida de peso.

Un ayuno llevadero

Lo que dice Fung podría parecer una obviedad. Claro que si no comemos adelgazamos, pero es una práctica muy denostada que empieza a tomarse en serio gracias a doctores de prestigio como el propio Fung. Este médico asegura que no perderemos masa muscular ni desfalleceremos. Al contrario, con el ayuno intermitente nos sentiremos mejor y con más energía.

Un hallazgo que explica de manera sencilla y amena en su libro El Código de la Obesidad, recientemente publicado en español por Editorial Sirio tras el éxito de “The Obesity Code” en EE.UU.

1. No picotees

En las últimas décadas hemos pasado de hacer tres comidas diarias: desayuno, almuerzo y cena, a hacer seis: desayuno, tentempié de madia mañana, almuerzo, merienda, cena y picoteo. Estamos estimulando la insulina todo el rato, dejándola constantemente alta hasta hacernos resistentes a ella.

Cualquier aperitivo, por pequeño o saludable que sea, eleva los niveles de insulina entre las comidas, que es cuando debería estar bajando.

2. El desayuno NO es la comida más importante:Siempre nos han dicho que el desayuno es la comida más importante del día. Pues bien, el Dr Fung considera que no es así, por lo que si no tienes hambre y puedes retrasarlo la mayor cantidad de horas, hasta las once de la mañana, mejor. Si no puedes evitar desayunar entonces te sugiere comer yogures o huevos. También café sin azúcar.

3. Añade vinagre a tu dieta

Este alimento tradicional puede protegernos contra los males provocados por el exceso de insulina. Cada vez hay más estudios que demuestran que el vinagre tiene extraordinarias propiedades para adelgazar. Tomar un par de cucharaditas diluidas en un vaso de agua antes de comer puede disminuir los niveles de azúcar en el cuerpo y nos ayuda a mantenernos saciados más tiempo.

4. Ayuna durmiendo

Ayunar durante 12 horas es fácil. Simplemente tienes que adelantar el horario de la cena y no comer absolutamente nada desde las 7 u 8 de la tarde hasta la hora del desayuno a las 7 u 8 de la mañana del día siguiente. Entre semana, si no te despiertas con hambre puedes ayunar 16 horas saltándote el desayuno. Así, si no comes hasta las 11 ó 12 del medio día habrás ayunado lo suficiente para desintoxicarte. Por su puesto, en cualquier momento puedes beber agua, té o café sin azúcar, que te ayudarán a mitigar el apetito. Y los días que desayunes, evita los carbohidratos refinados.

5. Controla el estrés

Los niveles de insulina también pueden variar por efecto de otra hormona, el cortisol, que está directamente relacionada con el estrés. Eleva los niveles de azúcar para que el cuerpo tenga suficiente energía para combatir amenazas. Por eso, comer sano no te servirá de nada si vives en un constante estrés.

La falta de sueño (dormir menos de siete horas al día), provoca estrés y, por tanto, aumento de peso.

6. Evita los refrescos 

No cabe duda de que los refrescos azucarados engordan, pero atención porque “Los refrescos ‘light’ tampoco son la solución”. Aunque contengan muy pocas calorías y nada de azúcar elevan igualmente nuestros niveles de azúcar. Las últimas investigaciones han demostrado que edulcorantes como la sucralosa, el aspartamo o la stevia son más dulces que el azúcar y elevan incluso más la insulina.

“El cerebro puede percibir una sensa­ción de recompensa incompleta al detectar un sabor dulce carente de calorías, lo que tal vez fomente la sobrecompensación y un aumento del apetito y los antojos”.

7. Come más fibra

La fibra ayuda a reducir el efecto estimulante de la insulina, previene el estreñimiento y mantiene la microflora del colon.  Consúmela comiendo más fruta, verduras y legumbres, y prescinde del arroz, el pan y la pasta.

8. No temas a la grasa

La grasa es el único nutriente que no tiene una influencia sobre la insulina ni la glucosa. Las grasas presentes en el aceite de oliva, el aguacate, los frutos secos o el salmón son buenas para la salud, pues te mantienen lleno y, consumidas con moderación, no engordan. Una información que cada vez respaldan más médicos, como el Dr. Steven Marley, coautor de Grasas Inteligentes.

Siguiendo estas pautas que el doctor Fung explica de manera ágil y fácil en su libro El Código de la Obesidad, podrás romper con la resistencia a la insulina, prevenir la diabetes y adelgazar de una vez por todas y para siempre.

Editorial Sirio
www.editorialsirio.com

 

 


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