No es honrado reducir el yoga a una gimnasia acrobática



Pues no pocas veces lo he preguntado: ¿Por qué le llaman yoga a lo que no es yoga? La respuesta no es difícil: por absoluta falta de información o, más frecuentemente, porque, en palabras de Feurstein “las enseñanzas han pasado a considerarse bienes económicos.”. Y fue Feurstein quien muy acertadamente escribió:

“Al tratar sobre el impulso espiritual, no debemos pasar por alto el triste hecho de que hoy en día los intereses espirituales están quedando sepultados bajo montañas crecientes de falsificaciones comerciales. En efecto, esto se ha convertido en un problema serio porque los buscadores espirituales primero deben aprender a reconocer la basura para poder descubrir las enseñanzas genuinas sobre la liberación”. 

Y con la misma lucidez agrega:

“Cualquier maestro o enseñanza que prometa un “éxito” rápido por medios “fáciles” ha sucumbido probablemente a la mentalidad consumista, y el correspondiente método forma parte de una mera explotación comercial”. 

Ya hace décadas, varios especialistas vieron lo que al respecto del yoga y disciplinas afines se nos venía encima y el mismo Jung dijo: “Y lo que nos queda por ver”. Hace ya un buen número de años Jean Varenne escribió: “No es honrado reducir el yoga a una gimnasia acrobática o una doctrina oculta”. 

¿Cuántas veces habrá que decir que el yoga no es un deporte ni una gimnasia? Al parecer son miles de personas las que se empeñan en tomar la bisutería yóguica por joyería yóguica, y no pocos los “maestros” de yoga que quieren hacernos creer que enseñan yoga porque exhiben las más acrobáticas posturas yóguicas (asanas) o los más sofisticados retorcimientos y contorsionismos del cuerpo. 

Lo que está sucediendo con el yoga es verdaderamente deplorable aun si no se quiere dramatizar y se trata de relativizar y de pensar que los pseudoyogas y exóticas gimnásticas mostradas como yóguicas terminarán pasando antes o después y quedará como un fenómeno más de las modas consumistas del insatisfecho y descentrado occidental, sin perder de vista, para ser bien sinceros, que los primeros en traicionar la esencia del yoga fueron no pocos de los mentores indios llegados a USA en su empeño para mercantilizar esta venerable y milenaria disciplina, falseando el hatha-yoga con un burdo culturismo y toda suerte de elementos gimnásticos, pero no yóguicos. 

Se han cometido muchos dislates y mayúsculos errores, pero quizá uno de los más abultados y bochornosos, además de inexplicables y vergonzantes, sea el que con toda razón denuncia Naren Herrero en su obra ” Hinduísmo para la Vida Moderna”, cuando hace referencia a los Reales Decretos de 2011 y 2012 con los que “el Gobierno español ha intentado regular la instrucción del yoga en España, colocándolo dentro de la “familia profesional de Actividades Físicas y Deportivas”. 

Esta catalogación es un desatino cultural para cualquier persona que conozca la historia y los propósito de su vertiente clásica, donde el yoga es considerado una de las seis escuelas filosóficas principales del hinduísmo. Aún más desorbitado se hace el despropósito cuando uno ve que, además de “instrucción en yoga”, las formaciones especializadas que se establecen conjuntamente en los citados Reales Decretos son “iniciación deportiva en esgrima, golf, piragüismo y tenis” o “balizamiento de pistas, señalización y socorrismo en espacios esquiables, o fitness acuático”. 

No es de extrañar que en mi obra “Yoga, método Ramiro Calle”, el editor y escritor Alvaro Enterría insistiera en la necesidad de desenmascarar los neoyoga, neovedanta y neotantra. Pues Occidente tiene el más que dudoso privilegio de aguar las enseñanzas más solventes y fiables de la India, si bien, insisto una vez más en ello, los primeros traidores fueron esos arrogantes y ávidos mentores indios que mostraron el hatha-yoga en Occidente, exhibiéndolo como contorsionismo, campeonatos de asanas y una rara mezcla de posturas yóguicas y gimnasia sin el menor propósito de autodesarrollo y liberación mental. 

Ramiro Calle
www.ramirocalle.com


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