Doble aprovechamiento de la respiración



Lo primero que hacemos en esta vida al llegar a ella es inhalar; lo último que haremos es exhalar. Respiramos de quince a veinte veces por minutos, o sea cientos de miles de veces a lo largo de nuestra existencia humana. Nuestra respiración es mecánica, como si “algo” respirase por nosotros, pero también la podemos convertir enuna función consciente y aprender a regularla. Hay yoguis muy avanzados en su práctica que pueden concienciar y controlar el corazón, el pulso u otras funciones del cuerpo, pero cualquier persona puede aprender a tomar consciencia de la respiración y a servirse de ella para favorecer el cuerpo, la mente y las emociones.

La respiración está tan estrechamente asociada a la mente, que desde antiguo los yoguis han dicho que la respiración es el caballo y la mente el jinete. Al controlar la respiración también aprendemos a dominar la mente. Cada estado de ánimo condiciona un tipo  de respiración, del mismo modo que una manera específica de respirar crea determinados estados anímicos. No respiramos igual cuando estamos concentrados o distraídos, ansiosos o serenos, agitados o calmados. Cuando hacemos la respiración un poquito más profunda y lenta, el ánimo se sosiega.

Hace miles de años los yoguis descubrieron esa conexión tan estrecha que hay entre la respiración, la mente y las emociones. Empezaron así a trabajar con la respiración consciente. De este modo también es posible incidir sobre el sistema nervioso y tranquilizarlo, así como pacificar las  emociones. La respiración consciente y bien regulada es un bálsamo para el sistema nervioso; la respiración agitada es como una espina clavada en el mismo.

No sabemos respirar. Ya los antiguos sabios chinos declaraban que lo primero que habría que hacer es aprender a respirar. Respiramos de manera entrecortada, superficial y muchas veces por la boca, como si la nariz fuera solo un adorno en el ser humano. Pero podemos aprender a hacer la respiración más consciente y estable, ralentizándola y profundizándola. Hay un buen número de ejercicios para ello.

La respiración conecta con el sistema nervioso. Es el alimento básico del cerebro. Podemos vivir sin comer hasta un mes o mas, varios días sin dormir, pero sólo unos minutos sin respirar. Es la más fundamental fuente de vitalidad. Para los yoguis no se trata solamente de un intercambio gaseoso, sino que la respiración es también la fuente de prana o fuerza vital. Aprendiendo a respirar no sólo favorecemos el cuerpo, sino que también aumentamos nuestros caudales de vitalidad o prana.

Se puede servir uno de dos maneras de la respiración, convirtiéndola en una aliada de vida, en una amiga a la que siempre se puede recurrir. Podemos hacer ejercicios de control respiratorio, que en el hatha-yoga llamamos pranayama (control del prana o fuerza vital) o también ejercicios de meditación que se basan en tomar la respiración como apoyo o soporte para estabilizar la mente y entrenar metódicamente la atención. Los ejercicios de pranayama, que hay un buen número de ellos, consisten en determinadas maneras de respirar, donde también se recurre a la retención del aliento, para obtener un máximo aprovechamiento de la energía. Los ejercicios de atención a la respiración, tomando ésta como soporte para la atención, respetan la manera común de respirar. Por tanto, unos son ejercicios de dominio respiratorio, pero los otros son ejercicios de meditación que toman la respiración como un medio para estabilizar, entrenar y desarrollar la mente.

Todos los ejercicios meditacionales de atención a la respiración, nos ayudan a situar la mente en el momento presente y van desarrollando en alto grado la atención mental pura, o sea aquella que está libre de juicios y prejuicios. Así se cultiva una percepción clara  penetrativa, se seda el sistema nervioso, se calma y esclarece la mente, y se obtiene paz interior.

Como recojo en mi obra “El Gran Libro de la Meditación”, hay muchas técnicas de atención a la respiración, que se sirven de la respiración para concentrar la mente y estabilizarla; pero hay tres de ellas que merece la pena señalar y que serán de gran utilidad para todo tipo de personas. Es mejor efectuarla sentado con el tronco y  la cabeza erguida.

  1. La atención a la sensación táctil del aire: Se fija la mente en la entrada de los orificios nasales, es decir en las aletas de la nariz. Se respira con toda naturalidad  se trata de concentrarse en la sensación que el aire genera al entrar y salir en algún lado de la nariz o en la parte alta del labio superior.
  2. Observación de la respiración: Se retira la mente de todo y se conecta con la respiración. Libre de ideas y pensamientos, se observa la inhalación y la exhalación; el aire viene y el aire parte, y uno observa atenta y serenamente ese flujo y reflujo de la respiración.
  3. Al igual que en el ejercicio anterior, se va siguiendo el curso de la respiración, pero se pone aún mayor atención si cabe para tratar de captar el momento fugaz en el que la inhalación confluye y se funde con la exhalación y la exhalación lo hace con la inhalación.

Se puede practicar el ejercicio de diez a quince minutos. Cada vez que la mente escapa y uno se da cuenta de ello, la retrotraemos al ejercicio con paciencia y firmeza.


Si te ha gustado, compártelo...








Deja un comentario