REIKI Y SANACIÓN: CUANDO ALIVIAR EL SÍNTOMA NO ES SUFICIENTE

El camino hacia un bienestar más profundo puede pasar por el cuerpo, pero también por la mente, las emociones y nuestra manera de relacionarnos con aquello que nos sucede.

Imagina que te duele el codo izquierdo.

Puedes tomarte un analgésico. O puedes recibir una sesión de Reiki, si prefieres recurrir a una terapia complementaria.

Quizá encuentres alivio. Y eso, por supuesto, ya tiene valor.

Pero podemos plantearnos otra posibilidad: ¿y si, además de intentar aliviar el dolor, nos preguntamos qué está ocurriendo?

¿Por qué me duele? ¿Desde cuándo? ¿Qué estaba pasando en mi vida cuando comenzó? ¿Estoy sometiendo esa articulación a un esfuerzo repetitivo? ¿Estoy atravesando una etapa de estrés? ¿Hay algo que mi cuerpo necesita y no estoy atendiendo?

No siempre encontraremos una respuesta sencilla. Y, por supuesto, ante un dolor persistente o inexplicable, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario para determinar su causa.

Pero existe una diferencia importante entre silenciar un síntoma y comprender qué puede estar contribuyendo a él.

El cuerpo también nos habla

El dolor y muchos otros síntomas cumplen una función biológica: nos advierten de que algo merece nuestra atención.

Pensemos en algo tan cotidiano como el testigo de combustible de un coche.

Cuando se enciende, podemos poner una pegatina encima para dejar de verlo. Técnicamente hemos solucionado la molestia de la lucecita.

Pero no hemos solucionado el problema.

Seguimos necesitando combustible.

Con nuestro cuerpo ocurre algo parecido. Un síntoma no debería convertirse automáticamente en un enemigo al que hay que hacer desaparecer a cualquier precio. También es información que conviene escuchar e interpretar adecuadamente.

Eso no significa que detrás de cada enfermedad exista necesariamente un conflicto emocional, ni que escuchar nuestras emociones sustituya un diagnóstico o tratamiento médico.

Significa algo mucho más sencillo: somos una unidad y lo físico, lo mental y lo emocional pueden influirse mutuamente.

Cuando el cuerpo sube el volumen

Pongámonos por un momento en los zapatos de nuestro cuerpo —que normalmente coinciden con nuestros propios zapatos, pero tú me entiendes—.

Imagina que necesitas llamar la atención de tu tío.

Le llamas.

No responde.

Vuelves a llamarle un poco más alto.

Sigue sin hacerte caso.

Te acercas, vuelves a intentarlo y empiezas a preguntarte si realmente no te escucha o simplemente te está ignorando.

Y si continúa sin hacerte caso, probablemente termines acordándote de su padre, que además de no tener culpa de nada resulta ser tu abuelo.

Con el cuerpo podemos caer en una dinámica parecida.

A veces convivimos durante semanas con pequeñas molestias, cansancio, tensión muscular, dificultades para dormir o señales de estrés sin preguntarnos demasiado por ellas.

Seguimos adelante.

Hasta que llega un momento en que el cuerpo nos obliga a prestarle atención.

No porque esté castigándonos, sino porque hay algo que necesita ser atendido.

Cuerpo, mente y emociones están relacionados

Durante mucho tiempo hemos tendido a separar el cuerpo de la mente como si fueran dos mundos independientes.

Sin embargo, sabemos que existe una interacción constante entre ambos.

El estrés prolongado puede afectar al sueño, la tensión muscular o la digestión. El dolor persistente puede modificar nuestro estado de ánimo. Dormir mal puede afectar a nuestra capacidad para gestionar las emociones. Y atravesar una situación emocionalmente complicada puede manifestarse también a través de sensaciones físicas.

Por eso, cuando buscamos bienestar, puede ser interesante ampliar la pregunta.

En lugar de limitarnos a:

«¿Cómo hago para que deje de dolerme?»

podemos añadir:

«¿Qué estaba ocurriendo en mi vida cuando apareció?»

No para culpabilizarnos de aquello que nos sucede, sino para comprendernos mejor.

Hacer el camino de vuelta

Podemos imaginar un recorrido:

mente y emociones → experiencia corporal → consciencia del síntoma.

Si queremos investigar qué está ocurriendo, podemos intentar recorrer parte de ese camino en sentido contrario.

Primero observamos el cuerpo.

Después nos preguntamos qué sentimos.

Y finalmente exploramos qué estaba sucediendo en nuestra vida cuando apareció el malestar.

¿Cuándo comenzó?

¿Qué había cambiado?

¿Cómo estaba emocionalmente?

¿Atravesaba una situación de tensión, pérdida, miedo, incertidumbre o sobrecarga?

Puede que encontremos una relación significativa.

O puede que no.

Y ambas posibilidades son válidas.

Reiki, Hemi-Sync® y otras herramientas de autoconocimiento

Existen diferentes prácticas complementarias que algunas personas utilizan para favorecer estados de relajación, introspección y conexión con sus sensaciones.

El Reiki, por ejemplo, puede utilizarse como una práctica complementaria orientada a la relajación y al bienestar personal.

También existen herramientas como Hemi-Sync®, basada en tecnologías de audio diseñadas para facilitar determinados estados de relajación, concentración o exploración de la experiencia interna.

En estos estados puede resultar más sencillo detener el ruido cotidiano, prestar atención a nuestras sensaciones y observar pensamientos o emociones que habitualmente pasan desapercibidos.

Pero hay una distinción fundamental:

estas prácticas pueden complementar el cuidado de la salud, no sustituir la atención médica cuando esta es necesaria.

Quizá la pregunta sea más importante que la respuesta

Volvamos al pobre codo izquierdo.

Podemos intentar aliviarlo.

Podemos consultar a un profesional para saber qué está ocurriendo.

Y también podemos preguntarnos qué estaba pasando en nuestra vida cuando empezó a doler.

No necesitamos elegir una única perspectiva.

Podemos cuidar el cuerpo y, al mismo tiempo, escuchar nuestras emociones.

Podemos recurrir a la medicina cuando la necesitamos y utilizar prácticas complementarias para favorecer nuestro bienestar.

Podemos buscar alivio y también comprensión.

Porque quizá una sanación más profunda no consista únicamente en conseguir que desaparezca aquello que nos molesta.

A veces comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente «¿cómo quito este síntoma?» y empezamos a preguntarnos también:

«¿Qué necesito atender en este momento de mi vida?»

Y a partir de ahí podemos decidir qué necesitamos.

Quizá sea Reiki.

Quizá sea descanso.

Quizá necesitemos cambiar algo.

Quizá sea el momento de acudir a un profesional.

O quizá, después de todo, simplemente necesitemos una aspirina.

César M.S.
Holístico SOMOS UNO
hola@holisticosomosuno.com
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