Más allá de los pensamientos



¿Cuántas veces nos habrán dicho que hay que pensar en positivo?

¿Y cuántas veces pensando en negativo te dices que muy mal que tienes que pensar en positivo cuando ya has pensado en negativo y en ese instante después no puedes hacer nada porque ya lo has pensado? ¿te ha pasado alguna vez pensar algo y decirte luego, “uy no tenía que haber pensado eso”, cuando ya lo has pensado irremediablemente?

Es como fusilarse todo el rato a uno mismo. Es una locura pero tiene su gracia.

Y es que tenemos un narrador ahí detrás que nos va contando sus historias, y nosotros ahí vamos, contándonoslas todo el rato…y aquí viene el tema: creyéndonoslas.

¿Te ha pasado alguna vez pensar un pensamiento, y creértelo?. ¿Creerte que es cierto porque tu lo has pensado? Jajaja No puedo evitar la carcajada. Me pasa todo el rato.

Creo que soy lo que pienso. O lo que es lo mismo, tal y como decía Descartes: “pienso luego existo”. Cuando en realidad es al revés.

Bueno, ¿y que hacemos con toda esta situación?

Porque mis pensamientos me engañan continuamente, continuamente. Y continuamente me los creo. Continuamente pasan por mi cabeza y los compro, me los creo, los ejecuto.

En la meditación hay una invitación. Algunos dicen que la meditación consiste en dejar de pensar. No, no consiste en dejar de pensar.

Consiste en darme cuenta de que hay una voz en mi cabeza que habla sin parar y que en realidad la mayor parte del tiempo yo no la escucho, simplemente la soy, la ejecuto.

La meditación consiste precisamente en pararme a escuchar lo que pienso sin la necesidad de pasar a ejecutar lo que estoy pensando. Consiste en pararme a mirar lo que pienso desde mi conciencia.

La conciencia, ese lugar tan desconocido para el narrador. Ese lugar que el narrador se empeña en borrar una y otra vez, en quitarle importancia una y otra vez.

Y sin embargo, estar consciente es pura felicidad. Pura libertad. El campo de potencialidad pura que escondes en tu vida, justo detrás de todas esas creencias que tienes acerca de ti mismo, de los demás y de lo que ocurre en tu vida. Justo detrás de tus pensamientos.

En realidad, es simple: tengo solo dos opciones: o escucho al narrador o escucho a la conciencia: o pongo mi atención en lo que me cuenta el narrador, o pongo mi atención a mi conciencia. Es simple, no hay más! No hay más que esto.

Y yo estoy eligiendo todo el rato donde pongo mi atención. Si en el espacio amplio de mi conciencia o si en el rango pequeñito de mi narrador, de quien creo ser.

Sí, y ya estoy escuchando esa voz que me viene a decir…

“Pero entonces ¿quién seré?, si no presto atención a lo que pienso, donde pongo mi atención?¿tendré que conseguir algo, no? ¿tendré que llegar a ser alguien no?

¿Qué será de mí?”

Y nuevamente tengo la oportunidad de pararme y observar…el espacio desde el que surgen esas preguntas…

¿Y si todo lo que pienso fuera falso?

¿Tendría interés en atender a algo que es falso, por mucho aparente “confort” que me produjera? Confort porque es a lo que estoy acostumbrado, no porque sea una experiencia plena, simplemente es familiar.

¿Y si me abro a lo desconocido? ¿Y si me entrego al campo de mi conciencia, y si me atrevo a desaparecer en la nada más absoluta?

Me abro…me abro a desaparecer ahí…me abro a encontrarme con la Verdad.

Me abro a otro conocimiento nuevo. Simplemente por curiosidad, por amor, por explorar.

Simplemente porque quiero ir más allá de mí mismo, porque quiero conocerte más allá de todo lo que crees ser y porque quiero conocerme más allá de todo lo que creo ser. Porque quiero verte de Verdad. Porque quiero verme de Verdad.

Y eso sólo puedo hacerlo desde ese espacio de conciencia, en el que puedo sentir y saber profundamente que estamos totalmente unidos.

En ese espacio no hay lugar para engaño alguno.

¡Feliz exploración!

Maricarmen Pérez Díez
Instructora de meditación/ mindfulness y terapeuta transpersonal.
Escuela de Plenitud
www.soypresencia.com


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