El Colesterol – Parte I



A lo largo de la historia de la ciencia, han surgido planteamientos erróneos que ralentizaron el avance de la misma. Ello es más cierto en el caso de la medicina. Nos referimos a la clase de errores que desvían a los investigadores del rumbo correcto y les conduce a un callejón sin salida. Hoy en día, la cardiología se encuentra en un atolladero, incapaz de encontrar solución a la actual epidemia de infartos de miocardio. ¿El culpable de dicha situación?

¡Colesterol!, un término cuya sola mención es capaz de infundir pánico a muchos. ¿Es verdaderamente el colesterol una substancia tan peligrosa como afirman los “expertos”? Veamos qué hay de cierto acerca de lo que se afirma sobre el colesterol.

El colesterol es una substancia de importancia vital presente en todas nuestras células. Desempeña numerosas funciones, como precursor de hormonas sexuales y hormonas de la corteza suprarrenal. Es una substancia indispensable para un correcto funcionamiento de la membrana celular, a la que confiere la suficiente rigidez y estabilidad para que los fluidos intracelulares no se dispersen.

Se halla en gran cantidad en el sistema nervioso, recubriendo los nervios y actuando como aislante para garantizar un correcto impulso eléctrico y nervioso. Forma parte integrante de la bilis. La cardiología ortodoxa afirma que cantidades excesivas de colesterol pueden arruinar la salud cardiovascular. ¿Qué fundamento hay para sostener semejante postura? Hagamos un repaso histórico.

En el año 1913, un médico ruso llamado Nicolay Anichkow, descubrió que las lesiones arterioescleróticas contenían una cantidad de colesterol mucho mayor que otros tejidos. Realizó un conocido experimento consistente en alimentar a conejos con una dieta muy rica en colesterol, concretamente sesos y yemas de huevo. Después de unas semanas, al sacrificar a los conejos, descubrió que desarrollaron importantes depósitos del mismo en la aorta. La conclusión: La ingesta dietética de colesterol juega un papel decisivo en la génesis de la arterioesclerosis.

No obstante, podemos objetar que no se pueden extraer conclusiones definitivas basándonos en el resultado arrojado por un experimento consistente en aplicar a conejos, que son herbívoros, una dieta que por naturaleza no les corresponde. Cabe por tanto preguntarse si el resultado hubiese sido el mismo si se hubiese añadido colesterol puro a la dieta habitual del conejo, basada en vegetales de hoja. No olvidemos que el conejo es un animal vegetariano y semejante dieta es completamente antinatural.

Más adelante, el nutricionista Ancel Keys, quien acuñó el término de “dieta mediterránea”, realizó el llamado estudio de los siete países, en el cual trató de demostrar que la incidencia de infarto de miocardio era directamente proporcional a la ingesta dietética de colesterol y grasas saturadas. Sin embargo, como dice el nombre del estudio, sólo se tuvieron en cuenta siete países. Si se hubiesen tenido en cuenta poblaciones como los pastores de dromedarios de Somalia, que beben al día varios litros de leche de dromedaria, cuyo contenido graso es muy superior al de la leche de vaca, los Masai de Kenya y Tanzania, cuya alimentación se basa en leche y sangre o los Inuit de Groenlandia, los resultados serían contradictorios puesto que dichos pueblos no padecen infarto de miocardio ni cifras elevadas de colesterol.

Y es que el problema no es tan sencillo como parece. Muchos pueblos que consumen “mucho” colesterol y grasas saturadas como Finlandia o Gran

Bretaña padecen una alta incidencia de infartos de miocardio, no por el colesterol y las grasas saturadas, sino debido a otros factores como alimentos procesados, carbohidratos refinados, sedentarismo, dieta pobre en fibra, excesivo consumo de alcohol.

En definitiva, en muchos países la ingesta elevada de colesterol y de infarto de miocardio al mismo tiempo es una mera coincidencia. ¿Entonces cuál es la verdadera causa de las placas de ateroma, las apoplejías e infartos de miocardio? ¿Por qué encontramos una gran cantidad de colesterol depositado en las arterias esclerosadas? Bien, la respuesta es que el colesterol se deposita en determinadas zonas del sistema arterial para consolidar y proteger dichas regiones. Es un mecanismo de defensa, un cemento que sella grietas, heridas y lesiones que se producen en las arterias.

Expuesto todo esto, podemos establecer una serie de principios básicos:

  • La ingesta dietética de colesterol no influye apenas en los niveles plasmáticos del mismo.
  • Los factores causantes del infarto de miocardio son el sedentarismo, tabaco, alcohol, parásitos, bacterias, carbohidratos refinados, azúcar, exceso de proteínas.
  • El colesterol no es la causa sino la consecuencia de la degeneración vascular.
  • No podemos negar que niveles extremadamente altos de colesterol contribuyen a la génesis del infarto de miocardio, pero nos referimos a cifras por encima de 300 mg/dl.

Ignacio Chamorro Balda
Experto en Terapia Clark
Director Instituto Clark, España
info@institutoclark.es
www.institutoclark.es


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