La palabra telúrico procede del latín Tellus, que significa tierra. Las energías telúricas son, según la geobiología y diversas tradiciones, el conjunto de radiaciones o campos energéticos que emanan del subsuelo. Dentro de este enfoque, algunos lugares son considerados especialmente desfavorables para la permanencia prolongada y reciben el nombre de zonas geopatógenas.
A lo largo de la historia, diferentes civilizaciones han hecho referencia a este tipo de lugares. Egipcios, chinos, celtas y romanos describieron emplazamientos asociados a energías especiales, utilizando expresiones como venas del dragón, puertas del bien y del mal o salidas de demonios, según sus propias creencias y tradiciones.
La Red Hartmann
El médico alemán Ernst Hartmann comenzó, a mediados del siglo XX, una serie de investigaciones sobre la influencia del entorno geofísico en la salud humana. Durante estos estudios propuso la existencia de una red geomagnética formada por bandas energéticas de aproximadamente 21 centímetros de anchura, separadas entre sí unos 2,5 metros en dirección norte-sur y unos 2 metros en dirección este-oeste, aunque estas distancias podrían variar según las características del terreno.
Esta estructura, conocida como Red Hartmann o Red H, es uno de los conceptos más difundidos dentro de la geobiología. Según esta disciplina, la intensidad de estas líneas aumentaría cuando coinciden con fallas geológicas o corrientes de agua subterránea.
La Red Curry
Pocos años después, el médico suizo Manfred Curry, junto con el doctor Wittmann, describió otra red energética dispuesta en diagonal respecto a los puntos cardinales, denominada Red Curry.
De acuerdo con la geobiología, determinadas alteraciones del terreno, como fallas, diaclasas, cuevas o zonas geológicamente heterogéneas, modificarían estas radiaciones naturales, generando áreas consideradas más intensas.
Cuando un cruce de la Red Hartmann coincide con otro de la Red Curry se habla de un Punto Estrella. Dentro de esta corriente de pensamiento, estos puntos son considerados especialmente relevantes por la posible influencia que podrían ejercer sobre quienes permanecen durante largos periodos sobre ellos, por ejemplo durante el descanso nocturno. Sin embargo, estas hipótesis no cuentan con un consenso científico que las respalde.
Pozos Guy Tisson y chimeneas cosmotelúricas
La literatura especializada en geobiología también describe otras alteraciones del terreno, como los llamados Pozos Guy Tisson o chimeneas cosmotelúricas, definidos como emisiones verticales de energía procedentes del subsuelo.
En la tradición china antigua se asociaban a las denominadas «salidas de demonios», una expresión simbólica utilizada para describir lugares considerados especialmente desfavorables desde el punto de vista energético.
Investigaciones históricas
En 1927, el barón Gustav von Pohl realizó un conocido estudio en la localidad alemana de Vilsbiburg, donde observó una posible relación entre la ubicación de determinadas viviendas y la incidencia de algunos casos de cáncer. A partir de estas observaciones propuso la existencia de zonas geopatógenas relacionadas con corrientes de agua subterránea.
Posteriormente, el ingeniero francés Pierre Cody centró sus investigaciones en la ionización del aire sobre determinadas estructuras geológicas y ya en 1935 planteó la posible influencia del gas radón sobre la salud, una hipótesis que décadas más tarde encontraría respaldo científico en relación con el cáncer de pulmón, aunque por mecanismos diferentes a los propuestos por la geobiología.
En 1937, el doctor Peyré describió igualmente unas radiaciones cosmotelúricas orientadas en dirección norte-sur y este-oeste, ampliando así las investigaciones desarrolladas durante aquellos años sobre el entorno geofísico.
Radiestesia y detección de zonas geopatógenas
Dentro de la geobiología, la radiestesia constituye una de las técnicas tradicionalmente empleadas para localizar supuestas alteraciones energéticas mediante instrumentos como varillas o péndulos.
Según esta disciplina, el movimiento de estos instrumentos estaría relacionado con respuestas neuromusculares involuntarias del propio operador, desencadenadas por la atención dirigida hacia el objeto de búsqueda. Esta explicación forma parte de la teoría radiestésica, aunque su eficacia no ha sido demostrada de forma concluyente mediante estudios científicos.
¿Cómo podrían influir las energías telúricas?
Los defensores de la geobiología sostienen que la exposición prolongada a determinadas zonas geopatógenas podría influir en el bienestar físico y emocional de algunas personas.
Entre los efectos que tradicionalmente se describen figuran:
- Alteraciones del descanso.
- Sensación de cansancio persistente.
- Dificultad para concentrarse.
- Bajo rendimiento.
- Dolores de cabeza recurrentes.
- Irritabilidad o cambios en el estado de ánimo.
En el caso de los niños, algunos autores relacionan estas zonas con sueño inquieto, despertares frecuentes, pesadillas o rechazo a dormir en determinados lugares de la vivienda.
Asimismo, algunos textos clásicos de geobiología atribuyen a estas radiaciones una posible relación con enfermedades degenerativas o procesos tumorales. Sin embargo, estas afirmaciones no cuentan con evidencia científica suficiente y no forman parte del conocimiento médico aceptado. La aparición de estas enfermedades responde a múltiples factores biológicos, genéticos y ambientales, por lo que no puede establecerse una relación causal con las denominadas energías telúricas.
Una visión integradora
El estudio de las energías telúricas forma parte del ámbito de la geobiología, una disciplina que combina observaciones del entorno, tradiciones ancestrales y técnicas como la radiestesia para interpretar la interacción entre las personas y los lugares que habitan.
Aunque muchas de sus propuestas continúan siendo objeto de debate y carecen de validación científica, el interés por comprender cómo el entorno puede influir en la calidad del descanso y en la sensación de bienestar sigue despertando curiosidad. Para quienes desean profundizar en este campo, resulta recomendable hacerlo desde una perspectiva abierta, crítica y bien documentada, distinguiendo siempre entre las tradiciones geobiológicas y el conocimiento respaldado por la investigación científica.
César M.S.
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