El cuerpo habla de muchas maneras. La primera tarea es aprender a escucharlo.
Nuestro cuerpo se comunica constantemente con nosotros. Lo hace a través de sensaciones, tensiones, emociones, cambios en nuestro estado físico y respuestas que muchas veces pasan inadvertidas hasta que aparece el malestar.
La kinesiología parte precisamente de una mirada global de la persona y utiliza diferentes procedimientos, entre ellos el test muscular, para observar las respuestas del organismo ante determinados estímulos.
A lo largo de las últimas décadas, numerosos kinesiólogos de diferentes países han desarrollado métodos, compartido experiencias e integrado conocimientos procedentes de distintas disciplinas. Este intercambio constante ha dado lugar a diferentes escuelas y maneras de entender y practicar la kinesiología.
Pero ¿en qué consiste realmente? ¿Qué información busca obtener el terapeuta? ¿Y por qué el músculo ocupa un lugar tan importante dentro de esta disciplina?
¿Qué es la kinesiología?
El término kinesiología procede del griego kinesis (movimiento) y logos (estudio). En sentido amplio hace referencia al estudio del movimiento humano, aunque dentro del ámbito de las terapias complementarias encontramos diferentes sistemas de kinesiología aplicada o energética.
Uno de sus recursos más característicos es el test muscular.
Mediante una ligera presión sobre determinados músculos, el terapeuta observa su respuesta ante diferentes estímulos. Dentro de estos sistemas, dicha respuesta se interpreta como una forma de obtener información que posteriormente se relaciona con diferentes aspectos de la persona.
El objetivo no es centrarse exclusivamente en un síntoma aislado, sino contemplar al individuo desde una perspectiva más amplia.
El test muscular: establecer un diálogo con el cuerpo
Una sesión de kinesiología suele desarrollarse en un ambiente tranquilo, procurando que la persona se encuentre cómoda y relajada.
El terapeuta utiliza sus manos para realizar diferentes pruebas musculares y, dependiendo del método y de su formación, puede incorporar puntos de acupuntura, mudras u otros estímulos.
Se establece así una especie de código de respuesta que permite al kinesiólogo observar cómo reacciona el músculo.
Desde la perspectiva de estas técnicas, podríamos entenderlo metafóricamente como un diálogo con el cuerpo.
Se trata de un procedimiento no invasivo en el que la persona permanece consciente y participa activamente durante toda la sesión.
Una visión holística de la persona
Uno de los aspectos que caracterizan a determinadas corrientes de kinesiología es su intención de no separar completamente lo físico de lo emocional.
Nuestro estado emocional puede tener manifestaciones corporales evidentes.
Cuando estamos preocupados podemos tensar los hombros. Ante una situación de miedo puede cambiar nuestra respiración. El estrés puede alterar nuestro descanso, nuestro apetito o nuestra percepción del dolor. Del mismo modo, una molestia física mantenida en el tiempo puede influir profundamente en nuestro estado de ánimo.
Cuerpo y mente están estrechamente relacionados.
La kinesiología intenta trabajar desde esa mirada integradora, teniendo en cuenta diferentes dimensiones de la persona en lugar de concentrarse exclusivamente en una manifestación concreta.
¿Qué busca un kinesiólogo durante una sesión?
Dependiendo de la escuela, el método utilizado y la formación del terapeuta, una sesión puede orientarse hacia aspectos relacionados con el bienestar físico, los hábitos cotidianos, la nutrición, el estrés o el equilibrio emocional.
El test muscular se utiliza dentro de estos sistemas como una herramienta para orientar el proceso y determinar qué aspectos pueden resultar interesantes explorar.
En algunas corrientes de kinesiología también se utilizan sustancias, ampollas, filtros u otros elementos denominados «provocadores», observando posteriormente la respuesta muscular ante ellos.
Tradicionalmente, determinados practicantes han utilizado estos procedimientos para explorar posibles sensibilidades, desequilibrios nutricionales u otras alteraciones.
Sin embargo, aquí es necesario realizar una distinción importante.
La kinesiología no sustituye un diagnóstico médico
Un test muscular no debe utilizarse como sustituto de pruebas médicas validadas para diagnosticar alergias, infecciones, intoxicaciones por metales pesados, déficits vitamínicos, presencia de virus, bacterias, hongos, parásitos u otras enfermedades.
Cuando existe la sospecha de cualquiera de estas situaciones, es necesario recurrir a las correspondientes pruebas clínicas y a profesionales sanitarios cualificados.
Esta distinción no impide que una persona pueda encontrar utilidad en la kinesiología como práctica complementaria. Simplemente permite situar cada herramienta dentro del ámbito que le corresponde.
La kinesiología puede formar parte de un enfoque orientado al bienestar, pero no debería sustituir un diagnóstico, tratamiento o seguimiento médico cuando estos sean necesarios.
Buscar el equilibrio, no solamente combatir el síntoma
Una de las ideas centrales de los enfoques holísticos es que el bienestar no depende únicamente de hacer desaparecer una determinada molestia.
También implica hacernos preguntas.
¿Cómo estamos descansando?
¿Cómo nos alimentamos?
¿Qué nivel de estrés soportamos cada día?
¿Qué hábitos estamos manteniendo?
¿Cómo gestionamos nuestras emociones?
¿Prestamos atención a las señales de nuestro cuerpo?
Desde esta perspectiva, una sesión puede convertirse también en un espacio para tomar conciencia de nuestros hábitos y observar nuestra salud desde una mirada más amplia.
El terapeuta no debería ser quien asuma toda la responsabilidad sobre el proceso de la persona, sino alguien que acompaña y facilita un espacio en el que el propio individuo participa activamente.
Kinesiología y otras terapias complementarias
Otra característica habitual de la kinesiología es su posible integración con diferentes disciplinas.
Dependiendo siempre de la formación y cualificación del profesional, podemos encontrar terapeutas que combinan sus conocimientos de kinesiología con otras técnicas como:
- Fitoterapia.
- Acupuntura.
- Osteopatía.
- Reflexología.
- Técnicas de relajación.
- Trabajo corporal.
- Técnicas de gestión emocional.
- Nutrición y hábitos saludables.
Esta diversidad hace especialmente importante conocer qué formación posee el terapeuta y qué tipo de kinesiología practica, ya que bajo una misma denominación pueden encontrarse metodologías y planteamientos considerablemente diferentes.
Asimismo, recurrir a una terapia complementaria no debería implicar abandonar tratamientos médicos prescritos ni retrasar una consulta sanitaria necesaria.
Escuchar el cuerpo también implica responsabilizarnos de nuestra salud
Quizá una de las aportaciones más interesantes de cualquier enfoque holístico sea recordarnos que la salud no debería convertirse en algo de lo que únicamente nos ocupamos cuando aparece una enfermedad.
Dormir adecuadamente, mantener una alimentación equilibrada, mover nuestro cuerpo, aprender a gestionar el estrés, cuidar nuestras relaciones y prestar atención a los cambios que experimentamos también forman parte del cuidado personal.
La kinesiología puede plantearse como una herramienta complementaria dentro de ese proceso de observación y autoconocimiento corporal.
Pero el verdadero cambio requiere también nuestra participación.
No podemos depositar toda la responsabilidad en un terapeuta, una técnica o un tratamiento. Cuidarnos implica aprender a observarnos, tomar decisiones y modificar, cuando sea necesario, aquello que no está contribuyendo a nuestro bienestar.
Nuestro cuerpo lleva toda la vida acompañándonos.
Quizá haya señales que llevamos demasiado tiempo ignorando.
Quizá haya hábitos que necesitemos revisar.
O quizá simplemente necesitemos detenernos durante un momento y prestar atención.
Porque aprender a escuchar nuestro cuerpo también puede ser una forma de aprender a cuidarnos.
«La fuerza natural dentro de cada uno de nosotros es la mayor fuerza para sanar».
— Frase tradicionalmente atribuida a Hipócrates
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