El dolor lumbar y el dolor cervical forman parte de los problemas musculoesqueléticos más habituales y pueden llegar a afectar considerablemente a nuestra calidad de vida.
Pasar muchas horas sentados, mantener determinadas posturas durante periodos prolongados, realizar esfuerzos físicos de manera inadecuada o disponer de una musculatura poco acondicionada son algunos de los factores que pueden contribuir a la aparición o persistencia de estas molestias.
Sin embargo, no existe una única causa.
El dolor de espalda puede tener múltiples orígenes y, en muchas ocasiones, no es posible atribuirlo a una lesión estructural concreta. Por eso, cuando el dolor es intenso, persistente, recurrente o se acompaña de otros síntomas, es importante realizar una valoración profesional.
¿Qué es la lumbalgia?
La lumbalgia es el dolor localizado principalmente en la parte inferior de la espalda, en la región lumbar.
Puede aparecer de manera repentina, por ejemplo después de realizar un esfuerzo, o desarrollarse progresivamente. En función de su duración y características, puede tratarse de un episodio agudo o convertirse en un problema persistente.
En muchos casos, el dolor lumbar mejora con medidas conservadoras y manteniendo un nivel adecuado de actividad.
De hecho, salvo que exista una indicación médica específica, el reposo prolongado no suele ser la mejor estrategia. Mantenerse activo dentro de las posibilidades de cada persona suele formar parte de las recomendaciones habituales.
¿Y el dolor cervical?
El dolor cervical o cervicalgia afecta a la zona del cuello y puede extenderse hacia los hombros y la parte superior de la espalda.
Las largas jornadas frente al ordenador, el uso continuado de dispositivos electrónicos, determinadas posturas mantenidas, el estrés o la tensión muscular pueden estar relacionados con algunos episodios de dolor cervical.
También existen otras posibles causas, por lo que resulta importante no atribuir automáticamente cualquier molestia cervical a una “mala postura”.
¿Quién tiene mayor riesgo de sufrir dolor de espalda?
Prácticamente cualquier persona puede experimentar dolor de espalda en algún momento de su vida. Sin embargo, existen determinados factores que pueden aumentar el riesgo o favorecer que las molestias se mantengan.
Entre ellos encontramos:
- Edad. Algunos problemas de espalda son más frecuentes conforme avanzan los años, aunque el dolor lumbar también puede aparecer en personas jóvenes.
- Sedentarismo y baja condición física. Una musculatura poco acondicionada puede influir en nuestra capacidad para tolerar determinadas cargas y esfuerzos.
- Sobrepeso y obesidad. El exceso de peso puede asociarse con una mayor carga mecánica y con otros factores relacionados con el dolor musculoesquelético.
- Determinadas enfermedades. Algunos trastornos inflamatorios, degenerativos, neurológicos o, con mucha menor frecuencia, otras enfermedades pueden producir dolor de espalda.
- Actividad laboral. Levantar cargas repetidamente, realizar movimientos de torsión o permanecer durante muchas horas en una misma posición puede favorecer la aparición de molestias.
- Tabaquismo. Fumar se ha relacionado con un mayor riesgo de dolor lumbar y con alteraciones que pueden afectar a la salud de la columna.
- Factores psicológicos y sociales. El estrés, los problemas de sueño, el estado emocional y determinadas circunstancias laborales o personales también pueden influir en la percepción y persistencia del dolor.
El dolor musculoesquelético es complejo y suele ser más adecuado contemplarlo desde una perspectiva amplia que reducirlo exclusivamente a una postura incorrecta o a una alteración de la columna.
Movimiento, ejercicio y prevención
Uno de los aspectos más importantes para cuidar nuestra espalda es mantenernos activos.
Caminar, realizar ejercicio de manera regular y trabajar progresivamente la fuerza, la movilidad y la condición física general puede contribuir al mantenimiento de una espalda saludable.
También resulta conveniente aprender técnicas adecuadas para levantar y transportar cargas, alternar posiciones cuando permanecemos mucho tiempo sentados o de pie y realizar pausas durante las jornadas prolongadas frente al ordenador.
Más que buscar una supuesta “postura perfecta”, puede ser interesante evitar permanecer demasiado tiempo en una misma posición.
Nuestro cuerpo está diseñado para moverse.
¿El frío empeora el dolor de espalda?
Con la llegada de las bajas temperaturas, algunas personas perciben un aumento de la rigidez o de determinadas molestias musculares y articulares.
Esto no significa necesariamente que el frío esté produciendo una lesión.
Durante los meses más fríos podemos reducir nuestra actividad física, permanecer más tiempo en espacios cerrados o adoptar posturas más rígidas. Además, la percepción del dolor puede variar de una persona a otra.
Por ello, continuar realizando actividad física adaptada, utilizar ropa adecuada y mantener unos buenos hábitos de autocuidado puede resultar beneficioso durante el invierno.
El calor como recurso para aliviar determinadas molestias
La aplicación local de calor se utiliza habitualmente como una medida sencilla para proporcionar alivio temporal en determinados dolores musculares y articulares.
El calor puede producir vasodilatación superficial, aumentar temporalmente el flujo sanguíneo de la zona y favorecer una sensación de relajación muscular.
Entre sus posibles efectos encontramos:
- Sensación de relajación muscular.
- Disminución temporal de la rigidez.
- Aumento local del flujo sanguíneo.
- Sensación de confort.
- Alivio temporal de determinados tipos de dolor musculoesquelético.
El calor puede aplicarse mediante bolsas térmicas, almohadillas, mantas eléctricas u otros dispositivos específicamente diseñados para este propósito.
Es importante utilizarlo a una temperatura confortable, evitando aplicaciones excesivamente calientes o prolongadas que puedan provocar quemaduras.
Además, el calor no es adecuado para todas las situaciones ni para todas las personas. Ante una lesión reciente con inflamación importante, alteraciones de la sensibilidad, problemas circulatorios u otras enfermedades, es recomendable consultar previamente con un profesional sanitario.
Cuándo consultar con un profesional
La mayoría de los episodios comunes de dolor de espalda evolucionan favorablemente, pero existen situaciones en las que es especialmente importante solicitar una valoración médica.
Conviene consultar si el dolor es muy intenso, aparece después de un traumatismo importante, persiste o empeora, o se acompaña de síntomas como pérdida de fuerza, alteraciones importantes de la sensibilidad, fiebre, pérdida de peso inexplicada o problemas para controlar la vejiga o el intestino.
También es recomendable pedir asesoramiento cuando los episodios se repiten frecuentemente o interfieren de manera importante con las actividades cotidianas.
Cuidar nuestra espalda en el día a día
No podemos prevenir todos los episodios de lumbalgia o dolor cervical, pero sí podemos incorporar hábitos que favorezcan nuestra salud musculoesquelética.
Moverse regularmente, mantener una buena condición física, fortalecer progresivamente la musculatura, descansar adecuadamente y aprender a gestionar las cargas y esfuerzos cotidianos son estrategias mucho más útiles que vivir pendientes de mantener una postura perfecta.
Y cuando aparecen molestias, recursos sencillos como el movimiento adaptado o la aplicación local de calor pueden proporcionar alivio en determinados casos.
Lo importante es recordar que el dolor es una experiencia compleja y cada persona puede necesitar un abordaje diferente.
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