Yoga: en busca del ser y más allá del ser



El yoga ha sido considerado desde antaño como “la ciencia de la unión”. El término yoga es unión, enlace, vínculo, conexión, yugo. El yoga es una técnica de liberación y autorrealización, mediante la cual el yogui va aprendiendo a conectar con su ser más profundo y poder fusionarse con lo que está más allá del ser individual. No se trata, pues, sólo de conocer, sino en especial de conocer al conocedor.

Numerosas técnicas del yoga han sido concebidas y ensayadas desde hace milenios para hacer posible la máxima elevación de la consciencia y que el yogui pueda ampliar sus posibilidades mentales y actualizar todos sus recursos espirituales. Incluso el verdadero hatha-yoga, por supuesto, pone los medios para poder así desembocar en el radja-yoga o yoga del control sobre la mente, para ir allende de la mente ordinaria y conseguir la visión intuitiva.

Si el hatha-yoga se desposee de su sentido de método para la elevación de la consciencia, pierde todo su sentido y tiende a convertirse en una simple gimnasia, por exótica que resulte. Hay practicantes de distintas variantes de yoga físico que, por sus propias carencias espirituales, se empantanan en la obsesión por el cuerpo, sin comprender que el dominio, incluso circense, sobre él mismo no te convierte ni mucho menos en un yogui. Ese apego al cuerpo, ese desmesurado afán por afirmarse a través de una casi “espeluznante” flexibilidad, estanca al practicante y le impide ir más allá.

El control sobre el cuerpo es un medio, pero no un fin; es evitar hasta donde sea posible los obstáculos que presenta el cuerpo, para poder estar en mejores condiciones para llevar a cabo el trabajo de la autorrealización. Como señala contundentemente el escritor y editor Álvaro Enterría en mi obra “Yoga, método Ramiro Calle”, “es una pena que una tradición que tiene por fin acabar con la identificación del hombre con su cuerpo y su mente, se convierta en un culto al cuerpo. Hoy en día todo vale, hay una enorme confusión“.

Esta enorme confusión ha sido en parte creada, en el terreno de la desvaída neoespiritualidad, por intereses económicos, por un lado, y por la ceguera en muchas ocasiones de los que ·”consumen” los artículos pseudoespirituales, toda vez que como con su particular sentido del humor ya declaró Mark Twain  ”se tarda más en explicarle a alguien que le han engañado que en engañarle“.

Pervirtiendo muchas de las tradiciones de Oriente, muchos charlatanes que apenas poseen un puñado de conceptos sobre las mismas comercian con ellas simplificando sus enseñanzas incluso hasta lo esperpéntico. Así el editor y escritor Agustín Pániker señala: “El mundo de la espiritualidad está lleno de aprovechados y caraduras. Con el dinero que se mueve, se ha convertido en el verdadero bazar de los ladrones, rebosante de charlatanes“.

Para no pocos, el yoga y otras técnicas de autorrealización de Oriente se han convertido en un fetiche mercantil y un modo de engatusar a los demás. Aquí es necesario, más que nunca, utilizar el discernimiento correcto y poner a prueba al instructor, apartándose de cualquier grupo adoctrinante y con el típico tufillo, aunque encubierto, a sectarismo.

Y a veces con el pretexto de que el yoga y otras técnicas de autorrealización, deben evolucionar con los tiempos que corren, lo único que se hace es falsear la verdadera enseñanza y tergiversar sus métodos. Determinadas personas, muy influenciables, caen al final en las redes de esos gurús que dicen tener una visión cósmica y no ven más allá de sus cejas. Aquí es donde me gusta recordar las sabias palabras de Nisargadatta:

Tú mismo eres tu último maestro. Tu maestro exterior no es más que una señal indicadora. Sólo el maestro interior seguirá contigo a lo largo de todo el camino hacia la meta, porque él es la meta“.

Ramiro Calle
www.ramirocalle.com

 

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