¿Cómo protegernos ante encuentros desacertados con los mundos espirituales y espaciales?



La fe bíblica, los estudios de la mitología antigua y los apocalipsis simbólicos sugieren una gran batalla entre los poderes de la luz y de la oscuridad en el cosmos interdimensional y en los mundos de los espíritus, además de en la Tierra. La batalla parece liberarse en torno a la aceptación del plan divino para la transformación de la humanidad, así como la emergencia de una conciencia superior más parecida a Dios. En algunas ocasiones, hemos creado infiernos en la Tierra; en otras, grandes profesores, maestros, santos y profetas han descendido para crear el cielo en la Tierra en nuestro beneficio. Esas almas puras y fieles, que facilitan y sustentan las virtudes divinas, participan en este proceso reconstituyente como parte de la preparación para la venida de la era mesiánica, como dirían los cabalistas y jasidistas.

Cuando nos aproximamos a presuntos seres espirituales y espaciales deberíamos utilizar el discernimiento para determinar si provienen o no de Dios, como expuso San Pablo. Los dones espirituales y psíquicos del discernimiento son muy necesarios en este proceso. Sin embargo, no basta con usar la lógica: debemos prestar atención a reacciones y sentimientos internos. Tenemos que abrirnos a percibir los frutos del Espíritu: el amor, el perdón, la paz, la paciencia y la alegría, entre otros. Los seres éticamente inferiores o espíritus malignos no pueden fingirlos ni imitarlos en ningún mundo. ¡No sabrían hacerlo de forma extendida en el tiempo!

Tanto si hablamos de seres humanos en encarnaciones planetarias como de seres espirituales o espaciales, debemos recordar que no son Dios ni nuestro verdadero creador o salvador. En ellos se aplica la misma ley divina que en el resto de criaturas: una ley metafísica de la justicia y la compasión divina (torá [Israel], dharma [India], tao [China], etc.). Esta va más allá de nuestra percepción física, pero hay cualidades invisibles que el alma puede sentir. La persona o entidad frente a nosotros suele ser buena o mala con respecto a algún comportamiento o actitud. A lo que me refiero, es: ¿Son indulgentes? ¿Afectuosos? ¿Sinceros? ¿Pacíficos? ¿Tienen buenas intenciones? No importa si se trata de un ángel ultraterrestre, de un ser espacial y extraterrestre o de un ser humano encarnado que viene de visita: siempre debemos utilizar el mismo criterio para determinar la respuesta y las reacciones a la pregunta de si son buenos o malos. El don del discernimiento es necesario para saber la respuesta.

Nuestra reacción nunca debería surgir del miedo. Si vivimos en la fe y en la luz de Dios, vivimos ante la presencia divina y en el poder del Espíritu Santo. La compañía de los ángeles, de los santos y del Mesías o el Cristo de Dios pasa a vivir en nosotros. Si le pedimos al Espíritu Santo que esté con nosotros, no tendremos miedo. Podemos convertirnos en navegantes del cosmos en el espacio interior y exterior solo si «Cristo, quien fue al Infierno y lo vació», vive en nosotros. Pero si no estamos conectados con la vida divina, no deberíamos zarpar y adentrarnos en los espacios interiores. Es así de simple.

Los que no saben conducir en una carretera de campo no debería conducir en un circuito de carreras. Quien no puede pilotar un Piper Cub no debería ofrecerse para pilotar un avión supersónico. Los profesores religiosos, de forma similar, no deberían tomar decisiones ni hacer afirmaciones dogmáticas sobre las experiencias con espíritus o seres espaciales de otras personas; a no ser que ellos mismos hayan tenido experiencias espirituales y desarrollen los dones del espíritu, incluido el discernimiento espiritual. También es conveniente haber hecho algún estudio serio en este ámbito para llegar a ser un guía espiritual de confianza.

Por desgracia, hay amateurs que etiquetan a todos los espíritus como malignos o inexistentes. Por otro lado, están aquellos que creen en cualquier absurdez y piensan con ingenuidad que toda visión podría ser un mensaje de Dios. Cuando Dios nos muestra escenas aterradoras, tal vez quiera enseñarnos lo que hay más allá en el universo para que lo evitemos. Sin embargo, solo con ver las noticias podemos comprobar que nosotros mismos hemos creado infiernos justo aquí, en la Tierra; por lo que seres de otros mundos podrían haber hecho lo mismo y debemos eludirlo.

Un televisor nos muestra cosas buenas y cosas malas: podemos ver ambas, sólo una o ninguna. Si no aprendemos a usar el discernimiento, nos encontraremos con problemas a menudo. El teléfono nos permite hablar con santos y sabios o con estafadores y maleantes. Depende de nosotros usar el discernimiento para protegernos y así disponer de recursos para contactar con nuestros amigos, seres queridos y otras personas que deseen comunicarse con nosotros.

¿Por qué debería ser diferente cuando lidiamos con los mundos espirituales o del espacio? Solo queremos dejar entrar a los amigos de Dios en nuestras casas, es decir, en nuestra consciencia, planeta o vidas.

Si queremos ser majestuosamente libres para explorar los confines del espíritu y del espacio, deberíamos desarrollar la conciencia de la presencia divina y la dependencia de Dios en todo momento. Ser testigos de los grandes misterios del mundo espiritual y espacial requiere la ayuda del Espíritu Santo de Dios. Con fe en nuestros ángeles de la guarda, en los santos y en la protección divina sentiremos esa fuerza superior acompañándonos en todo momento.

Dra. Marilyn Rossner Dr. padre John Rossner
Traducción: Davinia Albert, Nereida Sologuren


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