Al amanecer actúan fuerzas etéreas especialmente elevadas para el hombre y la cosecha



Durante la noche, entre las 22 horas y las 3 de la mañana, toda la Tierra, todo lo que hay en ella y todas las formas de vida, incluido el hombre, reciben el suministro de energía vital abundante de la fuerza espiritual y también de los planetas del sistema solar.

El hombre es un producto de su Tierra. La composición del cuerpo humano está basada en agua y tierra. Estos dos componentes reciben, asimismo, elevas fuerzas vitales a través de los eternos ámbitos energéticos. Éstas son llevadas al cuerpo a través de los centros de consciencia y del sistema nervioso. Por eso, el sueño antes de medianoche es el mejor, ya que en ese tiempo todo lo material recibe abundantes y elevadas energías cósmicas. 

Por esta razón, al amanecer, los hombres, animales, verduras, frutas y plantas están cargados de un alto potencial de fuerzas etéreas. Es aconsejable cosechar precisamente entonces las plantas, la fruta y la verdura, y también los cereales. Aquel que se levanta muy de mañana y recoge los productos necesarios para la vida, de modo conforme a la ley de la vida, no sólo obtiene un elemento de vibración elevada, sino que él mismo recibe también elevadas fuerzas etéreas, que son activas muy de mañana sobre todo en la naturaleza. Con ello se forman en el hombre y en el alma fuerzas espirituales incrementadas.

Aquel que sepa acerca de estos acontecimientos y acepte agradecido estas fuerzas sagradas respetando la vida, aunque sea la de un animal o una planta insignificantes, puede estar seguro de que en las horas matinales acoge más fuerzas de las que conseguiría si reposase todo por el día, trabajando poco y consumiendo productos naturales como alimentos.

La elevada fuerza etérea contiene todo lo que el hombre necesita para vivir.

Las fuerzas etéreas refortalecen los nervios, la musculatura, fomentan la formación de las células y equilibran las hormonas, dan fuerzas vitales a los órganos, regulan la digestión, incitan la actividad intestinal y dan, así, a todo el cuerpo la armonía que necesita para permanecer sano y vital. Esto, sin embargo, sólo bajo la condición de que las fuerzas etéreas en el alma y en el cuerpo del hombre fluyan de acuerdo con la ley divina. Así, en realidad, la fuerza etérea, es el alimento del alma y, en sentido amplio, también del cuerpo físico. O sea que el hombre puede saciarse ya temprano por la mañana respirando.

Pero como el hombre no sabe aplicar estas fuerzas etéreas, Dios, nuestro Señor, le dio, para el bien de su cuerpo físico, el alimento. Son las formas de vida condensadas, que denomina cereales, fruta, frutos, verduras, etc., cuyo grado de vibración se asemeja a la estructura terrenal condensada del hombre. Esto significa, por otra parte, que el alimento del hombre está sintonizado con su vibración corporal. 

Como ya mencioné, Dios, el Señor, permitió que lo material tomase forma a través de los pensamientos de Sus hijos. A través de sus propios pensamientos y obras deben ser conducidos de vuelta al origen, a la forma etérea. Por lo tanto, el hombre come y bebe la vibración condensada creada por sus propios pensamientos, y que fue y es tolerada por Dios, nuestro Señor.

Aquel que con un sueño profundo y sano y con la orientación en las horas matinales hacia las leyes eternas, se apropia de la fuerza etérea, estará en buena forma durante todo el día. 

Aquel que bendiga los frutos del campo y acoja agradecido y, según la voluntad del Señor, la fuerza universal, puede, si se encuentra en la evolución espiritual, volver a reconstituir la vibración etérea de los alimentos que había sido reducida por hombres ignorantes.

El mayor donante de energía es el reconocimiento de que Dios es la fuerza etérea en todas las formas del ser.

El mejor alimento y el mejor donante de energía es la oración de corazón.

Con la oración de corazón se abre el reconocimiento de que en todo lo que es, está la vida, las elevadas fuerzas etéreas, y que todo está basado en estas fuerzas. Si el hombre reconoce estas fuerzas y utiliza estas fuerzas vitales legítimas, eternamente existentes, llevando una vida según las leyes de Dios, le servirán las sagradas fuerzas etéreas. 

Aquel que, sin embargo, prepare los frutos del campo sin oración ni gratitud y sólo los consuma como alimento de sabor agradable, no reconstituirá espiritualmente las células de su cuerpo ni tampoco su alma.

El vegetariano que sólo da valor al alimento tratado con abono natural y no se orienta hacia las sagradas fuerzas etéreas y no piensa ni actúa según las leyes de la vida, no reconstituirá su alma.

Sin embargo, hay que resaltar que, aquel que toma alimento animal reduce la vibración celular de su cuerpo mucho más que el vegetariano. También se carga su alma, pues los animales altamente desarrollados que son sacrificados poseen un alma parcial, que reacciona, siente, capta e irradia con mucha más sutiliza que los ámbitos colectivos de la naturaleza. …/…

Extracto del libro
“Reconócete y cúrate a ti mismo con la fuerza del del Espíritu”
www.editorialgabriele.com


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