En nuestro mundo existe un frágil equilibrio entre dos polos opuestos Yin y yang, masculino y femenino, luz y oscuridad. Son indivisibles y completos si están juntos, como las dos caras de una moneda.
La energía masculina es solar, yan y luminosa, rige el mundo mental de las ideas, es un tipo de fuerza que viene del cielo. Está representada por la hormona testosterona que por lo general influye mayormente a los hombres, proporcionando más fortaleza física, voz grave, una respuesta sexual rápida y física, y una tendencia a la acción. Es una energía lineal y directa orientada a la consecución de objetivos y que aumenta con los retos, riesgos y desafíos. Merece la pena plantearse si no estamos en este momento de la sociedad en un pequeño o gran exceso de este tipo de calidad energética, esta hormona aumenta alimentándose de proteína animal, y al usar ropa seria y ajustada, de colores oscuros, vaqueros y piel, y con la actividad física y el movimiento.
La energía femenina es bien diferente, representa la noche con su misterio, la influencia de la luna, la hormona femenina es el estrógeno, que proporciona voz más aguda, respuesta sexual lenta, rica e intensa, sexualidad orientada a lo emocional, y que necesita de relajación, esta hormona aumenta cuando la mujer esta tranquila, relajada, (cosa poco usual en nuestros días), al usar ropa suelta y colorida, con el sabor dulce y la alimentación vegetal. Es una energía yin que viene de la tierra y se enfoca en los sentimientos, la belleza, el arte, la creatividad.
Por alguna razón la mujer es protectora de la vida, cuyo secreto alberga en el interior de su útero.
Esta energía no es lineal en el tiempo, oscila en ciclos de 28 días al compás de la luna, siendo así la mujer una réplica de la rueda estacional de la naturaleza con sus cuatro estaciones, solo que en ella el cambio es cada siete días, esto constituye un don y si la mujer se detiene y comprende su ciclo menstrual se conecta con la tierra y puede llegar a comprender los cambios que en ella ocurren, adquiriendo con los años una gran sabiduría.
Hay cuatro fases diferentes que se relacionan fácilmente con los elementos de la macrobiótica: La menstruación correspondería a la luna nueva, etapa oscura del invierno, el nivel de vitalidad está en su punto más bajo, el arquetipo que corresponde es el de Perséfone señora del submundo, y la mujer entra en un estado alterado de conciencia en el que la intuición y sensibilidad aumentan considerablemente en detrimento de la lógica y la capacidad de concentración. Corresponde con la energía agua.
Tras este periodo viene la preparación para la ovulación, se empieza a construir el cuerpo lúteo y estamos positivas, guapas y felices, renovadas tras la limpieza del sangrado, tenemos ganas de hacer cosas nuevas y cada día ganamos un poco mas de fuerza, corresponde a la primavera, la luna creciente, el arquetipo de la doncella virgen, Artemisa, Atenea. Y es la parte que vamos del yin ganando más yang cada día. Acumulando energía. Relacionado con elemento madera.
Después llega el clímax, con la ovulación, estamos pletóricas, radiantes como la luna llena, arquetipo de la madre nutricia Démeter, cuidamos de todo el mundo… es el verano, el fruto esta maduro… elemento fuego. Pero pocos días después a nuestros conocidos les resultará difícil encajar que aquella amorosa mujer, de repente ha entrado en la fase mas caótica, la de la destrucción del cuerpo lúteo, estamos aún fuertes pero cada día algo mas bajas, nos sentimos confusas y destructivas a veces, la intuición empieza a aumentar, los sueños son mas vívidos, estamos cansadas, es la etapa de la hechicera , corresponde con la llegada del otoño. Elemento tierra y metal.
Visto esto no es de extrañar que a veces ni nosotras mismas sepamos que nos pasa.
Antiguamente las mujeres sabían de estas cosas, ellas conocían sus ciclos y los del planeta, sabían cuando cortar las uñas o el pelo, cuando sembrar o recolectar, cogían hierbas y curaban con ellas. Sabían qué cocinar en cada estación, como curar con una sopa o una tisana… (Eso fue antes de que la inquisición las quemara y la medicina popular se prohibiera para caer en manos de la ciencia, con sus laboratorios.)
Hubo un tiempo en que la primera menstruación de las niñas se celebraba como algo ritual e importante, en que el parto no era algo quirúrgico donde el protagonista es el obstetra, sino un acto milagroso, poderoso y mágico de dar vida que nos pertenecía a nosotras. Éramos la estrella.
Amamantar era un regalo, pues no existía la suplente del bote en polvo que nos rebajara de nuestro trono nutricional.
Cuidábamos de nuestros hijos y les enseñábamos a amar con nuestro amor. ¡Éramos la mano que mece la cuna, la mano que domina el mundo! ¡Y teníamos poder! ¡Éramos imprescindibles! No había incubadoras, éramos el útero en el que se gestaba la humanidad, por el simple hecho de ser mujeres éramos valiosas, sin necesidad de demostrar nada más. Y ellos lo sabían.
Todo este tipo de expresiones de la cara femenina de la humanidad o yin, están hoy en desvalorización ya que nos movemos en un mundo yang que funciona en base a objetivos y de carácter materialista y lineal.
Desconocedoras de este poder comenzamos a olvidarnos de él, tal vez no sea tan visible como el presidir un país o gerenciar una empresa, pero es un control sutil y silencioso, que como el agua, tan frágil y aparentemente adaptable, va modelando a la roca, así modelábamos a la sociedad apacible y dulcemente.
La comida y la cocina fueron el primer centro de poder, pues era el sustento de la tribu y de el dependía la salud de sus miembros y por tanto la fortuna y supervivencia…hoy día todo esto está muy desvirtuado.
Cuando descubrí la macrobiótica y la adopté como filosofía de vida, pude como mujer y como madre capturar todo esto, en esta forma de vida, se valoran los alimentos naturales como fuentes de salud, la visión de la vida y el cuerpo son holísticas e intuitivas y se conocen los ciclos naturales de la vida, y se vive en armonía con ellos.
Puedo contaros que toda esta sabiduría me ha ayudado a vivir con más conciencia y más conectada a mi cuerpo, a la energía del planeta y a la conexión con todos los seres, y sobre todo comprender que en el perfecto funcionamiento de estas dos energías masculina y femenina, yin y yang se encuentra el misterio de la vida y la solución a todos los problemas que nos aquejas, con una clave que, cuando fluye en armonía, todo se sucede y funciona, como el día y la noche, como la tierra y el sol, como la vida creciendo y poblando la tierra durante siglos.
Diana López Iriarte
Consultora macrobiótica en La biotika.
www.labiotika.es