¿Cuánto influyen nuestras emociones en la manera en que vivimos?
Nuestras emociones y pensamientos forman parte de prácticamente todo lo que hacemos.
Influyen en la manera en que interpretamos lo que nos sucede, en nuestras relaciones, en las decisiones que tomamos, en nuestros hábitos y en la forma en que afrontamos los desafíos cotidianos.
También pueden condicionar nuestras prioridades y la manera en que perseguimos nuestros objetivos.
Pensemos por un momento en algo tan sencillo como una decisión importante.
¿La tomamos desde la tranquilidad o desde el miedo? ¿Estamos actuando porque realmente queremos hacerlo o porque buscamos la aprobación de alguien? ¿Nos estamos precipitando por impaciencia? ¿Estamos evitando decidir porque nos sentimos inseguros?
Muchas veces creemos estar tomando decisiones puramente racionales cuando, en realidad, pensamientos, emociones, experiencias anteriores y patrones aprendidos participan también en nuestra manera de elegir.
Por eso, aprender a conocernos puede convertirse en una herramienta extraordinariamente valiosa.
Cuando algo que ocurre fuera genera un conflicto dentro
Todos atravesamos situaciones que no sabemos cómo resolver.
Un problema laboral. Una relación complicada. Una decisión que llevamos meses posponiendo. Una pérdida. Una discusión. La incertidumbre ante el futuro.
Ante estas situaciones pueden aparecer emociones como miedo, tristeza, rabia o frustración, además de estrés, preocupación o una intensa sensación de saturación mental.
El problema no está en experimentar estas emociones.
Las emociones forman parte de nuestra experiencia humana.
La dificultad aparece cuando no sabemos identificarlas, comprenderlas o regular nuestra respuesta ante ellas.
A veces estamos tan acostumbrados a funcionar en modo automático que ni siquiera nos detenemos a preguntarnos:
¿Qué estoy sintiendo realmente?
¿Por qué esta situación me afecta de esta manera?
¿Estoy reaccionando al presente o a experiencias anteriores?
¿Qué necesito en este momento?
¿Estoy actuando de acuerdo con mis valores o simplemente reaccionando?
Hacernos estas preguntas no resuelve automáticamente nuestros problemas, pero puede ayudarnos a observarlos desde una perspectiva diferente.
Autoconocimiento: aprender a mirar hacia dentro
El autoconocimiento consiste, entre otras cosas, en desarrollar la capacidad de reconocer nuestros pensamientos, emociones, necesidades, fortalezas, límites y patrones de comportamiento.
Y esto tiene aplicaciones en prácticamente cualquier ámbito de nuestra vida.
No importa si somos directivos de una gran empresa, autónomos, trabajadores por cuenta ajena, estudiantes, cuidadores o si hemos decidido dedicar una etapa de nuestra vida a criar a nuestros hijos.
Todos necesitamos relacionarnos con nuestras emociones.
Porque todos, en algún momento, podemos ser demasiado impacientes.
O excesivamente exigentes.
Podemos tener dificultades para poner límites.
Podemos evitar conflictos para agradar a los demás.
O hacer justamente lo contrario: intentar imponer nuestro criterio porque nos cuesta aceptar que las cosas no sucedan como queremos.
La pregunta interesante no es si alguna vez nos ocurre.
Probablemente nos ocurre a todos.
La pregunta es:
¿Somos capaces de darnos cuenta cuando está sucediendo?
Ahí comienza una parte importante del autoconocimiento.
Liderar nuestra vida también significa aprender a gestionarnos
Hace algún tiempo tuve la oportunidad de impartir una charla para una asociación de mujeres empresarias en Móstoles (Madrid).
El título de aquella ponencia era:
«Lidera tu vida, gestiona tú tu interior»
Puede parecer que hablar de gestión emocional tiene poco que ver con dirigir una empresa.
En realidad, tiene mucho que ver.
Una persona que lidera un equipo debe tomar decisiones constantemente, gestionar conflictos, afrontar incertidumbre, comunicarse, establecer límites, escuchar, negociar y asumir responsabilidades.
Y todo ello sucede mientras experimenta sus propias emociones.
Pero estas preguntas no pertenecen únicamente al mundo empresarial.
Podemos trasladarlas a nuestra propia vida:
¿Tomamos decisiones con claridad o nos dejamos arrastrar por la urgencia?
¿Sabemos detectar cuándo estamos siendo demasiado autoritarios o inflexibles?
¿Nos cuesta decir «no» por miedo a decepcionar?
¿Queremos acelerar procesos que necesitan tiempo?
¿Estamos atravesando una etapa de apatía en la que esperamos que las circunstancias cambien sin participar activamente en ese cambio?
Observar estas tendencias puede ayudarnos a comprender mejor nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
¿Podemos aprender a gestionar mejor nuestras emociones?
Afortunadamente, existen diferentes herramientas que pueden ayudarnos a desarrollar autoconocimiento, regulación emocional y bienestar psicológico.
No existe una única opción válida para todo el mundo.
Dependiendo de nuestras circunstancias y necesidades podemos recurrir, entre otras posibilidades, a psicoterapia, programas de educación emocional, técnicas de relajación, meditación, ejercicio físico, prácticas de atención plena o procesos de acompañamiento profesional.
Y dentro del ámbito de las terapias complementarias encontramos también sistemas como las Flores de Bach.
¿Qué son las Flores de Bach?
Las Flores de Bach constituyen un sistema de esencias florales desarrollado durante la década de 1930 por el médico británico Edward Bach.
Su propuesta establece una relación entre diferentes esencias y determinados estados emocionales o características personales.
El sistema clásico está compuesto por 38 remedios florales, seleccionados tradicionalmente en función del estado emocional de la persona.
Es importante establecer aquí una distinción.
Las asociaciones emocionales que veremos a continuación pertenecen al sistema tradicional desarrollado por Bach. No deben interpretarse como efectos terapéuticos demostrados científicamente.
Las revisiones de los ensayos clínicos disponibles no han encontrado evidencia convincente de que las Flores de Bach produzcan efectos específicos superiores al placebo para los problemas psicológicos estudiados.
Esto no impide aproximarnos a ellas desde su contexto histórico o utilizarlas, si así se desea, como parte de un ritual personal de reflexión, siempre que no sustituyan tratamientos psicológicos o médicos que sean necesarios.
Las Flores de Bach como mapa simbólico de las emociones
Una manera prudente de acercarnos al sistema de Bach consiste en observar las diferentes esencias como un vocabulario tradicional de estados emocionales.
Cada una se asocia dentro de este sistema con determinadas tendencias.
Veamos algunos ejemplos.
Impatiens: cuando queremos que todo suceda inmediatamente
Dentro del sistema de Bach, Impatiens se relaciona con la impaciencia, la precipitación y la dificultad para aceptar el ritmo natural de las cosas.
Vivimos en una sociedad acostumbrada a la inmediatez.
Queremos respuestas rápidas, resultados rápidos y cambios rápidos.
Pero algunos procesos necesitan tiempo.
No podemos, como decía aquella expresión, «dormir más deprisa para ahorrar tiempo».
Preguntarnos por nuestra impaciencia puede ayudarnos a distinguir entre actuar con determinación y pretender acelerar aquello que necesita madurar.
Wild Oat (Avena Silvestre): cuando tenemos demasiados caminos
Wild Oat o Avena Silvestre se asocia tradicionalmente con personas que experimentan incertidumbre respecto a su dirección o vocación.
Queremos hacerlo todo.
Realizar todas las formaciones.
Participar en todos los proyectos.
Aceptar todas las oportunidades.
Y terminamos dispersando nuestra energía.
En este contexto, una pregunta puede resultar especialmente útil:
¿Qué es verdaderamente importante para mí ahora?
No se trata de poder hacerlo todo, sino de aprender a elegir aquello que tiene sentido en cada etapa de nuestra vida.
Wild Rose (Rosa Silvestre): cuando aparece la apatía
Wild Rose o Rosa Silvestre se vincula tradicionalmente con estados de apatía, resignación y falta de iniciativa.
Todos podemos atravesar momentos en los que sentimos que hemos perdido motivación.
En esas etapas puede ser útil observar si necesitamos descansar, introducir cambios en nuestra rutina, recuperar actividades significativas o pedir ayuda.
Una apatía persistente, especialmente si se acompaña de tristeza, pérdida de interés u otros síntomas, merece valoración profesional.
Centaury (Centaura): aprender a poner límites
Centaury o Centaura se relaciona en la tradición de Bach con la dificultad para decir «no» y con la tendencia a anteponer continuamente las necesidades de los demás.
Ayudar es positivo.
Pero cuando nuestra disponibilidad hacia los demás implica ignorar sistemáticamente nuestras propias necesidades, pueden aparecer agotamiento, frustración o resentimiento.
Aprender a poner límites no significa dejar de querer a los demás.
Significa comprender que nosotros también formamos parte de las personas que merecen nuestro cuidado.
Vine (Vid): autoridad o imposición
Vine o Vid se asocia tradicionalmente con personalidades dominantes, muy seguras de sus criterios y con tendencia a imponerlos.
Esta descripción puede servirnos para plantearnos una diferencia fundamental:
¿Estamos liderando o simplemente intentando controlar?
Un buen liderazgo no consiste únicamente en tener capacidad para tomar decisiones.
También requiere escuchar, comprender, adaptarse y permitir que otras personas aporten perspectivas diferentes.
White Chestnut (Castaño Blanco): cuando la mente no se detiene
White Chestnut o Castaño Blanco se relaciona tradicionalmente con pensamientos repetitivos y una intensa actividad mental.
Todos conocemos esa sensación.
Nos acostamos y seguimos repasando una conversación.
Imaginamos una y otra vez lo que deberíamos haber dicho.
Intentamos resolver mentalmente algo que en ese momento no podemos solucionar.
En estos casos, independientemente del uso o no de una esencia floral, puede ser útil aprender estrategias para observar nuestros pensamientos sin quedar atrapados constantemente en ellos.
Red Chestnut (Castaño Rojo): cuando la preocupación por los demás nos desborda
Red Chestnut o Castaño Rojo se asocia dentro del sistema Bach con una preocupación excesiva por las personas queridas.
Preocuparnos por quienes queremos es natural.
Pero existe una diferencia entre cuidar y vivir permanentemente imaginando que algo malo puede suceder.
Cuando esta preocupación se vuelve persistente o difícil de controlar, puede ser conveniente buscar herramientas profesionales para aprender a manejarla.
Más allá de las esencias: detenernos y observar
Quizá uno de los aspectos más interesantes de trabajar conscientemente con nuestras emociones sea precisamente el ejercicio de detenernos y ponerles nombre.
¿Qué siento?
¿Qué pensamiento acompaña a esta emoción?
¿Qué situación la ha desencadenado?
¿Cómo estoy reaccionando?
¿Qué necesito?
¿Qué puedo cambiar y qué necesito aprender a aceptar?
Estas preguntas pueden convertirse en una práctica de autoconocimiento.
En ocasiones, simplemente poner palabras a lo que estamos viviendo ya nos permite observarlo desde otra perspectiva.
Las Flores de Bach y la evidencia científica
Cuando hablamos de terapias complementarias es importante diferenciar entre experiencia personal, tradición y evidencia científica.
Las Flores de Bach cuentan con décadas de uso y muchas personas describen experiencias subjetivas positivas con ellas.
Sin embargo, esto no equivale a demostrar clínicamente que las esencias sean responsables del cambio.
Una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados concluyó que los estudios controlados con placebo más fiables no mostraron diferencias entre las Flores de Bach y el placebo. Otra revisión centrada en problemas psicológicos y dolor llegó a una conclusión similar respecto a ansiedad y otros problemas estudiados.
Incluso investigaciones más recientes continúan encontrando resultados en los que pueden producirse mejorías a lo largo del tiempo, pero sin diferencias estadísticamente significativas entre las esencias florales y el placebo.
Por tanto, no sería riguroso afirmar que las Flores de Bach han demostrado tratar ansiedad, depresión, estrés u otros trastornos.
Sí podemos hablar de su uso tradicional y complementario y del significado que algunas personas encuentran en el proceso de identificar y reflexionar sobre sus emociones.
Mirarnos por dentro
Gestionar nuestras emociones no significa evitar la tristeza, eliminar el miedo o estar permanentemente tranquilos.
Tampoco consiste en intentar convertir cualquier emoción desagradable en una emoción positiva.
Se trata, en gran medida, de aprender a reconocer lo que sentimos, comprender qué nos está ocurriendo y decidir conscientemente cómo queremos responder.
Las herramientas pueden ser diferentes para cada persona.
Para alguien será la psicoterapia.
Para otra persona, la meditación.
Para alguien más, escribir, hacer ejercicio, practicar técnicas de relajación o conversar con una persona de confianza.
Y algunas personas pueden encontrar en sistemas complementarios como las Flores de Bach un marco personal o simbólico para detenerse y observar su mundo emocional.
Lo verdaderamente importante es no perder de vista aquello que está en el centro de todo el proceso:
conocernos mejor.
Porque cuando dejamos de vivir exclusivamente en modo automático y comenzamos a observar nuestras emociones, pensamientos y comportamientos, aparece una posibilidad especialmente valiosa:
dejar de reaccionar siempre de la misma manera y empezar a elegir con mayor conciencia cómo queremos vivir.
Nota: Este artículo tiene finalidad divulgativa. Las Flores de Bach son una práctica complementaria y no han demostrado en ensayos clínicos rigurosos una eficacia específica superior al placebo para tratar problemas psicológicos. No deben utilizarse como sustituto de atención médica o psicológica cuando esta sea necesaria.
Holístico SOMOS UNO
📩 hola@holisticosomosuno.com
📲 Instagram: @holisticosomosuno
Aviso importante
La información publicada en Holístico Online tiene carácter divulgativo e informativo. Los contenidos relacionados con salud, nutrición, bienestar, terapias naturales o complementarias no sustituyen el diagnóstico, consejo, tratamiento o seguimiento de un médico u otro profesional sanitario cualificado. Ante cualquier problema de salud, y antes de iniciar o modificar tratamientos, dietas, suplementos o prácticas terapéuticas, consulta con un profesional sanitario.
Los contenidos relacionados con espiritualidad, crecimiento personal, astrología, mediumnidad, prácticas energéticas u otras disciplinas similares deben entenderse dentro de sus respectivos marcos de pensamiento, tradición o experiencia. Algunas de sus afirmaciones pueden no contar con respaldo científico suficiente y no deben interpretarse como hechos científicamente demostrados ni como garantía de resultados.
Cada persona y cada situación son diferentes. Holístico Online recomienda utilizar la información publicada desde el criterio personal, la responsabilidad y el discernimiento, recurriendo a profesionales cualificados cuando las circunstancias lo requieran.
Uso de inteligencia artificial: Algunos contenidos e imágenes publicados en Holístico Online pueden haber sido creados, adaptados o mejorados con la asistencia de herramientas de inteligencia artificial. Su utilización forma parte del proceso de creación y edición, y los contenidos son revisados y supervisados antes de su publicación bajo los criterios editoriales de Holístico Online.