Si no sabes solucionar lo que te pasa, es sencillamente porque no has aprendido



¿Cuándo aprendiste qué hacer cuando tienes ansiedad? ¿A qué edad te explicaron tus padres que la frustración es algo normal y cómo vivir con ella? ¿En qué momento en la escuela te hablaron de la necesidad de cuidar tu autoestima y te dijeron cómo darte cuenta cuando no lo estabas haciendo? Seguro que también desde muy joven tuviste información de los retos que tendrías al estar en pareja y cómo llegar a la mejor solución ¿verdad que sí?

Quizás hayas tenido la suerte de contar con alguna información sobre cómo manejarte en la vida, pero dudo mucho que haya sido una parte clave en tu educación. En la mía, y en la de la mayoría de personas que conozco, no lo fue. Por eso es interesante que sin haberlo estudiado pretendamos saberlo. No creo que nadie pretenda hablar alemán sin haber estudiado antes algo de este idioma, parece que todos entendemos la lógica en ello. Sabemos que para hablarlo quizás deberíamos de apuntarnos a una academia, practicar, asumir que de primeras se nos dará mal la pronunciación, que nos costará acordarnos de las palabras, que hablar con nativos será bueno para practicar, que pedir ayuda (o llevar un diccionario español/alemán en el móvil) puede ser buena idea… Por eso, si no hemos hecho nada de eso y no entendemos ni una palabra cuando un alemán se dirige a nosotros, asumimos que es normal. No nos sentimos inútiles, no nos juzgamos con un “debería de haberlo entendido”, ni nos quedamos esperando a que mágicamente con el tiempo un día comprenderemos este idioma. No, ¿verdad?

Sin embargo es increíble cuántos asumimos que debemos saber cómo gestionar nuestras mareas emocionales (tristezas, traumas, memorias, angustias, abandonos, frustraciones, injusticias…), sin haber aprendido jamás nada sobre ello. Como si el hecho de ser humanos, ya viniera con todo ello aprendido de fábrica. Y nos desesperamos, nos sentimos pequeños e inútiles cuando la vida nos pasa por encima y no sabemos qué hacer. Puede que caigamos en un “¿por qué a mí?” sin llegar jamás a un “¿dónde puedo aprender sobre esto?”, “¿habrá alguien que pueda enseñarme a manejarlo?”, “tiene que haber algún ser humano que haya pasado por esto antes, voy a buscar qué hizo con ello para probar”.

La mayoría nos quedamos pensando en que no somos lo suficientemente fuertes o listos o que el tiempo solucionará todo, que pasará. Esperamos, esperamos y esperamos y ahí sigue, que no, que no se va. Y ya te digo yo que no se va a ir, que por más que olvides ciertas cosas a nivel consciente, el inconsciente sigue manifestando lo que hay reprimido en tu vida y en tu cuerpo. Así que no es cuestión de ser fuertes (que confundimos con aguantar todo y desconectarnos de nuestras emociones), ni ser listos (esto es una cuestión de inteligencia emocional no de cociente intelectual), ni de que el tiempo lo cure todo (porque no va a pasar), es más el darnos cuenta de que somos seres humanos y que igual que aprendimos otras cosas (a hablar, a conducir, a abotonarnos una camisa…) podemos aprender sobre nosotros mismos. Pongamos nuestra mente al servicio de nuestras emociones y aceptemos algo muy claro: si no lo has aprendido, no lo sabes. Aceptar que no sabes qué hacer con tu tristeza, tu angustia, tus traumas, los eventos que te disparan, tus relaciones fracasadas, tu manera de comunicarte y mucho más, es la base para aprender.

¿Tiene que pasar algo gordo en tu vida para aprender sobre ti? Mi consejo es: no esperes, tú eres demasiado importante como para esperar. A veces, cuando estás en tu mejor momento tienes toda la fuerza para integrar información nueva, así que ¡aprovecha y hazlo! Otras una enfermedad, una separación, una mudanza, un cambio de estado laboral, nos obliga a darnos una atención que nunca nos habíamos dado. Son momentos duros que si sabes aprovechar te harán reinventarte. No para convertirte en otra persona, más bien para descubrir la persona que en realidad eres y no sabías.

También puede darse que justo cuando en tu vida tienes una pareja que te encanta, un trabajo con el que te puedes realizar, tus gastos bajo control, la familia saludable y que, en definitiva, parece que todo está colocado, de pronto tú tienes ansiedad o te embarga una tristeza cuyo origen desconoces. Ahí es cuando miras atrás, ves todo lo que has pasado y que consideras superado y te preguntas “¿por qué justo ahora cuando todo va bien?”. Eso te lo puedo contestar ahora mismo, está relacionado con lo que comentábamos antes de que el tiempo no hace que todo cure aunque puede enmascarar el dolor de debajo. Digamos que todos tenemos como una jarra interna, cada uno de un tamaño distinto, que se va llenando con aquellos eventos, pensamientos y emociones que no supimos manejar o gestionar. Comienza con nuestra gestación, nuestro nacimiento (aquí la jarra puede llenarse bastante) y nuestra infancia, sigue con la adolescencia (otro punto donde se llena con rapidez) y nuestra vida adulta con los eventos habituales que todos podemos tener. Si nadie nos avisó antes de que teníamos esta jarra, lo habitual es pasar por la vida llenándola sin vaciarla jamás. Por eso, puede llegar un día en el que un evento sin importancia haga que todo salte. A veces, puede que no pase nada especial y todo parece desmoronarse en nuestro interior y no comprendemos nada. No lo entendemos ¡porque nadie nos lo explicó!

Así que grábate esto: no sabemos lo suficiente sobre nosotros ¡es importante aprender sobre ti!

Cuando comiences a buscar información sobre ti y sobre nuevos recursos internos para ti vida, es muy bueno aceptar que puedes no conseguir lo que esperas en tus primeros intentos. Algo que, si de pequeños nos hubieran enseñado las maravillas de gestionar la frustración, ya sabríamos. Así que no te rindas a la primera, que gestionar emociones y hablar alemán son cosas que no se aprenden en dos días.

Raquel Rús –  www.raquelrus.es
Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.
raquelrus@hekay.es


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