¿Por qué me cuesta meditar?



¿Te ha ocurrido alguna vez querer ponerte a meditar y no encontrar el momento para hacerlo?
¿O querer ponerte, pero terminar haciendo otras mil cosas antes que eso?

A mí sí. Qué curioso. La cuestión es ¿por qué tenemos tanta resistencia a sentarnos unos minutos en silencio? No pretendo dar una receta mágica para cambiar la situación. Ni si quiera digo que haya que cambiarla si es tu caso. Sólo voy a compartir algunos mecanismos que creo que pueden impedirnos a veces sentarnos y parar unos minutos.

La meditación nos permite adentrarnos en aspectos de nuestra conciencia que no son mentales, y que poseen una inteligencia que supera de largo nuestros pensamientos y patrones mentales.

Meditar nos permite tomar consciencia de esos aspectos que, desde nuestro de modo de funcionar mental y orientado a la acción, se nos pasan continuamente de largo.

Nuestra mente opone una gran resistencia a soltar esta forma tan familiar de funcionar, precisamente porque la meditación nos lleva a descubrir espacios de nosotros mismos que no conocíamos (o de los que aún no habíamos tomado consciencia).

Nos lleva a un espacio de DESCONOCIMIENTO que, a menudo, nos da pánico explorar, precisamente porque es desconocido para nuestra mente y la manera en la que estamos acostumbrados a movernos en nuestra vida.

Sin embargo, empezar a ser consciente de esta otra inteligencia, es profundamente liberador, una vez que nos permitimos ir más allá de los pensamientos que nos impiden crear los espacios, para que esa otra conciencia superior pueda manifestarse.

Incluso cuando empiezo a verla o a ser consciente de ella, la resistencia a descansar en esa conciencia por espacios más largos sigue, a menudo, presente debido a que la mente necesita crear tiempo continuamente para evitar esos espacios de TOTAL NO- ACCIÓN en los que parece encontrar su muerte. Y entonces “¿¿¿¿ahora qué hagooooo???? pero haz algoooooo” – parece gritarnos insistentemente la mente.

Nos da pánico no pensar y no hacer, debido a que, a menudo, nuestro concepto del yo y nuestra personalidad se asienta, precisamente, en cuánto hacer y cuánto pensar. Cuanto más haces, mejor eres, cuanto más piensas más inteligente…, muy interesante, sí. Pero nos hemos parado a pensar ¿para qué? ¿acaso hay algo que me está dando pánico mirar y que me lleva a llenar los espacios de mi vida CREANDO tiempo?

Si queremos explorar esos otros aspectos de nuestra conciencia, que son profundamente liberadores y sanadores para cada uno de nosotros, hemos de permitirnos ir más allá de basar nuestro valor en el hacer “material” y en el “pensar”.

La manera de hacerlo, en mi caso, pasa por una observación desapegada y sin juzgar de esos modos míos de acción en forma de pensamientos y de querer hacer. Para ello necesito pararme y sentarme a mirarlos (a ello le llamo meditar).

Es el SILENCIO lo que me permite observarme y estar en contacto con esa otra inteligencia superior – que por cierto habita por igual en todos y cada uno de nosotros.

Es en ese espacio donde puedo descansar de todas mis identificaciones y pasar y mirarlas con cariño, abrazarlas y darme el permiso por fin de no hacer y no querer (¡¡¡uf!!! permitirme que suspire de alivio) …

…Y respecto al resto que pueda deciros sobre ese espacio tan increíble…mejor no lo digo (pues serán solo mis pensamientos).

Gracias.

Maricarmen Pérez Díez
Instructora de mindfulness y terapeuta transpersonal
www.escueladeplenitud.com
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