La necesidad de aprobación



Nuestra sociedad nos obliga constantemente a someternos al ojo público. La tecnología y las redes sociales nos han ofrecido una nueva forma de comunicarnos, de alcanzar a los otros y establecer vías alternas para ofrecer un mensaje. 

A todos nos gusta sentirnos rodeados de personas que nos quieren y reconocen nuestro esfuerzo, pero el problema viene cuando al no tener esa aprobación manifiesta y externa, el individuo comienza a sentirse ansioso, triste e incómodo. Esto no sólo se refleja en las redes sociales. Creo que todos conocemos a esta persona súper complaciente, incapaz de decir que no o de llevar la contraria, aún cuando esto suponga una molestia real. Existe un conflicto cuando la necesidad de aprobación, la mirada del otro comienza a determinar el propio valor. 

¿De dónde viene la necesidad de aprobación?

Somos seres sociales, no estamos hechos para crecer y vivir aislados. Esto que somos no es más que una obra en constante progreso. Nos vamos construyendo a lo largo de nuestra vida, aunque las bases sobre las que sentamos nuestra identidad se colocan durante la niñez, a través de las interacciones sociales, sobre todo con nuestros padres, y luego con nuestras acciones y experiencias. Por eso no dejamos de crecer y transformarnos, porque es parte del ejercicio de la vida. 

La niñez es, en cierta medida, un estado de vulnerabilidad e indefensión en todo sentido, físico y emocional. Dependemos de nuestros padres para nuestras necesidades más básicas y de su mano vamos aprendiendo a comportarnos. Ellos son el resumen de la sociedad, los que nos enseñan lo que está bien y lo que está mal, los que transmiten el saber social, la cultura. 

Cuando un niño hace algo y sus padres le felicitan, estimulan o corrigen están sentando pautas de comportamiento y de identidad. De este modo, si el niño crece escuchando reproches, regaños y palabras duras cuando trata de hacer cosas desde su voluntad, pero recibe cariño y aprobación sólo con ciertos comportamientos, destinados a complacer a los otros, entonces podría desarrollar una necesidad insana de aprobación. 

¿Tengo problemas con la aprobación de los demás? 

La vivencia de cada persona es única, pero es posible encontrar ciertos comportamientos que pueden servir como indicadores que demuestran que la búsqueda de la aprobación ajena se ha convertido en el vehículo que rige tu vida. Sin embargo, no dejes que esto te confunda. Todos experimentamos las situaciones de forma distinta y puede que no busques la aprobación del público general, pero que te importe demasiado lo que piensa tu pareja y moldees tu existencia en torno a sus deseos e ideas. 

Siempre que pongas delante de tus deseos y necesidades personales los deseos y opiniones de otras personas, debes analizar si esto puede ser un síntoma de una necesidad de aprobación exagerada. Dicho esto, debes estar alerta si percibes algunos de estos comportamientos: 

√ Eres excesivamente amable, sobre todo cuando estás en desacuerdo con otra persona. Es casi como si te disculparas en vez de refutar una opinión.

√ Eres incapaz de negarte: si alguien te pide un favor, si no eres capaz de decir “no” a alguien, incluso anteponiendo esto a tus propias necesidades.

√ Cambias de opinión o no manifiestas lo que piensas, sólo para no llevar la contraria y gustarle a los demás.

√ Te produce ansiedad, preocupación o tristeza si tus ideas o comportamientos no tienen el apoyo de otras personas. Ser el “raro”, esa persona con una opinión o actitud distinta a la de los demás te produce angustia.

√ Te preocupas demasiado por tu aspecto: es normal querer estar bien presentado y arreglarse, otra es que te produzca angustia genuina salir sin maquillaje, sin peinarte o sin estar perfectamente vestido y arreglado.

√ Controlas lo que dices y haces al máximo: esto te hace perder espontaneidad. Dejas de ser tú mismo, pues estás creando una fachada que agrade al otro.

√ Te preocupa demasiado el qué dirán: los vecinos, tus padres, los profesores, la gente de la calle…, todos son jueces de tu comportamiento y aspecto.

√ Te quedas dando vueltas a frases dichas: te aterroriza decir algo incorrecto, por lo que te quedas pegado en una conversación, analizándola e incluso planeas conversaciones y posibles respuestas.

√ Te exiges demasiado: asumes culpas y responsabilidades que no te corresponden. Siempre trabajas y te esfuerzas al máximo para que los demás estén bien y no se enfaden contigo.

√ Tienes comportamientos excéntricos: hay personas que buscan llamar la atención con ciertos comportamientos, palabras o actitudes, esto les asegura reconocimiento. 

Rompiendo el ciclo

En primer lugar, debes aceptar que sólo tú tienes la responsabilidad de cómo te sientes. Tú eliges, sea de forma consciente o no, actuar de ese modo. No existe nada que te obligue a ser amable y complaciente con las personas. Esto es una conducta aprendida que puedes modificar, una vez asumas que tienes el poder para hacerlo, para gestionar tu propia libertad. 

Las críticas no son el fin del mundo, aunque a veces se sienta de ese modo. Puede ser duro aceptar las críticas de las personas, pero siempre ayuda recordar que están apuntando a tu habilidad o desempeño en un aspecto, pero no a ti como un ser integral. Todos tenemos puntos débiles y áreas de mejora, así como es posible que haya personas a las que no le gustes y haya personas que te amen y acepten, es una cuestión de compatibilidad y afinidad. Nada de esto es una evaluación de tu valor como ser humano. 

Construir una base de auto confianza y autoestima en la vida adulta no es tan complicado como parece si cuentas con el apoyo apropiado. El primer paso es darte cuenta de que necesitas trabajar en este aspecto de tu vida para poder enfilar tu energía hacia esta área. 

Begoña Ramos
Crecimiento y Superación Personal
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