Eneagrama: ¿Es posible comprender a Donald Trump?



Es habitual ver al actual presidente de los Estados Unidos y preguntarse ¿cómo este hombre no se da cuenta de las consecuencias de sus actos? ¿qué está haciendo con su país? ¿dónde está su límite?

El Eneagrama es el método más potente de autoconocimiento y desarrollo personal conocido hasta el momento, cuando uno sabe de él puede entender muchas cosas de los demás, también de Trump. Este sistema divide en nueve los tipos de personalidad (también llamados eneatipos):

Eneatipo 1: el reformador
Eneatipo 2: el ayudador
Eneatipo 3: el triunfador
Eneatipo 4: el artista
Eneatipo 5: el intelectual
Eneatipo 6: el leal
Eneatipo 7: el entusiasta
Eneatipo 8: el desafiador
Eneatipo 9: el pacificador

El eneatipo de Donald Trump se correspondería con el ocho, también conocido como el desafiador. Para poder entender un poco mejor a una de las personas con más poder en el mundo en este momento, voy a contar algunas de las características de este eneatipo.

Los ochos son personas a las que les gustan los retos, superar obstáculos les da la sensación de poder. Se muestran fuertes, seguros, con gran fuerza de voluntad y vitalidad. Desean dejar una huella en el mundo y, según estén más o menos equilibrados, será algo positivo o negativo. En su vida comprendieron muy pronto que en el mundo era más sencillo sobrevivir si no expresaban sus emociones, si eran fuertes y valientes. Y, que todo aquello que no fuera así, suponía debilidad, y eso era algo despreciable.

Con estos mensajes tan estupendos, los ochos aprendieron a ser adultos tempranos, ya que era más seguro. Ser inocentes, infantiles, tiernos era algo demasiado peligroso como para poder permitírselo a sí mismos. Esa idea les vino porque, de alguna forma, se sintieron traicionados por la familia. Quizás había violencia en casa o un exceso de severidad, puede que se sintieran abandonados por parte de sus padres, o hubo algo que les indicó que sus mayores no tenían lo que ellos interpretaron como las capacidades necesarias para protegerles.

La traición es, por tanto, un tema principal en su vida. Si uno no puede estar tranquilo y protegido en la familia ¿dónde va a estarlo? La respuesta que se dan a sí mismos es “en ningún sitio”. Por tanto, es la ley del más fuerte. Como dijo Sun Tzu, que quizás fuera un ocho, “la mejor defensa es un buen ataque”.

En la infancia se sintieron expuestos, impotentes como para poder hacer nada ante lo que sintieron abusivo. Es allí donde se prometen a sí mismos que jamás se volverán a sentir así, que es mejor estar solos contra el mundo y no necesitar a nadie. Por tanto, desconectan sus emociones, lo que hace que, a menudo, pasen por encima de las de los demás sin darse ni cuenta. Dominan para no ser dominados haciendo uso de la intimidación, la mentira y la fanfarronería.

Cuando Trump tenía trece años, su padre decidió que necesitaba disciplina, ya que era rebelde y un abusón. En lugar de intentar comprender porque su hijo necesitaba hacer tal despliegue para ganar su atención, le mandaron a una escuela militar, donde se dice que los menores recibían malos tratos. Así que, si le quedaba alguna duda de todo lo anterior, debió de disiparse y afianzar las actitudes que hoy vemos tan claras. 

De hecho, hay biógrafos del presidente, que han llegado a afirmar que su política de separar a los inmigrantes de sus hijos no deja de ser una recreación inconsciente de su infancia. Algo así como un niño abusivo que aprende a abusar en cuanto puede, para sentirse más fuerte y poderoso. Quién sabe.

Los ochos suelen ser rebeldes. Les dan igual las normas, si no las consideran justas no tendrán mayor problema en saltárselas. Esto puede ser bueno o malo, depende de la moralidad de la persona en cuestión. En el caso concreto del presidente, el New York Times últimamente ha escrito sobre su familia y cómo su padre, Fred Trump, evadía impuestos de manera habitual y que el propio Donald le ayudó a hacerlo (junto a sus hermanos), amasando así la fortuna que luego heredarían.

En este sentido, este eneatipo tiene una tendencia a proteger a su entorno. Es habitual que dividan el mundo en “ellos y nosotros” y que todo aquel a quien consideren “nosotros” sea protegido y beneficiado. No hay mejor ejemplo de esto que, cuando Trump nombró a su hija Ivanka y a su yerno, Jared Kushner, asesores. De esta manera consiguió dos objetivos al mismo tiempo: beneficiarles en puestos de poder y tener a gente de su confianza cerca. Ya que, como hemos dicho, Trump, como buen ocho estresado, teme una traición más que nada.

¿Cómo es posible que nada de lo que se dice de él parezca afectarle? Porque su mecanismo de defensa prioritario es la negación. Así que pase lo que pase, por obvio que sea, siempre lo va a negar. ¿Es un mecanismo consciente?.

Para nada. Lo más probable es que esa información que dice que está equivocado no sea capaz de procesarla. Si queremos ver este mecanismo en vivo y en directo sólo hay que observar el vídeo en el que se ríen de él en la ONU y él interpreta que se ríen “con él”.

Don Richard Riso y Russ Hudson en su libro “La sabiduría del Eneagrama” (muy recomendable) nos explican cómo no hay eneatipos buenos ni malos. Cada uno a su manera tiene un potencial diferente, unas prioridades y una forma de ver la vida. Y su manifestación dependerá de sus recursos internos y su grado de estrés. Para explicar esto, dividen en nueve los niveles en los que puede moverse cada uno, los niveles 7, 8 y 9 serían los menos sanos.

En el nivel 7 creen que nadie merece su confianza, que necesitan protegerse como sea. Se consideran fuera de la sociedad y que eso les da derecho a ser agresivos, vengativos y violentos.

En el nivel 8, llamado el megalómano, se creen invulnerables y esto hace que se pongan en peligro a sí mismos y a los demás. Un ejemplo podría ser alguien que cree que puede beber lo que quiera y ponerse al volante porque todo lo puede.

En el nivel 9, su tendencia antisocial llega al extremo y, como se suele decir, decide que, puestos a caer, lo hará arrasando sin ser consciente ni importarle lo que eso implique. Todo con tal de no sentir que alguien puede ganarles o dominarles.

Cuando están en estos niveles pueden insultar, atacar, amenazar, caer en la paranoia, aislarse de todo, planear represalias y ser cada vez más duros e insensibles.

Esperemos por el bien de todos, que Trump encuentre su camino y comience a conectarse internamente ya que los eneatipos ocho, como los demás, cuando están en mejores momentos tienen mucho que ofrecer a todos. 

Son honrados, ponen su vitalidad al servicio de otros, protegen a los débiles, quieren cambiar las cosas por el bien común, respetan la dignidad de todos los seres y luchan por la justicia. Internamente comprenden que conectar con sus sentimientos no les puede hacer débiles sino que en ello encontrarán un tipo de fortaleza mucho más real y poderosa.

Martin Luther King, G. I. Gurdjieff, Susan Sarandon y Toni Morrison son buenos ejemplos de cómo este eneatipo puede estar comprometido y ponerse al servicio de todos.  

Raquel Rús
www.eneagramamadrid.es

Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.
raquelrus@hekay.es