El Mandala Oculto

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Voy a comenzar con una de las preguntas básicas que se plantea, en algún momento de su vida, toda persona que emprende la búsqueda del camino interior: “Si todos venimos de la Unidad y vamos a volver a la Unidad, ¿qué sentido tiene nuestra estancia en la Tierra?”.

La pregunta es mucho más compleja que lo que parece. Los seres que buscan una respuesta a esta cuestión para poder iniciar su proceso de crecimiento interior, demuestran que están abriendo su corazón a otros niveles de conocimiento y conciencia más elevados que los convencionales.

Desde muy joven, yo también empecé a plantearme esta pregunta y, en aquella época lejana, parecía que sólo había una respuesta: “La vida en este mundo permite diferenciar a los buenos de los malos; y son los buenos, en el Juicio Final, los únicos que se salvan”.

Había algo en aquella afirmación que no acababa de convencerme. No entendía por qué el Creador no nos había hecho a todos buenos. ¿No podíamos ser todos diferentes, pero con buen corazón?

Según transcurrían los años, Occidente se fue llenando de nuevas aseveraciones que ofrecían diversas respuestas a la interrogante planteada: “Para alcanzar la felicidad…, Para aprender…, Para salvar a la humanidad…” Y estas afirmaciones han quedado en nuestras diferentes culturas, pasando a formar parte del conjunto de creencias de la humanidad.

Pero mi cerebro no dejaba de dar vueltas a las mismas cuestiones: “¿Por qué no se nos ha creado desde el inicio felices? ¿Por qué nacemos sumidos en la ignorancia?…”

En mi época de adolescente, tuve una experiencia que me acercó mucho a la respuesta que yo estaba buscando, y que la relacionaba con la influencia que un creador deja en su obra. Había asistido al concierto de un grupo cuyo nombre, sinceramente, no recuerdo. Cuando comenzó me quedé prendado del juego de luces que habían realizado en el escenario, pues me pareció realmente extraordinario. Los focos y las diferentes luminarias de colores formaban una composición armónica que tenía la capacidad de variar con el devenir de las canciones del grupo. Me pareció sorprendente que los diseñadores hubiesen logrado el mejor de los decorados que yo había visto, utilizando solamente luces de colores, formas transparentes y flashes luminosos.

En un determinado momento fijé mi atención en la parte trasera de la sala, por donde estaban entrando unos técnicos de televisión. Me fijé en cómo montaban la instalación (cámaras, sonido, focos…) para un reportaje que iban a realizar sobre el concierto. Cuando el grupo terminó una de las canciones, los técnicos encendieron aquellos potentes focos de luz blanca y empezaron a grabar.

Al llevar de nuevo la vista hacia el escenario me quedé totalmente sorprendido: era como si aquella potente luz blanca hubiera absorbido todo aquel magnífico diseño de iluminación que antes me había maravillado. A mi retina solo llegaba la imagen de un grupo musical rodeado de un decorado totalmente blanco. Yo sabía que las luces de colores seguían estando allí, sólo que ahora eran invisibles tras la potencia de ese inmenso foco, y me di cuenta de que no es posible ni vislumbrar ni trabajar los tenues colores (las conciencias humanas) bajo la influencia de la Luz (la Conciencia).

Pasaron los años y llegaron las nuevas tecnologías. De esta forma me tocó realizar mi primera página web. Una vez terminada, tenía que subirla a la totalidad de la Red, sabiendo que ya el ordenador había cumplido con su misión. Entonces pensé: “Si mi página viene de la unidad de la Red y vuelve otra vez a la Red, ¿qué sentido tiene mi trabajo en el ordenador?”. Comprendí que gracias a él había trabajado con energía para conseguir resultados, había utilizado toda mi sensibilidad para crear sus diseños y había resuelto todas las dificultades y superado los problemas, a través de mi inteligencia, para así llevar la página a buen fin. Y la respuesta principal que me salió de dentro fue: “¡Es imposible hacer una intangible página WEB -el ser- sin un ordenador tangible -el cuerpo físico-!”.

Pasaron varios años y, tras un viaje que realicé a través del Tíbet, descubrí el Mandala Oculto. En ese momento comprendí que tenía ante mí un extraordinario glosario de respuestas sorprendentemente coherentes y asombrosamente lógicas. Mis preguntas se respondían en una estructura gráfica íntegra y desprovista de planteamientos ideológicos. Siendo un poco menos retórico, es la única vez que entendía de forma coherente y racional lo que había descubierto en los ejemplos anteriormente expuestos. Lo que más me sorprendía es que también entendía la función de los chakras o lotos en el proceso de autorrealización del ser humano. Gracias al Mandala Oculto, descubrí que la función de estos centros energéticos era todavía más rica que la que tradicionalmente le habíamos concedido, llegando a descifrar mucha más información de la que podía imaginar.

Pedro López Pereda
Autor de El Mandala Oculto
pedro@fundacionyoga.es
www.fundacionyoga.es

 

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