El camino sencillo



Vivimos en una época en la que existe una enorme variedad de terapias alternativas, de todos los tipos y color, al alcance de todos y es maravilloso, pero no debemos obviar una contraindicación muy común: Puede ser que estemos enfocando nuestra felicidad en una búsqueda externa de métodos creyendo que nos van a dar esa ansiada paz o bienestar interno. 

Sin darnos cuenta, ponemos las expectativas de nuestra felicidad en cursos, talleres, terapias. Somos muchas las personas que buscamos la terapia ideal, sin darnos cuenta de que no existe la varita mágica, ni la píldora milagrosa que va a solucionar nuestros problemas.

Encontrarse en esta tesitura es algo completamente humano y natural. La cuestión es que no somos conscientes de la cantidad de tareas que nos imponemos: nos llenamos de “haceres” y la lista va aumentando cada vez más. Y ahí aparece la exigencia de ser un ser humano mejor, feliz y completo.

Pretendemos ser “el humano 2.0” y, seamos honestos, esta exigencia nos genera una gran ansiedad. Sería ideal aceptarnos con nuestras imperfecciones sin vivir enfocados en el cambio. Y el cambio no es malo, ojo, al contrario, es bueno y necesario, pero es importante pararse a redirigir nuestro enfoque para no vivir en una interminable cuesta arriba.

A veces, todo es más simple de lo que creemos. Gemas, péndulos, respiraciones, yoga, reiki, acupuntura, ayuno, temazcales, alimentación paleo, astrología maya, sexo tántrico, alinear los chakras, conocer un maestro iluminado o abrazar a un santo… la lista de haceres que te harán sentir pleno puede ser interminable. 

Todos ellos maravillosos y con grandes utilidades y beneficios, pero, al final, nos seguimos llenando de exigencias y depositando nuestras esperanzas en aportes que vienen de fuera. Y esto no pretende ser una crítica. Solo queremos poner el acento al “desde dónde” los aplicamos y “para qué”. 

Y aquí es donde proponemos una reflexión: ¿qué tal si en lugar de buscar la fórmula mágica, el método definitivo… pruebo a dejar de hacer? ¿Qué ocurriría si sólo PARO y OBSERVO?

Vamos a un ritmo tan frenético que no somos conscientes de lo que nos cuesta parar, cuando justo en ese detenerse es donde uno puede establecer un contacto íntimo y sentir en mayor profundidad, conectarse con el flujo vital y con la vida misma. Simplemente respirar, disfrutar de un paisaje, compartir una mirada, pueden ser actos de máximo gozo cuando uno recupera esa conexión íntima.

Te sorprenderá comprobar que la culpa, el miedo, la ira son gigantes con pies de barro que lo único que piden es ser atendidos y que cuando esto se hace de forma consciente y con actitud de aprendizaje lo que sucede es que aparece de forma natural esa paz, ese amor, esa sensación de presencia que tanto anhelabas. Verás como se deshacen los nudos emocionales y los bloqueos en tu querido cuerpo. 

El simple hecho de parar y observar es medicinal. Te trae claridad mental y serenidad, aunque para ello haya que atravesar un pico de incontinencia. Si lo atraviesas, brotará tu estado natural de ser: paz, amor, alegría.

Compruébalo por ti mismo/a: dedica un espacio a estar contigo, a meditar, a abrazar todo lo que sientas en ese momento. Estar enfocado y presente requiere determinación, la mente es experta en escapar, pero si te mantienes, la recompensa está 100% garantizada. 

Es cierto que uno lo puede hacer solo, pero, sin duda es bueno apoyarse en una estructura organizada con profesionales del ámbito terapéutico que te acompañe. Si a ello le añades un trabajo personal de autoindagación y de movimiento corporal consciente estarás sin duda construyendo los cimientos de tu bienestar.

Próximo Retiro de Verano
Retiro de Crecimiento Personal Y Bienestar
Del 2 al 8 de agosto.

Más información:
www.elcaminosencillo.com

Javier Riestra Puga
Zorione Aurrekoetxea


Si te ha gustado, compártelo...