¿Qué has venido a aprender?



Habitualmente, justo aquello que evitas, eso que no te apetece lo más mínimo, aquello para lo que siempre tienes una excusa perfecta para ni pensar en ello.

A todos los humanos siempre nos queda algo por aprender. El que sabe poner límites tiene problemas siendo vulnerable, el que es precavido, habitualmente, no es bueno relajándose, el que está comprometido con sus objetivos a veces ha olvidado evaluarlos antes, el que está allí siempre para otros, muy a menudo no está para sí mismo… Saber exactamente qué sería bueno aprender de nosotros podría ser tan fácil como dar respuesta a la pregunta “¿qué estoy evitando aprender?”. Lo que pasa es que somos tan buenos evitándolo que nos inventamos un montón de respuestas que sólo rodean lo importante para no tener que vivirlo. Traspasar todas esas historias que nos contamos para llegar al núcleo, en otros momentos de la historia, podía llevar mucho tiempo, hoy en día somos unos privilegiados. Gracias al Eneagrama en muy poco tiempo podemos ver las cosas muy claras. Eso es a la vez muy bueno y puede dar un tanto de miedo. Y es que, conocernos da un miedo considerable. Del tipo de miedo que hace tambalearse tu existencia, mirarte, verte, temer que te vean, comenzar a aceptarte, ser consecuente y tomar nuevas decisiones.

Russ Hudson, uno de los investigadores y divulgadores más conocidos del Eneagrama en el mundo, dice que “todo trabajo real con el Eneagrama es un trabajo de la sombra”. La sombra es un concepto de Carl Jung que se refiere a aquellas partes de nosotros que no tenemos integradas. La mayor parte de los niños dicen lo que piensan, son atrevidos, luchan por lo que quieren sin pudor, juegan y hacen el idiota sin llegar a pensar “¿qué opinarán el resto sobre mí?” … La pregunta es ¿por qué no seguimos siendo así? Básicamente por la educación que hemos recibido. Nuestra familia, nuestra escuela, nuestra sociedad nos van diciendo qué está bien y mal visto. Y desde el minuto uno de nuestra vida sabemos instintivamente, que cuanto más nos parezcamos al entorno más posibilidades de supervivencia tenemos. Así que decidimos, inconscientemente, fragmentarnos. Hay partes de nosotros que nos atrevemos a mostrar, las que nos han dicho que son aceptables, y las demás las escondemos. Es decir, que generamos una división interna. Eso nos quita fuerza, nos separa de lo que somos en realidad y eso es exactamente lo que hemos venido a aprender todos: ¡a ser nosotros! ¡Ay madre!, lo mismo ahora te estás preguntando ¿y quién soy yo? Personalmente, no creas que lo tengo súper claro, lo que sí empiezo a comprender es que durante años no he sido yo. Por tanto, podemos saber lo que no somos, aunque todavía nos quede rato para saber lo que somos. Es una ventaja. Podemos empezar a trabajar.

¿Cómo hacemos? Siguiendo las pistas de aquello que negamos. ¿Qué te molesta más de los demás? ¿Qué es lo que más criticas? ¿Qué evitas hacer? Según la teoría de la sombra, aquello que no puedes aceptar de otros son partes negadas de ti mismo. ¿Cómo verlas? Puede ser difícil porque están en la sombra y, por tanto, están ocultas. Ahí es donde entra el Eneagrama. Este conocimiento nos indica que existen nueve tipos de personalidad diferentes (llamadas eneatipos) y que cada uno muestra una imagen y niega partes de sí. Explicaré brevemente cada uno para que encuentres pistas sobre ti.

Eneatipo 1, conocido como “el reformador”. Tiende a ser una persona recta, regida por sus principios, perfeccionista. Todo lo que puede suponer una rigidez considerable y la tendencia a hacer de juez y profesor severo de los demás. Este tipo de personalidad necesita aprender a jugar, a aceptarse a sí mismo, a los demás y al entorno.

Eneatipo 2, conocido como “el ayudador”. Suelen ser personas que están ahí para los demás, pendientes de sus necesidades más que de las propias. Pueden llegar a manipular (muchas veces sin darse ni cuenta) para conseguir satisfacer sus necesidades emocionales. Este tipo de personalidad necesita aprender a pedir lo que necesita de manera directa y a cuidarse antes que a nadie.

Eneatipo 3, conocido como “el triunfador”. De pequeños, estas personas aprendieron que su valor interno estaba ligado a lo que hicieran externamente. Así que fijan objetivos que su entorno considere valiosos y van a por ellos, sin plantearse si quiera muchas veces si es eso lo que de verdad quieren. Pueden tener problemas para relacionarse y abrirse de verdad, por lo que necesitan aprender a mostrarse y auto descubrirse.

Eneatipo 4, conocido como “el artista”. Que se llamen así no quiere decir necesariamente que sea su trabajo, aunque habitualmente hay una tendencia artística. Suelen ser personas sensibles, intensas, que se ven a sí mismos muy diferentes de los demás, pudiendo caer en el victimismo. Les vendría bien aprender a regular sus emociones y apreciar que cada persona es única (ellos también) y que eso es perfecto.

Eneatipo 5, conocido como “el investigador”. Este tipo de personalidad, habitualmente, no encuentra sencillas las relaciones sociales. A veces, están convencidos de que todo se puede aprender en los libros. Suelen necesitar su espacio. Su aprendizaje es integrar que somos seres sociales y que es precisamente el contacto con los demás lo que nos da la mayor información y posibilidad de crecimiento.

Eneatipo 6, conocido como “el leal”. Llamado así por la importancia que dan a la lealtad en sus relaciones. Desean ser considerados como personas de fiar. Tienen una tendencia a ver todo lo que puede salir mal de cualquier situación, algo que ellos ven como una ventaja porque les ayuda a hacer planes de contingencia. Vienen a aprender a relajarse, a no tener ese radar para los problemas, a atreverse a tomar decisiones y equivocarse.

Eneatipo 7, conocido como “el entusiasta”. Tal y como indica su nombre, todo puede ser fascinante, divertido, apasionante. Ellos tienen casi una adicción por lo nuevo, por probar experiencias diferentes y, muchas veces, por animar a los demás a apuntarse a ello. Algo que puede parecer muy positivo, es más que nada una huida hacia delante para no sentir lo que les incomoda (ya sean sus tristezas, sus dolores, su verdad interna). Aprender a parar y sentir la vida en todos sus matices es lo que les toca.

Eneatipo 8, conocido como “el desafiador”. En esta personalidad hay una tendencia a los retos, a no depender de nadie y a mostrar su fuerza. Dan imagen de mucha seguridad. Muchas veces, la manera de hacer todo ello, puede ser un tanto bravucona y no bien recibida. Tienen que aprender a bajar su intensidad, dejando entrar en su vida a las personas y permitiéndose necesitarlas sin sentirse menos por ello.

Eneatipo 9, conocido como “el pacificador”. Habitualmente, evita los conflictos buscando un acuerdo entre las partes. Esto puede sonar muy bonito, si no fuera porque oculta una incapacidad para ver sus necesidades. Si les preguntas, normalmente, te dicen que todo les parece bien, que ellos se adaptan. Por tanto, deben aprender a mirar adentro, reconocer que es de humanos tener necesidades y que éstas no tienen por qué molestar al entorno.

Raquel Rús
www.eneagramamadrid.es
Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.
raquelrus@hekay.es