¿Por qué funcionan los aceites sagrados egipcios?



La utilidad y efectividad de los aceites sagrados egipcios es indiscutible. Este importante legado de los maestros y sacerdotes egipcios tiene un lugar prominente en el tratamiento y equilibrio energético, es una forma de terapia que se populariza cada vez que alguna persona comprueba su efectividad. Sin embargo, muchos se preguntan cómo el usar una mezcla de aceites puede tener un impacto tan profundo y permanente en el cuerpo y la psiquis. Los aceites sagrados egipcios actúan en diversos niveles y te explicaremos cómo y por qué funcionan.

Todo comienza por la nariz

Uno de los sentidos más descuidados es el olfato. La nariz es capaz de percibir cientos de olores, cada uno de ellos tiene una influencia real y completa en la forma en que te sientes, en cómo te relacionas con el espacio e incluso deja una impronta en la memoria; pero como todo esto ocurre en segundo plano, a un nivel tácito, no estamos conscientes del impacto del olfato en nuestra vida. Además, este sentido está relacionado con la intuición. Solemos decir que una situación “nos huele mal”.

Es el único sentido físico que no pasa directamente por los centros conscientes del cerebro, sino que llegan directamente al sistema límbico, la parte instintiva del cerebro que controla el hipotálamo, el sistema endocrino, las emociones y la memoria. Es decir, no somos capaces de filtrar los olores, sino que son percibidos directamente. No puedes poner resistencia directa a un aroma, por esa misma razón un olor puede desencadenar cientos de respuestas emocionales y de memoria; haciendo que los tratamientos y terapias que utilizan este sentido sean tan poderosos.

Cuando una persona siente un aroma, su cerebro está trabajando para reconocer el entorno químico, la naturaleza de las cosas que emanan alguna sustancia para interactuar con ella. Es una forma mucho más íntima, profunda, de conocer lo que está alrededor, pues con la vista apenas es posible percibir la apariencia, lo exterior, mientras que al oler algo se permite que las moléculas de una sustancia emitida por algo interactúen con las células del sistema olfativo. Con esto, se desencadenan una serie de procesos en distintos niveles. La memoria olfativa es increíblemente poderosa, es capaz de transportarte a otros momentos, de despertar sensaciones físicas y emotivas. En efecto, el vínculo entre las emociones y el olfato es profundo e increíble. Si alguna vez has percibido un  aroma que te ha transportado a tu niñez, sabes de qué hablamos.

Más allá del cuerpo físico

Es posible afirmar que los seres humanos somos criaturas complejas, que están hechas de algo más que el cuerpo físico que percibes con los sentidos. Dependiendo de la escuela de pensamiento o sistema de creencias que se maneje, el número de cuerpos o partes que componen la integridad de la persona humana varía.  Hay quienes consideran que son siete cuerpos, otros hablan de alma y cuerpo físico, pero sin concentrarnos en estos detalles, podemos encontrar un punto medio en el que entendemos que son al menos tres las instancias humanas: un cuerpo físico, un ámbito psicológico y emocional; además de un espacio espiritual, el alma, si se quiere llamar de este modo. Desde esta perspectiva, alcanzar la salud, ocuparnos de sanar y desarrollar cada uno de estos aspectos puede ser una tarea laboriosa, pues hay que seguir terapias y cuidados independientes. Por ejemplo, cuidar la alimentación y hacer ejercicio pueden bastar para ocuparse del cuerpo físico, mientras que habría que ir a terapia para gestionar procesos emocionales.

Los aceites sagrados egipcios ofrecen una forma, en apariencia sencilla, de trabajar con varios de estos ámbitos al mismo tiempo. Esto es posible por la interacción física del aceite, la forma en que el cerebro y el cuerpo reaccionan al aroma, como lo explicamos anteriormente; pero también tiene que ver con la composición energética, la capacidad alquímica de estos aceites.

Al ser procesados siguiendo parámetros y procedimientos especiales, los aceites sagrados egipcios conservan esta capacidad de transportar la energía universal, de abrir las puertas dimensionales para el transporte energético. Los procesos se aceleran, las energías se transforman, los cambios ocurren porque estos aceites operan en un nivel sutil y profundo. Al utilizar estos aceites esenciales se liberan energías, se destruyen bloqueos y se alcanzan resultados.

Hay catorce esencias sagradas egipcias. Siete de ellas trabajan en el plano físico y en los chakras principales, mientras que las otras siete tienen un campo de acción más profundo y espiritual, por lo que se conocen como esencias áuricas. Los siete aceites sagrados físicos son ámbar rojo, musk, jazmín, rosa, ámbar kaschmir, sándalo y loto. Los siete aceites sagrados áuricos son papiro, mirra, incienso, flor del Nilo, agua de oro, carnation y flor de Sakkara. Cada uno de los aceites que trabajan con el plano físico se corresponde a un centro energético en particular, y a su vez éstos se corresponden a uno de los aceites que interactúan con el plano áurico.

El tratamiento con las esencias sagradas de Egipto es único y particular, cada persona requiere una combinación de esencias que se corresponda a las necesidades individuales. Saber cuáles son estas esencias requiere un conocimiento particular, por lo que se recomienda acudir a algún profesional que disponga de las herramientas de diagnóstico necesarias para percibir qué aspectos se deben trabajar y qué necesita desarrollo y atención y que incluso, sea capaz de complementar la labor con otras técnicas, en caso de ser necesario.

Los aceites sagrados egipcios atienden de forma integral todo lo que somos. Y es que estos ámbitos, estas partes, todas están íntimamente ligadas, conectadas por la experiencia y la energía. Cuando se trabaja en un aspecto, los demás también se transforman.

Begoña Ramos
Experta en Crecimiento y Superación Personal.
Tlf. 91 032 77 15  y 635 02 70 42
www.centroreikiesluz.com

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