Neuroestimulación del dermatoma T6 para el tratamiento de la obesidad



“El doctor del futuro no tratará más al ser humano con drogas; curará y prevendrás las enfermedades con la nutrición”
Thomas Edison

Cuando intentamos perder peso, lo primero que hacemos es hacer una dieta hipocalórica que nos aporte menos calorías de las que necesitamos para pasar el día, y de esta forma forzamos a nuestro organismo a recurrir a los depósitos de grasa y transformarla en energía para completar en gasto energético necesario. Si esto lo complementamos con ejercicio la cantidad de energía necesaria aumentará y quemaremos más grasa.

El doctor Yoshinori Nagumo en su libro Un día una comida afirma que nuestros cuerpos no han tenido tiempo de evolucionar para hacer frente a la ingente cantidad de comida que consumimos y que para adelgazar hay que tener sensación de hambre. Es más, afirma que cuando tenemos esta sensación de hambre nuestro cuerpo libera sustancias antienvejecimiento.

Y es aquí donde suele aparecer el primer problema. Este método de adelgazamiento depende en gran parte de la fuerza de voluntad del paciente para seguir la dieta, ya que normalmente la persona tiene sensación de hambre durante todo el día. Esta sensación puede en muchos casos ser psicológica.

¿Y por qué sentimos hambre?

Cuando nuestro estómago está vacío durante mucho tiempo empieza a producir Ghrelina. La ghrelina es una hormona que informa a nuestro cerebro de que debemos alimentarnos. Una vez que hemos comido los niveles de ghrelina comienzan a disminuir.

De esta forma se regula nuestro metabolismo energético. Por eso la ghrelina es conocida como la hormona del hambre.

La cantidad de ghrelina que genera nuestro cuerpo es la responsable del desarrollo de la obesidad, ya que también favorece la acumulación de grasa visceral en la zona abdominal, una de las más peligrosas ya que está asociada al desarrollo de hipertensión arterial, diabetes tipo 2 e hígado graso que aumenta el riesgo de desarrollo de resistencia a la insulina.

Cuando tenemos altas concentraciones de ghrelina nuestro organismo nos incita a consumir grandes cantidades de comida de forma incontrolada. Cuando los niveles de ghrelina bajan, la comida nos interesa mucho menos.

Si pudiéramos ralentizar el tiempo de vaciado de estómago conseguiríamos secretar menos cantidad de ghrelina y por lo tanto no tendríamos sensación de hambre. Esto se ha conseguido mediante la neuroestimulación.

¿Qué es la neuroestimulación?

La neuroestimulación eléctrica percutánea se desarrolló originalmente para tratar la incontinencia urinaria en 1954. Para ello se desarrolló un marcapasos vesical que transmitía impulsos eléctricos al musculo detrusor vesical. Hoy en día se consigue el mismo efecto estimulando el nervio tibial posterior, que actúa como una vía aferente para llevar el impulso eléctrico hasta la raíz medular de S3 y de ahí se transmite al nervio pudendo, que es el responsable de la enervación de los esfínteres.

Posteriormente esta técnica se empezó a utilizar en el tratamiento del dolor crónico, mediante el bloqueo de los impulsos eléctricos que comunican a nuestro cerebro de que algo nos duele, con una estimulación eléctrica medular de alta frecuencia.

Con ello el paciente nota una sensación de hormigueo que se superpone al dolor aportando un alivio inmediato.

Por casualidad se descubrió que dos pacientes con obesidad mórbida, a los que se les implanto un estimulador de medula espinal a nivel de T6-T7 para controlar el dolor lumbar por radiculitis lumbosacra y hernias discales lumbares, experimentaron una pérdida de peso del 20% de su exceso de peso.

Esta disminución de peso estaba asociada a una disminución del apetito sin que los pacientes hubieran realizado ningún tipo de dieta ni practicado ningún ejercicio.

La hipótesis que se formuló es que el estímulo eléctrico produce un reflejo somato anatómico en las vías aferentes que terminan en el nervio vago, que es el encargado de estimular las paredes gástricas produciendo una distensión de fundus gástrico, que conlleva un vaciado más lento del estómago, y por lo tanto el paciente tiene una mayor sensación de saciedad.

Así nació la neuroestimulación del dermatoma T6 para el tratamiento de la obesidad.

Un dermatoma es el área de piel inervada por un solo nervio raquídeo y su ganglio espinal. El Dermatoma T6 es la región situada debajo del esternón, que coincide más o menos con la boca del estómago.

Este tratamiento lo podemos realizar con electroacupuntura, insertando una fina aguja en el área abdominal del dermatoma T6 y aplicando una pequeña corriente eléctrica de bajo voltaje con el electroacupuntor, siempre a tolerancia del paciente, que crea un reflejo somato-autónomo produce una estimulación a través de sus ramas del nervio vago, estimulando la pared gástrica como si fuera un marcapasos gástrico.

Cómo ya hemos visto con la a estimulación eléctrica del dermatoma T6 obtenemos dos beneficios de cara a la pérdida de peso:

  • Retrasar el vaciado del estómago.
  • Disminuir los niveles de ghrelina.

Si esto lo asociamos a la realización de ejercicio físico y a una dieta hipocalórica los resultados son aún mayores. Las personas pueden cumplir perfectamente con la dieta ya que no experimentan sensación de hambre.

Se pueden someter al tratamiento de neuroestimulación del dermatoma T6 todas aquellas personas que están sanas y precisan perder peso, con un IMC (Índice de Masa Corporal) superior a 25, que presentan una continua sensación de hambre y no han obtenido buenos resultados en tratamientos previos de control de peso.

La única contraindicación existente para realzar este tratamiento es que el paciente no sufra afecciones coronarias ni lleve implantado marcapasos u otros dispositivos electrónicos.

El procedimiento es indoloro y consta de 10 sesiones de 30 minutos con periodicidad semanal reforzado con un tratamiento de auriculoterapia y se consigue de media una pérdida de peso de entre 10kg y 12kg por ciclo.

Fernando López Sánchez
Telf. 644 19 11 19
www.madridacupuntura.com
Asociado COFENAT nº 5603


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