Masaje Celular



El masaje celular es una terapia manual sencilla, en ella ponemos nuestras manos sobre la columna vertebral, diferentes zonas de la espalda y la cabeza de la persona suavemente, sin presionar, transmitiendo  frecuencias de energía. Esto permite que la fascia, los tejidos y las células liberen memorias aprendidas, bien de traumas pasados o de patrones que traemos y que están influyendo en nuestra vida. Poco a poco se modifican, dejando aflorar todo nuestro potencial y nuestras verdaderas capacidades.  

En artículos anteriores y en mi último libro publicado: “Masaje Celular”, he contado cómo nace esta terapia en el año 1998 en la residencia ANDE, gracias al trabajo que realizamos allí, con personas con discapacidad intelectual, en muchos casos profunda.

De lo que no he hablado nunca es del miedo con que me presenté allí la tarde de primavera que decidí ser voluntaria en la Fundación. No sabía cómo me iba a afectar el ver a los chicos con graves problemas de psicomotricidad por parálisis cerebral severa, u otros síndromes. Pero según entré por la puerta decidí poner la mejor de mis sonrisas, allí conocí a Miguel Ángel Alfonso con quien comencé esta andadura, y cuando los chicos de la residencia me vieron, sobre todo uno que se vino corriendo a abrazarme, me di cuenta que el miedo desaparecía y se transformaba en verdadero amor para tratar de darles lo mejor de mí. Ellos se convirtieron en mis grandes maestros.

El Masaje Celular nace de La Técnica Metamórfica, pero en lugar de hacerse en las zonas reflejas del pie, de columna vertebral y cabeza, se hace directamente en la espalda y la cabeza. Hoy la considero una terapia independiente, en ella utilizo, también, parte de los conocimientos adquiridos en los años que llevo aplicando la terapia cráneo-sacral y de lo que aprendí en la Liberación somato-emocional.

En el libro que presento hablo, no sólo del Masaje Celular, sino de cómo el medio en el que nos desenvolvemos influye en nuestras células dejando una impronta que heredarán las células hijas en la división celular. También de la gran influencia que tienen nuestra mente y emociones que, a través de los neurotransmisores llega hasta el último rincón del cuerpo, dejando una impronta o patrón de respuesta ante las circunstancias que vivimos. Ese patrón lo podemos traer ya aprendido desde el vientre materno o heredarlo de nuestros ancestros.

También quiero destacar la importancia del estado del terapeuta como intermediario en todo el proceso de cambio. No me refiero al nivel físico sino a su propia paz y serenidad interior, algo muy importante a la hora de realizar mejor la terapia.

Este trabajo ayuda a la persona a conectar su mente y su corazón, por tanto, como terapeutas, debemos trabajar desde nuestro corazón dejando a la mente fuera.

Es muy importante tener conciencia de que formamos parte de un “Todo” y estamos comunicados con ese “Todo”. Como digo en mi libro:

“Todos formamos parte de una sola Esencia, una sola Luz, una sola Fuente”.

Como terapeuta debo atraer la coherencia a mi vida para transmitirla a las personas con las que trabaje. Esa coherencia es contagiosa y gracias a ella podremos conseguir que nuestro corazón y nuestra mente se conecten actuando como uno sólo y dándonos: equilibrio, paz y serenidad.

Carmen Benito
Licenciada en Biología
Directora del Centro de Bioestética Carmen Benito
www.carmenbenitobioestetica.com


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