Los Cinco Elementos de la Naturaleza en Neurodanza: la alquimia del movimiento



Los cuatro elementos de la naturaleza, la tierra, el aire, el agua y el fuego, surgen del quinto elemento o quintaesencia llamado éter. El éter es la conciencia. Los cinco elementos se manifiestan en la naturaleza, en el psiquismo, en la forma de movernos, en la de relacionarnos y en el modo en el que interpretamos la realidad. Los cinco elementos pueden aparecer en exceso, en defecto o en equilibrio, como veremos más adelante.

Las características esenciales de los primeros cuatro elementos aparecen muchos siglos atrás en el taoísmo, en el budismo y en el hinduismo. En Occidente aparecieron en el siglo V a. C. con los filósofos griegos Tales de Mileto, Heráclito, Jenófanes, Anaxímenes y Empédocles, quienes afirmaban que la vida y sus procesos se originaban en cada uno de los cuatro elementos. Posteriormente el paradigma de los cuatro elementos reaparece en los tratados de alquimia de la Edad Media junto a un quinto elemento, el éter.

Los alquimistas concebían los cuatro elementos como fuerzas que se hallaban en el corazón mismo de la materia, más que como sustancias que fueran detectables. Los elementos realizaban el trabajo de la naturaleza, combinándose y recombinándose para crear los distintos tipos de materia existente sobre la Tierra. Los alquimistas afirmaban que cada elemento estaba formado por seres elementales que constituían la esencia espiritual del elemento e incluían un quinto elemento, el éter, que unía a todos los demás dentro del espacio.

Los alquimistas trataban de transmutar el plomo en oro aplicando la piedra filosofal, que era la piedra angular de la sabiduría, de donde nace la Vida. Éste era un fenómeno simbólico que encubría la verdadera realidad de un proceso mayor. Se trataba de que el ser humano fuera capaz de equilibrar las cualidades de los cuatro elementos en su interior con ayuda de las cualidades masculinas y femeninas para convertir el plomo en oro, es decir, para alumbrar a su ser real y vivir desde su naturaleza verdadera e inmortal. El plomo es todo aquel factor que aliena, oscurece al ser humano y le impide brillar.

De acuerdo con los antiguos Vedas, los cuatro textos más antiguos de la literatura india, los cuatro primeros chakras son irradiados por la energía de los cuatro elementos y los tres últimos por la energía del quinto elemento, el éter, que es el que desarrolla la conciencia. Los chakras están conectados en lo físico con las glándulas endocrinas, causantes de nuestras emociones y de nuestras reacciones psicosomáticas. Las emociones hacen que veamos la vida de una manera o de otra, influyen en nuestra forma de movernos y de relacionarnos, y condicionan el tipo de personalidad.

Hemos de saber que la energía con la que cada uno de los cinco elementos puede aparecer en el ser humano es en forma débil, en exceso o en equilibrio. Cuando la energía de los elementos es débil encontramos tres personalidades muy concretas: la víctima, que utiliza la justificación para no avanzar y ve la vida desde el sufrimiento permanente; el verdugo, que utiliza la culpa o la crítica hacia sí mismo o hacia los demás para paralizarse y que observa la vida como algo negativo; y el salvador, que emplea la ayuda al prójimo para no salvarse a sí mismo y estancarse, y que no entiende la vida sin alguien al que salvar.

Cuando la energía de los elementos aparece en exceso, encontramos personalidades como el luchador en permanente combate hacia fuera, que no lucha contra sus defectos y que ve en el entorno una permanente amenaza; el tirano, que impone su verdad a los demás sin ver la mentira en la que se esconde, que cree que su forma de ver la realidad es la que debe imperar y percibe a los demás como sus vasallos; y el iluminado, que alecciona a los demás sin aplicarse esas las lecciones a sí mismo y ve la vida desde su universo paralelo.

Cuando los elementos aparecen en equilibrio encontramos personalidades coherentes, centradas, intuitivas, creativas, eficaces y resolutivas que transmiten amor, voluntad y sabiduría y que contemplan la vida tal cual es y no de manera subjetiva como las personalidades antes mencionadas.

Con respecto al movimiento es interesante destacar que las personas con la energía de los cinco elementos en estado débil se mueven por la vida sin escuchar sus necesidades, con falta de orden y disciplina, son incapaces de poner límites claros, no tienen clara la dirección de su vida, no se arriesgan y no son capaces de superar los obstáculos que la vida les presenta.

Las personas con alguno de los cinco elementos en exceso se mueven con demasiado autocontrol, desde los juicios mentales, imponen su visión, no suelen ver más allá de lo que tienen delante o se pierden en lo que los demás esperan de ellos.

Tanto las personas que presentan debilidad en alguno de los cinco elementos como las que tienen alguno de los elementos en exceso detienen su progreso hacia el triunfo y vuelven una y otra vez al mismo punto de partida. En este sentido, podemos hablar de que tropiezan siempre con la misma piedra. En cambio, las personas que tienen los cinco elementos en equilibrio disfrutan de armonía y prosperidad en todas las áreas de su vida.

Los diferentes tipos de personalidad, la forma de movernos y de relacionarnos, y el modo de ver la realidad quedan de manifiesto en la forma de danzar. No es posible verlos en una danza o en un baile estereotipado y formal como los que conocemos, sino mediante movimientos orgánicos, naturales y llenos de sentido existencial como los ofrecidos por Neurodanza. Estos movimientos equilibran los cinco elementos en el ser humano y permiten que las personas se encuentren consigo mismas, cambien su vida y mejoren su existencia.

Javier de la Sen
Lcdo. en Ciencias de la Educación Física y del Deporte
Terapeuta corporal y transaccional. Creador de Neurodanza
www.neurodanza.es


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