Las 8 mentiras que sueles contarte y no te dejan avanzar



Hay una serie de ideas que parece que, en algún momento de nuestra vida, nos contaron a la mayoría, nos las creímos y resulta que son mentira. Como no nos damos cuenta, porque muchas veces ni nos lo hemos planteado, nos quedamos estancados con ellas. Yo las llamo “pensamientos mágicos”, aunque sería más adecuado llamarlos “pensamientos de un entorno ideal que no ocurrirá jamás” (entendiendo “ideal” como perteneciente al mundo de las ideas). Lo importante es que cuanto antes nos demos cuenta de que están fuera de nuestra realidad, mejor que mejor.

A menudo, en clase o en consulta, salta alguno de ellos, estas últimas semanas he estado apuntando los que he podido ver que son más comunes. A ver con cuántos te identificas:

1. Debería de ser una persona perfecta

En algún lugar de nuestra mente hay un estándar de lo que deberíamos ser, al que, por supuesto, ni llegamos ni llegaremos nunca. Habitualmente está hecho de ideas de la familia o de la sociedad sobre lo que uno “tiene que ser”. Esa presión nos frustra de forma constante, a menudo, desde bien pequeños, y lo más grave es que nos impide apreciar lo que somos. Es como si a muy temprana edad nos informaran de que éramos defectuosos y nos dieran una lista de estándares que debiéramos cumplir. ¿Alguien los cumple? Ya te digo yo que no. Y en el hipotético caso de que alguien lo hiciera ¿sería feliz? Sencillamente imposible. Ser alguien que no eres no hace feliz absolutamente a nadie.

2. No puedo equivocarme

Viene a ser una consecuencia del pensamiento anterior. Si me equivoco demuestro que no soy infalible y, por tanto, que soy humano ¡qué vergüenza! ¡Ah no! Que todos somos humanos, entonces ¿cuál es el problema? Ni idea, por eso para mí es un pensamiento mágico. “El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”, decía Goethe. Así que equivoquémonos, querrá decir que estamos vivos, que estamos haciendo cosas y, muy importante, que si sacamos provecho de la experiencia estamos aprendiendo.

3. Esto no debería de ser así

En algún momento, cuando las cosas se ponen difíciles, solemos quejarnos con amargura porque creemos realmente que la vida debería ser más fácil. ¿Quién nos dijo algo así? Supongo que en casa nos inculcaron que, si éramos buenos, si estudiábamos mucho y si trabajábamos duro nos iría bien en la vida. Y, claro, luego vienen las decepciones. Cuando uno ha hecho todo lo que “debía” y nuestra vida es un desastre. Quizás habría que enseñar a las siguientes generaciones que la vida es como es, impredecible, a veces dura (e incluso muy dura) y que lo único que podemos hacer al respecto es aceptarla, aprovechar las oportunidades que a veces nos cuesta ver, intentar ser nosotros mismos (sin “deberías”) y, en algún momento del camino, ver que todo eso que da miedo y duele es lo mismo que hace que la vida sea una aventura.

4. Las familias de los demás son perfectas

Si hemos nacido en una familia de las llamadas disfuncionales, desestructuradas o atípicas creeremos que somos raros y que todas las demás son ideales. Pensaremos que hemos tenido mala suerte, que los demás tienen familias perfectas, que es la nuestra la rara. Querremos ser “normales”, especialmente en ciertos momentos de nuestra vida. Con este convencimiento nos sentiremos un poco parias, incluso puede que sintamos vergüenza de nuestros orígenes y los ocultemos. La noticia bomba es que no hay familias normales, cada una es un verdadero microcosmos. 

Si de alguna forma fuimos heridos en la infancia por la familia, que es lo normal, independientemente de lo bien que quisieran hacerlo, y lo ocultamos, nos estamos cerrando a poder trascenderlo. Aceptarlo e integrarlo, quizás con la ayuda de algún terapeuta, es la mejor forma de dejar de sufrirlo. Y si nuestra familia es algo diferente, pero nos han amado, protegido, aceptado y alentado ¡celebrémoslo! Eso efectivamente es algo raro, y tremendamente positivo.

5. Si hago cosas para estar seguro, me sentiré seguro

Mentira muy favorecida por algunos anuncios de televisión. Si todo el día estoy buscando qué puede salir mal no conseguiré que todo salga bien, quizás algo sí, pero en el mientras tanto ¿cómo te has sentido? Habitualmente, la gente que busca problemas, lo hace para estar preparado, lo que pasa es que es imposible estar preparado para todo. Es la gracia de la vida, que es impredecible. 

Así que lo que logran es tener un filtro y ven posibles catástrofes donde son improbables, ven ataques donde no hay nada y generan climas de desconfianza en los que uno no se puede relajar. Lo mejor es invertir en generar recursos internos, así surja lo que surja tendremos maneras de afrontarlo y podremos relajarnos.

6. Hay que ser racionales

Pues mira, no. Por más que nuestros antepasados intentaran convencerse de que somos una especie racional, resulta que ahora hasta la ciencia tiene claro que de racionales tenemos lo justito. Somos seres emocionales y sociales. Luego, eso sí, tenemos gran destreza en vender nuestras decisiones como resultado de grandes cavilaciones. No es así, primero manda la emoción y luego el neo córtex inventa razones que encajen. Por eso es tan importante escuchar a las emociones, son mensajes para nosotros, de los importantes, y no hacerlo trae siempre consecuencias y no de las que nos gustan.

7. Si no se habla de algo, no existe

La abuela se casó embarazada, el bisabuelo era un pederasta, mi padre nos abandonó, mi madre no se casó enamorada, los tíos robaron la herencia que nos pertenecía, por las mañanas no quiero levantarme, creo que no merezco nada mejor, no me divorcio por miedo a la soledad, no quiero tener hijos, me abandonaste en mi infancia en casa de los abuelos, tengo miedo a perseguir mis sueños y que me salga mal, así que me quedo en esta vida que odio, cuido a los demás para no cuidarme yo… 

Tantos secretos de familia, tantas emociones que nos hacen sentir incómodos, que como no podemos manejarnos, mejor fingir que no existen. Eso es lo que hacemos muchas veces pensando que es lo mejor, que así no duele. Jung dejó claro que ese pensamiento era una gran mentira al decir aquello de “lo que niegas te somete lo que aceptas te transforma”. 

Aquellos eventos y emociones que ocultamos nos mantienen atados al pasado, consciente o inconscientemente. Así que toca aceptarlos…

8. Está mal enfadarse o estar triste

“Sonríe, que te pones muy feo cuando te enfadas” o “¿Estás llorando por eso? ¡Si no es para tanto!” son frases habituales dirigidas a los niños, con las que les decimos claramente que sus emociones no son correctas. Aprendiendo esto, a tan temprana edad, luego vete tú a decirle a alguien que te diga cómo se siente. En ese momento ves a la persona debatirse entre lo correcto y la verdad. La verdad que nos cuentan nuestros cuerpos y almas a través de las emociones siempre debería de prevalecer. 

Nos enfadamos porque hay algo que cambiar y nos ponemos tristes porque sentimos una desconexión interna o externa con algo. Si no hacemos caso de esas señales y pretendemos estar en una burbuja de felicidad por la razón que sea (por miedo a escucharnos, por miedo a lo que puedan pensar, porque hemos leído que hay que ser siempre positivos para ser más espirituales, etc.) sencillamente estamos negando nuestra sabiduría ¡que la tenemos! ¡y mucha!

¿Hay más mentiras que nos contamos? Muchísimas más. Seguro que mientras leías se te ha ocurrido alguna más. Así que apúntala y recuerda: ¡no es la verdad! Lo mejor para no caer en ellas es aprender a gestionar nuestras emociones, a tomar consciencia de lo inconsciente, a conocernos mejor a nosotros mismos. Dale una oportunidad a ese YO interno que tienes y que quizás no te has atrevido a darle la suficiente atención, ese es digno de ser descubierto no lo dudes ¡ponte a ello!

Raquel Rús
www.raquelrus.es

Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.
raquelrus@hekay.es


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