El laboratorio donde fabricamos nuestra vida



La calidad de nuestra vida, depende enteramente de la Salud, el Bienestar y la Felicidad. ¿No Crees?.

Pues entonces, merece la pena dejarnos de modas y regresar a lo que nos dice el sentido común.

Siempre me ha sorprendido que lo llamemos común, cuando es tan escaso.

Si nos enfocamos en nuestra biología, no será difícil caer en la cuenta de dónde se encuentra “ese laboratorio” en el que se produce la Alquimia de la Vida. Nuestros Intestinos.

Ellos son las raíces de la Madre Naturaleza instalada en nosotros.

¡Cuánto tenemos que aprender de ella!

Cada especia, cada ecosistema, se entrelaza con todo lo que nos rodea y así se sostiene de forma indisociable creando abundancia.

En Los Intestinos, el Mundo Vegetal y el Mundo Animal en sus formas más básicas y primarias os habitan y co-existen de forma muy similar a como lo hicieron al comienzo de la Vida en el Planeta Tierra hace miles de millones de años, y lo siguen haciendo. Nos enseñan de la forma más simple como nuestra vida entera depende de ellos. Fueron las primeras formas de vida y si no fuera por su perfecta simbiosis, nosotros no hubiéramos llegado ni a existir.

Esto sigue sucediendo dentro, siguiendo el mismo diseño de fuera.

Desde la sabiduría ancestral de Tao, se nos advierte: “Cuando lo de fuera no funciona, mira lo que está sucediendo dentro”.

Si nos paramos a pensar lo que estamos haciendo con nuestro Planeta Tierra:

Contaminando sus aguas
Dañando la Tierra
Ensuciando el aire hasta volverlo irrespirable y fuente de enfermedades.

Todas estas pistas son tan elocuentes que no podemos seguir ignorándolas.

La Gran Pregunta es: 

¿Por qué, y sobre todo Para Qué, la Vida nos ofrece este espejo?

¿No será la única manera de despertarnos de nuestra indiferencia?

Miles de formas de vida del mundo vegetal y animal ya han desaparecido por no haberles suministrado un buen entorno habitable. 

Y aquí llegamos al punto clave de este tema: Los Intestinos.

Ese mundo vegetal formado por billones de microvellosidades y habitado también por billones de bacterias y microorganismos, necesitan un lugar de reúna las condiciones  idóneas para su supervivencia. Ese lugar son las paredes del intestino.

Si estas se inflaman, se irritan y se congestionan, dejan de ser un buen lugar, ya que pierden su permeabilidad ideal que supone una barrera de protección para filtrar lo que sí puede entrar en la sangre y lo que no debe ser absorbido.

Estas paredes están formadas por Enterocitos (Células intestinales) que no deben estar expuestos a procesos inflamatorios que expandan su tejido, dejando pasar todo tipo de toxinas y macro-nutrientes sin “digerir” apropiadamente:

Gluten. De los Cereales refinados y sus harinas industriales.
Proteína de los productos Lácteos. Caseína.
Antinutrientes como las, Saponinas, Ácido Fítico, Lectinas, Oxalatos
Glucoalcalodies, procedentes de las verduras Solanáceas (Patata, Tomate, Pimiento, Berenjena)
Peróxidos, utilizados para refinar aceites vegetales.
Alcohol

Todos ellos influyen negativamente en la mucosa intestinal y acaban dañando la permeabilidad de sus paredes. Una vez que esto sucede, la flora intestinal sana disminuye el mismo tiempo que las bacterias gram-negativas van en aumento, se adhieren a la mucosa y la deterioran al incrementarse mucho ciertas sustancias tóxicas derivadas de su propio metabolismo. Además de vulnerar la función de la membrana, tratan de penetrar en el organismo desencadenando muchos procesos inflamatorios e infecciosos.

Este exceso de permeabilidad da lugar a una gran desequilibrio bacteriano, abre el paso a numerosos antígenos y a un gran aumento de la toxicidad en la sangre, que termina minando la resistencia orgánica y afectando al Órgano u órganos más débiles.

El número de síntomas y procesos de enfermedad que se producen directa o indirectamente es interminable.

Bajo mi punto de vista, no existe ninguna enfermedad crónica que no vaya propiciada por esta mala condición y que no mejore al realizar un protocolo destinado a regenerar la calidad de la mucosa y con ello la óptima permeabilidad intestinal, ayudando a recuperar una flora bacteriana saludable y fuerte.

Por supuesto coinciden muchos más detalles de nuestro estilo de vida que influyen negativamente en los Intestinos:

Falta de tiempo para cocinar saludablemente.

Falta de tiempo para comer y masticar lo suficiente (la mayoría de las personas engullen, no mastican).

La digestión comienza en la boca y la saliva altamente alcalina va a determinar cómo los demás jugos digestivos (Gástricos, Pancreáticos y Biliares) se van alternando hasta llegar a crear un clima de ph apropiado en los intestinos, que propicie una buena digestión, absorción y asimilación. Asegurando el producto final que es la Sangre.

El Estrés, daña las paredes mucosas del intestino, al liberarse por parte de nuestro sistema de Defensas, que se siente “en Peligro”, gran cantidad de Citoquinas, moléculas proteicas muy inflamatorias. 

Agotando en el proceso nuestras reserva de Glutaminas, una de las principales fuentes de energía de nuestras células intestinales, los Enterocitos. Y que además actúa como “pegamento” intercelular para mantener la salud y correcta permeabilidad de la mucosa.

Y por último, los alimentos que seleccionamos para nutrirnos o “desnutrirnos”

Todo esto firma parte de un proceso de gran desequilibrio que podemos cambiar y transformar en un proceso de Sanación. 

¿Por dónde empezamos?

1. Dejar de consumir todo lo que potencia los procesos inflamatorios evitando al máximo los productos industrializados, refinados, lácteos, proteínas animales, verduras solanáceas, alcohol y bebidas industriales.

2. Consumir más verduras Fibrosas, como Alcachofas, Apio, Puerro. Sus fibras son fantásticas para arrastrar depósitos intestinales y un maravilloso alimento para nuestras bacterias.

3. Consumir Almidones Resistentes, como el Kuzú, una varita mágica para los intestinos

4. Mucílagos, presentes en el Trigo Sarraceno, Avena, Semillas de Lino, de Chía, de Sésamo.

5. Pectinas, presentes en frutas, zanahorias, calabaza, cuando son cocinadas con su piel y sus semillas.

6. Probióticos. Alimentos fermentados como el las verduras lactofermentadas (Chucrute, Pickles…) Miso, Shoyu, Umeboshi, Natto.

Al regenerar las paredes del intestino y su flora bacteriana, no sólo conseguimos salud, también tendremos más bienestar y seremos más felices, ya que es ahí dónde procesamos el 80% de los neurotransmisores, como la Serotonina, la Dopamina, la Melatonina… que nuestro Sistema Nervioso necesita para ajustarse con facilidad a los ciclos de la Vida.

Os invito a investigar como puede cambiar la vida si se cambian “las tripas”

Mª Rosa Casal
Naturópata & Consultora Macrobiótica.
Directora y Profesora de Escuela de Vida
www.escueladevida.es


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