¿Dónde Buscas Tu Felicidad? La Lección de la Anciana y la Aguja Perdida
Hay una historia muy chula sobre una anciana llamada Rabiya, que era súper querida en su pueblo. La gente la adoraba porque siempre tenía un buen consejo para dar.
Un día, la ven buscando algo en la calle, y claro, todos se acercan a ayudarla.
»¿Qué buscas, Rabiya? ¡Te echamos una mano!», le dicen.
Y ella les cuenta que se le ha caído una aguja. «¡Vaya!», piensan los vecinos, «encontrar una aguja en la calle va a ser misión imposible». Pero como la quieren mucho, se ponen a buscar con ella.
Pasan un buen rato rebuscando entre las piedras, pero nada. Entonces, alguien pregunta:
»Rabiya, ¿no te acuerdas más o menos por dónde se te cayó? Porque la calle es larguísima y se nos va a hacer de noche, ¡y adiós muy buenas!».
Y aquí viene lo bueno. Rabiya les suelta: «Pues la verdad es que la aguja no se me cayó aquí, sino en mi casa».
Los vecinos se quedan a cuadros. «¿Cómo? ¿Entonces qué estamos buscando aquí como tontos?».
Y Rabiya, con una sonrisa de esas que te desarman, les suelta la frase para reflexionar: «Pues eso mismo me pregunto yo. No entiendo por qué siendo tan listos, desperdiciáis esa inteligencia buscando la felicidad donde no la vais a encontrar. ¡La buscáis siempre fuera, en la calle, lejos de vosotros, en lugar de buscarla donde la perdisteis… dentro de vosotros!».
Y ahí los deja, con la boca abierta, mientras se va tranquilamente para su casa.
En plan más cercano: ¿Dónde narices está la felicidad?
Esta fábula es genial porque nos pasa a todos, ¿no? Vamos por la vida buscando la felicidad como si fuera algo que se compra en el súper o que te regalan en Navidad. Pensamos que si tenemos más pasta, o un curro mejor, o una pareja ideal, entonces sí que seremos felices.Es como los vecinos de Rabiya, buscando en la calle algo que estaba en otro sitio. Nos empeñamos en buscar fuera lo que en realidad tenemos dentro.Rabiya nos recuerda que la felicidad no es un «objeto perdido» que vamos a encontrar por ahí. No es algo que dependa de las circunstancias externas. Es más bien un estado interior, una forma de estar en paz contigo mismo, de apreciar lo que tienes y de vivir el presente.
Entonces, ¿cómo encontramos esa «aguja» dentro de nosotros?
Aquí van algunas ideas en plan práctico:
Mírate para adentro: Dedica un rato cada día a estar contigo mismo. Medita, reflexiona, escribe en un diario… Lo que te sirva para conectar con tus emociones y pensamientos.
Acéptate tal como eres: Deja de machacarte por tus defectos y empieza a valorar tus virtudes. Todos tenemos nuestras movidas, ¡y eso es lo que nos hace humanos!
Da las gracias por lo que tienes: En lugar de estar siempre deseando más, fíjate en todas las cosas buenas que ya hay en tu vida. Una familia que te quiere, amigos que te hacen reír, un techo bajo el que dormir…
Sé buena gente (contigo y con los demás): Trátate con cariño y extiende esa amabilidad a los que te rodean. Ayudar a los demás te llena de satisfacción.
Vive el aquí y el ahora: Deja de preocuparte por el futuro y de lamentarte por el pasado. Disfruta de cada momento, de las pequeñas cosas que te hacen feliz.La moraleja de la fábula es clara: no te mates buscando la felicidad fuera. La verdadera felicidad está en tu interior, esperando a que la descubras. Así que, ¡a buscar dentro se ha dicho!
César M.S.
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