Cuando tu pasión se convierte en tu profesión…



Tal vez seas una de esas personas que un día se dan cuenta de que aman hacer algo diferente de lo que están actualmente haciendo. A mi me pasó. Después de estudiar ingeniería (y disfrutarlo también, todo hay que decirlo), me di cuenta de que lo que realmente me gusta hacer es estar con la gente, acompañarlos, compartir. Un día recordé que, estando en el colegio en primaria, era la “ayudante de enfermera” de la profesora, es decir, que cuando alguien se hacía daño, yo le acompañaba a lavarse las manos, la herida, etc. Sin embargo, durante muchos años mi vida transcurrió entre matemáticas y física, entre intentar comprender cómo funcionan las cosas y crear cosas útiles. 

Cuando ahora echo la vista hacia atrás, veo que siempre se mantuvo esa constante de acompañar a personas, desde muchos ámbitos diferntes. Finalmente me atreví: quería ser “terapeuta”. Lo pongo así entre comillas, porque es una palabra tan amplia…. Aprendí algunas técnicas que me cautivaron, me di cuenta de que podía ser realmente útil a algunas personas cuando las aplicaba. Sin embargo, ser “terapeuta” era como un hobby para mi. Una ocupación secundaria a mi ocupación laboral principal. Y es que había una cosa que me martilleaba siempre en la conciencia: la sensación de ser una “impostora”. Al fin y al cabo, yo soy ingeniera de formación. Sí, he hecho muchos cursos de muchas técnicas terapéuticas, he estudiado un Master, y un Doctorado… he estudiado todo lo más que se puede estudiar…A pesar de ello, la sensación de “inseguridad” me llevaba acompañando mucho tiempo. Y creo que no soy muy diferente a los demás. 

Esa sensación, observo que acompaña a muchas personas también. Parece que “el próximo curso” va a ser el definitivo, el que me dé las estrategias que necesito para realmente convertir en mi profesión aquello que amo hacer. Y tras el siguiente, viene otra posibilidad, otra técnica, otro conocimiento… Y mi mente curiosa (e insegura a veces) vuelve a proyectar en ese futuro la posibilidad… Y así, durante años, aprendo, y aprendo, y aprendo… pero sigo sintiendo que “me falta algo”…. 

Un día siento interiormente que sigo siendo una “impostora” porque no estoy haciendo lo que realmente amo hacer, que es cuidar a los demás. Y entonces todo cambia. Porque descubro que no es la técnica la que me da la seguridad, que la técnica es como ese “mapa que me permite explorar el territorio” (gran frase). La seguridad la tengo que encontrar en mi, en la certeza del conocimiento adquirido, y en la certeza interior de que estoy ante un ser humano, no tan diferente a mi mismo. Y descubro entonces que, si tengo el mapa adecuado (el conocimiento), y la actitud adecuada (la tranquilidad interior), todo es posible. Y realmente así es. Todo es posible. Y a partir de ahí, el resto de puertas hay que abrirlas hacia dentro, hacia el interior. Hacia la genuinidad. Hacia la expresión de mi propia autenticidad. ¿cómo? Con aquella herramienta con la que resuene. 

Obviamente, el primer paso, es tener un buen mapa. Algunos mapas son complejos. Algunos son sencillos. Algunos te ponen informaciones redundantes, innecesarias, pero llamativas. Otros van al grano. Algunos tienen palabras, otros sólo símbolos, otros ni eso… En cualquier caso, cada mapa es un recurso que me permite adentrarme en un lugar o, en este caso, acercarme terapéuticamente a una persona. Comprendiendo que el territorio (la persona), es siempre un misterio, que nadie conoce más su cuerpo (o debería) que uno mismo. Comprendiendo que cada uno es responsable de su propia vida, y que mi trabajo es acompañar para descubrir qué tipo de comportamientos-actitudes-hábitos no están alineados con la salud y con la vida. 

La visión electromagnética de la salud es simple. Apenas tiene 4 o 5 conceptos importantes. El resto se derivan lógicamente de ahí. Eso no significa que siempre sea muy sencillo de comprender. Nuestra mente está acostumbrada a valorar como importante lo complicado. La bioquímica es complicada. Los procesos metabólicos implican muchísimas moléculas en un orden preciso… O puedes verlo también como la bella danza de los electrones sosteniendo y expresando la vida. Observar los electrones y fotones y sus movimientos, simplifica enormemente la visión. Porque, finalmente todas esas moléculas que reaccionan, lo hacen intercambiando esos electrones… ¿me hablas de pH? Bueno, puede verse también como el voltaje de una disolución. ¿Antioxidantes? Donadores de electrones. ¿El ATP? La danza de los electrones liberando energía a cada paso, expresando luz… 

Un día decidí poner todo eso por escrito, y en videos. ¿por qué? Porque si a ti también te pasa, si tú también quieres serle útil a los demás, pero sientes que todavía tienes que aprender más, que todavía no tienes todos los recursos que necesitas… por fin los encuentres. Por eso hice el Curso Avanzado de Bioenergía Aplicada a la Salud. Para tener 2 años para acompañarte a abrir las puertas de fuera (del conocimiento externo) y de dentro (del conocimiento de ti mismo y tu genuinidad). Y para que con ello, puedas encontrar una forma segura y eficaz de acompañar a los demás a recuperar su salud.

En este curso aprenderás no sólo la visión electromagnética de la salud, sino también cómo acompañar a las personas (herramientas prácticas y ejercicios) para ponerte delante de otra persona, aprender a preguntar y a escuchar, y guiar al otro en su camino personal de recuperación y optimización de la salud. 

Aprenderás las bases de anatomía, fisiología y fisiopatología, porque ese es el lenguaje común con otras especialidades terapéuticas. También tendrás unas bases de nutrición y de medicina tradicional china. No porque quiera que seamos “todólogos” (es decir, que sepamos mucho de todo), más bien para no caer en la “osadía de la ignorancia”, es decir, que te des cuenta de cuándo algo es un problema.

Así que si esto resuena contigo, aquí tienes el enlace para que puedas formarte. Estaré feliz de acompañarte en tu camino. 

Ana María Olvia
www.energiahumana.es/formacion


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