Ahora sí que vas a entender a tus padres ¡por fin!



Recuerdo perfectamente el momento en el que comprendí el eneatipo de mi madre. Fue uno de esos instantes de conexión total en los que sientes que se abre el cielo, baja una luz y recibes la iluminación que llevabas años buscando. A continuación sólo puedes pensar “Ahhhhh ¡era por eso!” y, a partir de ahí, tienes la sensación de que se recoloca todo, algo que nunca comprendiste del todo, por fin tiene su lugar. Y descansas. Dejas de luchar, ya no intentas que nada cambie, sólo tienes espacio para la apreciación, la comprensión y la aceptación. Fue uno de esos momentos que cambian las relaciones familiares.

¿Te ha sonado a chino el término “eneatipo”? Hay un sistema llamado Eneagrama que divide en nueve los tipos de personalidad. Gracias a él podemos conocernos mejor, a nosotros y a los demás. Pasamos por la vida viendo todo con un filtro, el nuestro, y juzgamos todo lo que se nos pone delante (tanto personas como situaciones) en función de él. Conocer el Eneagrama es como quitarte las gafas, mirar alrededor y darte cuenta de que hay nueve colores distintos para ver la realidad, tan válidos como el tuyo. Cuanto más estudias, más se aclara todo y menos ves con tu tonalidad para ir hacia algo más neutro. Siguiendo con este ejemplo pongamos que tu color es el verde, el de tu madre es azul y el de tu padre rojo. Lógicamente ahí comienzan muchas incomprensiones familiares ¿Cómo vamos a ponernos de acuerdo si partimos de bases distintas?

Para que puedas identificar el eneatipo de tus padres voy a contarte un poco de cómo es cada uno. Eso te va a dar las pistas que siempre buscaste. Para hacerlo usaré el término “padre” o “hijo” en su forma neutra, no en el masculino.

Eneatipo 1
Un padre del eneatipo 1 suele tener una importante voz de mando. Dice lo que hay que hacer y lo explica habitualmente como si fuera “LA” verdad. El hijo puede estar un tanto cansado de que siempre vean lo que no está bien de lo que hace y se le exija constante superación. Su intención, seguro que habrá sido motivadora, aunque a veces no haya conseguido que se viera así. Quizás no haya sido un padre con gran paciencia, aunque sí con buenos consejos y un gran sentido de la justicia.

Eneatipo 2
El hijo de este eneatipo probablemente no habrá echado en falta el contacto físico, que le dediquen tiempo o escuchen. También puede que estos padres hayan usado el chantaje, sobrepasado los límites de su intimidad (como esos padres que abren la puerta de la habitación de sus hijos adolescentes sin llamar o leen sus diarios) o que les cueste aceptar que los niños ya no son sus niños y que como adultos necesitan independencia, espacio propio e intimidad. Desean ganarse el amor de sus hijos, aunque a veces se les vaya de las manos.

Eneatipo 3
Este padre intentará que los pequeños sean socialmente correctos. Pondrá especial atención en las convenciones más aceptadas asegurándose de que digan “gracias”, den besos a quienes ellos consideren, vayan adecuadamente vestidos para cada ocasión o saquen buenas notas. Quizás el nivel de exigencia, en ese sentido, no les permita escuchar adecuadamente las necesidades más profundas de los más pequeños.Todo esto pueden decirlo en un ambiente cariñoso y motivador, aunque pueda sentirse una cierta desconexión.

Eneatipo 4
Puede jugar como un niño más, inventar historias fantasiosas, ser divertido y cariñoso. Le costará poner normas en casa y estará abierto y contento si el hijo elige una profesión creativa. Al crecer, uno puede echar de menos que su progenitor no sea más adulto, más disciplinado y que por ello se sienta víctima de los acontecimientos. Si el padre no está muy centrado, puede intentar competir con el hijo por la atención familiar. Padres e hijos podrán tener charlas profundas sobre sus estados de ánimo de manera natural.

Eneatipo 5
Le cuesta entrar en los juegos infantiles, puede que su forma de relacionarse con los más pequeños haya sido enseñándoles a hacer algo: un juego de ordenador, diferenciar a los animales de la selva o aprenderse el nombre de los huesos del cuerpo. Sus hijos pueden echar en falta el contacto físico y una comunicación fluida sobre cómo se siente cada uno internamente (ya cuando son adultos). Pueden compensar todo ello con dinero, siendo atentos, respetando sus espacios y dándoles consejos muy prácticos.

Eneatipo 6
Suelen ser padres disciplinados que muestran gran preocupación por el futuro y la seguridad de sus hijos. Desean que tengan un trabajo fijo, que no hagan deportes de riesgo, que saquen sus estudios bien (no para lucirse, para que tengan más posibilidades de colocarse) o que no salgan hasta demasiado tarde (no por falta de confianza en ellos sino en lo que pueda pasar). Esta actitud de alerta permanente puede ser un tanto agotadora y agobiante. El seis difícilmente olvidará un evento importante y atenderá a razones cuando se le expliquen.

Eneatipo 7
Quieren todo rápido y ya. Eso puede ser un problema cuando se trata de niños, que tienen su propio ritmo. Quizás sean padres que para hacer todo más rápido hacen las cosas por sus hijos (el eneatipo dos también puede hacer cosas por sus hijos que no le corresponden, si quieren que crezcan, pero lo harán con la intención de cuidarlos no por el tiempo). Les falta paciencia que compensan con optimismo, gran capacidad de juego y asombro. Puede costarles reconocer sus equivocaciones y evitan conversaciones al respecto. 

Eneatipo 8
Es protector, a veces en exceso (el típico padre que se presenta en el cole y pregunta a tu mayor enemigo en clase qué ha pasado, algo bien intencionado aunque terriblemente incómodo). Es posible que cuando el hijo se queje de algo tienda a quitarle importancia y a decirle que tiene que ser fuerte. Algo que puede ser recibido como si sus sentimientos no importaran y como un exceso de dureza. Lo que quiere de verdad es prepararle para lo que se pueda encontrar “ahí fuera”. Puede ser muy cariñoso, confiable y sincero (quizás demasiado).

Eneatipo 9
Son padres tiernos, juguetones y alegres. Tanto que evitan el confrontamiento a toda costa, con lo que el hijo puede que no se sienta defendido de las injusticias o que crea que no se da suficiente importancia a eventos que le afectan. Por ejemplo, cuando se le pregunte a quién da la razón en una discusión casera intentará dársela a todos y tampoco irá a reclamar si hay problemas en el colegio (aconsejará que se deje pasar). Puede que sean bastante permisivos y que luego tenga que llegar la pareja para imponer algo de disciplina.

¿Has identificado ya a tus padres? Quizás con estas pistas lo hayas visto muy fácil o puede que tengas muy claro a qué eneatipo pertenecen otras personas, pero ellos no. Déjalo reposar. A veces, ver el tipo de personalidad de los que tenemos más cerca es lo más difícil. Cuando lo logres vas a comprender muchas cosas, verás que ellos son así y que es imposible exigir que cambien, que les juzgas basándote en tu propia manera de ver la vida.

Llegar a ese punto y aceptar a tu familia es una base maravillosa para llegar a conocer de verdad a las personas que son, independientemente de su rol en nuestra vida, para comprender sus verdaderas intenciones (que suelen ser buenas aunque mal expresadas a veces) y para liberarte de la necesidad de que sean otros. Todo eso da mucha, mucha paz interior.

Raquel Rús
www.eneagramamadrid.es
raquelrus@hekay.es

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