Yo, Sanarse y Ser



En mi periplo como terapeuta, mentor, asesor o analista de la estructura de la identidad – esa labor no puede tener  un nombre fijo porque no se basa en “algo”- he trabajado con cientos o miles de personas desde una vía terapéutica, para acompañarles en un camino de reducción de la angustia, el sufrimiento y la repetición del conflicto. Y habitualmente puede funcionar, con sus límites.

Pero algunas personas vienen motivadas por una búsqueda espiritual,  provocada por mil causas sagradas. Esas sesiones no son terapéuticas, son iniciáticas. Esas las disfrutamos ambos más. Nos llevan más lejos. No nos basamos en el conflicto, sino en las grandes cualidades y certezas del existir.

Existe un punto de vista basado en la naturaleza real de las cosas, un punto de vista místico o divino que está en un plano superior de la conciencia y que podemos llamar el punto de vista Absoluto. Este punto de vista contiene al otro, al terapéutico y, sin embargo, lo supera. Todos nosotros accedemos –de hecho, somos-  ese punto de vista y siempre se está produciendo aunque no podamos verlo porque nuestro sistema no esté preparado para percibirlo conscientemente. Es como si estuviéramos llamando por teléfono a un amigo para preguntarle dónde está nuestro teléfono, que no lo encontramos. Y no lo encontramos porque estamos hablando con él. Como buscar por toda la habitación un sombrero que llevamos puesto. Ese modo de ser, que es el que todos creemos ser, es el delirio de creer que soy fulanito de tal, que ha tenido tal o cuál historia personal y que vengo de allí para ir hacia allá, que tengo que solucionar este problema y que tengo que cambiar para ser de esta otra determinada manera, que quiero alcanzar esta cosa o esta otra y vivir así o asá. Eso es verdad desde un punto de vista relativo, pero hay una verdad más grande y más autoabarcante que esa. El punto de vista relativo crea muchos problemas que directamente no existen cuando uno se vive desde un punto de vista absoluto. Cada trauma, cada problema, cada conflicto, no son más que los gritos del Alma intentando acercarse a una trascendencia personal. La mente relativa nos tiene atrapados porque su utilidad es alta en el modo de vida cotidiana. Lo que pasa es que esa mente, que es siempre utilitaria, está  siempre subordinada a un objetivo y no puede captar totalidades, solo partes. La mente relativa es un medio para controlar las cosas. El problema es que en muchos casos es ella la que crea los problemas. Cuando uno problema no tiene solución, como un dolor que no puedo eliminar, lo más probable es que la mente cree más problemas que los que solucione. Como decía el Chamán, recuerden que el dolor es solo dolor y que el sufrimiento es lo que la mente hace con el dolor.

El pensamiento es un juego de metáforas sobre la realidad. Toda la percepción relativa está basada en que la captación del mundo se realiza desde la experiencia del pasado y es esclava de lo que ya creo saber. En el mundo de lo Absoluto, todo lo que soy, ya lo soy, aunque mi nivel de conocimiento no lo pueda captar todavía porque no estamos sintonizados en el punto de vista absoluto, estoy sugestionado por el pasado, por la educación recibida y el paradigma cognitivo habitual para vivir en un nivel inferior. Creo que soy alguien, pero en realidad, soy Otro.

La verdadera identidad es un misterio a gritos, oculto pero a la vista, que no podemos ver porque la conciencia, la educación y la sociedad me induce a vivir en ese nivel y es lo que he aprendido como normal. Sin embargo, la realidad Absoluta está siempre plenamente presente aunque vivo creyendo que yo soy otra cosa. Es como las ondas de radio, que siempre están ahí, emitiéndose, aunque necesito un transistor para poder captar todas las ondas que ya están en el espectro sonoro. Lo gracioso es que el transistor siempre ha estado allí, captándolo todo, sin embargo no teníamos el volumen subido. El camino no es ir hacia algo que no está, sino acercarme cada vez más a lo que siempre he sido. Solo es un proceso de reconocimiento, de recuerdo o de alineación con lo que ya existe. Como si  estuviéramos soñando una pesadilla en la que nos encontramos perseguidos y buscamos una salida dentro del sueño. La solución relativa es encontrar una salida o poder esconderme de aquello que me persigue. Sin embargo, la solución absoluta es simplemente despertarme del sueño. Ahí todo el problema se resuelve de golpe y se produce un alivio total. No es necesario buscar una solución porque te das cuenta de que el problema nunca fue real. La solución absoluta elimina cualquier problema que exista en el punto de vista relativo. Desde fuera, parece que no ha cambiado nada y que la persona sigue siendo tan normal como antes. Desde dentro, la vivencia es absolutamente diferente.

Una de mis propias reglas universales con las que me explico lo inexplicable es que aquello en lo que ponemos la atención se incrementa de modo directamente proporcional con la cantidad de atención que le preste. Por eso nuestra noción de realidad relativa, a medida que la vamos percibiendo más y más, se va cristalizando y llega un momento en que parece imposible que pueda ser de otra manera. ¿Pero qué pasa cuando la atención se mueve hacía la captación de otros niveles, presentes pero no percibidos? ¿Qué ocurre cuando la atención se va a captar -en vez de los objetos que existen el mundo- al perceptor de esos objetos? ¿Qué pasa si busco en el centro, en el origen central del yo, en la esencia de ser? ¿Qué pasa si dejo de estar atento a las formas exteriores y a todas mis ideas, y me concentro en la inteligencia despierta que está silenciosa mientras observa? ¿Qué pasa cuando pongo la atención en la atención?

Todo aquello que pienso, no es más que pensamiento. La música en la que pienso no es escuchar la música. La experiencia es diferente del pensamiento de la experiencia. El pensamiento no es la cosa a la que se refiere. Del mismo modo, todo aquello que percibo en el exterior, no es más que yo percibiéndome a mí mismo. Solo es una metáfora, un juego de signos, una metáfora de mi. Cualquier cosa que acontece en el espacio de mi percepción, es evidente que soy yo percibiéndola. Desde el punto de vista relativo, las cosas parecen separadas, pero desde el punto de vista absoluto, las cosas solo existen en relación sobre otras cosas. Todo es fragmento de una realidad superior. Toda forma no es más que definida por el fondo que la contiene, por los limites con los que mi mente la recorta. Si tú y una mosca y tu perro estáis en la misma habitación, cada uno de esos seres percibe una habitación diferente, ¿cuántas habitaciones hay? Es evidente que la percepción de la mosca, del perro y la tuya son completamente diferentes con respecto a la habitación. Sin embargo, todas son reales desde el punto de vista relativo. ¿Pero existe una habitación absoluta? ¿Hay una verdad más grande que contenga  la verdad relativa y personal que cada uno de los seres percibe?

Lo que somos en profundidad, o ya lo somos o no lo somos. Uno puede decir que somos Conciencia, Amor, Dicha. Podemos decir que somos todo. Podemos decir que somos nada. Podemos decir que todo es Uno. Pero es un error creer que somos alguien. Podemos decir que todo está dentro de nosotros. Podemos decir que todo está fuera de quién somos. Todas esas afirmaciones, desde el punto de vista absoluto, son correctas. Esa es la gran complejidad de esta explicación. La vía iniciática no puede ser explicada, solo puede ser experimentada. La vía iniciática se refiere a una no-cosa y al explicarla parece que no tiene sentido. Las grandes enseñanzas solo se pueden enseñar con una contradicción. Con dos opuestos simultáneos anulándose entre sí para provocar el silencio sobre el que se recibe el sonido. Como si decimos que el tiempo es un instante eterno, una contradicción totalmente verdadera. Cuando tenemos que enseñar la vía superior, podemos decir mil palabras, pero solo en la mente fecunda ese mensaje se hará comprensión. En el resto, creerán que lo entiendan, pero solo desde dónde estén.

Cuando el centro de la identidad se trasforma desde la personalidad individual a la identidad Universal, se produce un cambio espectacular en la vivencia de todos los aspectos de la vida. Todas las formas y contenidos de la realidad son aspectos creados por la propia mente. El mundo real es el cuerpo de tu mente universal. Toda la realidad, de alguna manera, la creas tu y, simultáneamente, no tienes ninguna importancia ni responsabilidad en absoluto sobre ella. El mundo que ves es un mundo humano dentro de tu propia humanidad de ser. Es como si el todo fuera contenido en cada una de las partes, definido por la propia parte hasta que la parte se da cuenta de que no es tal y, entonces la parte se rompe y el todo irrumpe en el todo.

Hasta que no se asume la identidad universal que siempre eres, no se puede uno liberar de la esclavitud y del victimismo de la mente dual, de la mente relativa, de la mente del “yo”, de la pesadilla.

Por eso hay dos maneras de desarrollarse personalmente, dos maneras de vivir la propia evolución, dos maneras de hacer sanación.

  1. Una va de un sufrimiento egóico mayor a un sufrimiento egóico menor. Esto es terapia.
  2. La otra elimina el sufrimiento eliminando al que lo sufre. Porque, en realidad, ese personaje solo era un subproducto el propio sufrimiento. Esto es Iniciación.

Mariano Alameda
Sesiones de Identidad y Trascendencia.
Estudio Evolutivo de la Personalidad.
www.centronagual.es

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