Tal como pensamos somos, vivimos y actuamos

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El tema de este artículo, al igual que muchos otros, se puede ver y oír a diario en las emisiones de Alternativa RTV por TDT, Radio e Internet. www.AlternativaRTV.eu

Nuestro lenguaje es un lenguaje de imágenes donde cada imagen muestra nuestro estado de conciencia. Día tras día pasan por nuestro cerebro muchísimos pensamientos y, tal como los pensamientos pasan por nuestra cabeza, pasan también las imágenes a través de nosotros y marcan nuestra estructura celular. Ya en la mayoría de los casos vivimos de forma inconsciente, captamos poco de nuestro propio lenguaje de imágenes y de este modo dejamos pasar sin aprovechar muchas oportunidades, que podrían servirnos para reconocer quienes somos realmente.

Vivir conscientemente significa juntar en el instante las fuerzas de nuestra consciencia, para estar plenamente, por lo que hay que abordar en el momento presente. Vivir conscientemente significa, por tanto, vivir concentrado.

Si nuestra vida transcurre de forma más consciente, captamos rápidamente cuando hay pensamientos que nos asedian y que llaman a la puerta de nuestra concentración para comunicarnos algo. Entonces deberíamos detenernos, dejar surgir los pensamientos y mirar detenidamente nuestro mundo de pensamientos, pues ellos vienen y se nos muestran en imágenes. Estas imágenes las hemos creado nosotros, son una parte de nuestra vida y de este modo podemos reconocer quienes somos. Si aprovechamos la energía que nos regala cada día, para purificar lo que ese mismo día hay que purificar, se amplía nuestra consciencia.

También los pensamientos que llegan a nosotros pueden partir de nuestros semejantes, pero estos son sin embargo pensamientos fugaces, que no nos alteran pero que pueden decirnos algo, pues no existe la casualidad. En cambio, si ellos constantemente llaman a la puerta de nuestra concentración, es que hay algo en nosotros que debería ser mirado y luego quizás purificado, es decir arreglado.

Pensamientos, sensaciones o sentimientos pueden también partir de nuestra consciencia espiritual desarrollada actual, es decir impulsos que quieren estimularnos a que sigamos desarrollándonos, quitando lo que limita y carga aún nuestra alma. También estos pensamientos o sentimientos llaman a la puerta de la concentración y se presentan para ser purificados. Detengámonos y captemos las imágenes. ¿Qué quieren decirnos?, eso hay que purificarlo.

Estamos en la escuela de vida Tierra y la energía del día trae a cada uno individualmente, las tareas que para él hay pendientes. Así nos encontramos con nuestros propios componentes humanos día a día. Lo humano es nuestro yo inferior que hay que transformar, de este modo encontramos el camino a nuestro verdadero Yo divino y así a nuestra herencia divina.

Vemos por tanto que todo el infinito está formado por emitir y recibir. Hacia nosotros se emite y nosotros recibimos. Nosotros emitimos y recibimos. Todo el Universo es una enorme red de comunicación, a la que cada uno de nosotros está incorporado. Cada cual, en definitiva, se emite a sí mismo lo que él es, su forma de sentir, pensar, hablar y actuar.

Hagámonos conscientes de que cada uno de nosotros emite solamente su propio potencial de emisión, que está formado por nuestras sensaciones, pensamientos, palabras y actos. Así estamos en comunicación con los astros, pero únicamente con nuestro propio potencial de emisión, siendo nosotros mismos nuestro propio potencial de emisión: Así vibramos, así pensamos, así vivimos y así actuamos. También éste lo forma nuestro ritmo corporal y así vibra también cada célula de nuestro cuerpo.

Lo que emitimos lo introducimos en nuestra alma y en los correspondientes planetas de registro, en este caso en el computador causal y desde el computador causal regresa a través de nuestra alma, a través de nuestras sensaciones y pensamientos. De este modo nuestros sentimientos, sensaciones, pensamientos, palabras y actos son los que nos advierten sobre nosotros mismos. Por eso deberíamos estar alertas, para darnos cuenta y para captar lo que quieran decirnos sobre nosotros.

Nuestro cuerpo es, en cierto modo, un cuerpo de sonidos. Con nuestros sentimientos, sensaciones, palabras y actos afinamos el cuerpo de sonidos hombre. ¿Queremos saber cómo sonamos? ¡Escuchemos lo que pensamos y decimos! Entonces sabremos como sonamos.

Dios es armonía. Dios es sinfonía eterna, sonido cósmico eterno. Si nuestro cuerpo de sonidos es uno con la sinfonía Dios, nuestra alma está en el SER. Si nuestro cuerpo es desarmonioso, si nuestros ritmos son bruscos, punzantes, si nos falta el equilibrio y somos desarmoniosos, no estamos en armonía con el eterno SER, entonces tocamos nuestro propio violín.

Del libro: “Las grandes enseñanzas cósmicas de Jesús de Nazaret”
www.editorialgabriele.com
Mª José Navarro

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