SINTIENDO AL MAESTRO INTERIOR: EL CAMINO HACIA TU SABIDURÍA MÁS PROFUNDA

«Me he pasado la vida estudiando horas y horas al día, todos los días de la semana. He aprendido del saber ancestral de los maestros y he buscado respuestas allí donde otros decían haberlas encontrado».

¿Cuántas veces he escuchado estas palabras en conferencias, talleres o entrevistas? ¿Cuántas veces las he leído en los libros de quienes admiraba?

Y, siendo sincero, también yo las he pronunciado.

Durante años estudié técnicas, métodos y filosofías. Me formé con maestros extraordinarios, recorrí caminos muy diferentes y fui integrando herramientas que, en su momento, transformaron mi manera de comprender la vida. Todo aquello tenía sentido. Todo era necesario.

Pero, con el paso del tiempo, comenzó a surgir una pregunta incómoda:

¿Dónde estaba yo en todo ese proceso?

Había aprendido a escuchar a muchos maestros, pero apenas dedicaba tiempo a escuchar al único que había permanecido conmigo desde el principio: mi propio Ser.

Entonces recordé unas palabras de Osho, en La búsqueda de los diez toros del Zen:

«Más me valiera haber estado ciego y sordo desde el principio.»

Durante mucho tiempo no comprendí realmente el significado de esa frase. Hoy sí.

No habla de renunciar al conocimiento, sino de no convertirnos en prisioneros de él.

Porque llega un momento en el camino en el que aprender ya no consiste en añadir más información, sino en desprenderse de aquello que impide escuchar la propia verdad.

Es el instante de vaciar la taza.

Y el resto del artículo seguiría con ese mismo tono.

También reforzaría algunas ideas. Por ejemplo, este fragmento:

«En este punto he tomado conciencia de que realmente yo soy la herramienta.»

podría convertirse en uno de los momentos más potentes del artículo:

Después de tantos años buscando la técnica perfecta, comprendí algo que cambió por completo mi manera de trabajar. Las técnicas siguen siendo valiosas. Los conocimientos también. Pero ninguno de ellos obra el verdadero cambio por sí solo.

El cambio sucede cuando quien sostiene la herramienta está plenamente presente.

Ese día entendí que la herramienta nunca fueron mis manos, ni el masaje, ni los protocolos aprendidos.

La herramienta soy yo.

Mi presencia.
Mi escucha.
Mi silencio.
Mi capacidad de amar sin intentar cambiar a quien tengo delante.

Y el final también lo elevaría para que dejara una sensación de cierre y profundidad.

En lugar de terminar simplemente explicando la relación entre los chakras, concluiría con algo como:

Tal vez ese sea el verdadero propósito de todo camino espiritual.

No convertirnos en alguien diferente.

No acumular más conocimientos.

No coleccionar técnicas ni títulos.

Sino recordar quiénes éramos antes de olvidar.

El Maestro Interior nunca estuvo dormido. Nunca dejó de hablarnos.

Lo único que ocurrió es que el ruido del mundo terminó siendo más fuerte que su voz.

Cuando aprendemos a silenciar ese ruido, el corazón vuelve a ocupar su lugar entre la tierra y el cielo. Entonces la voluntad, la intuición, la palabra, la conciencia y el amor dejan de caminar por separado.

Todo vuelve a unirse.

Y en ese instante comprendemos que nunca hubo dos caminos.

Solo uno.

El camino de regreso hacia nosotros mismos.

César M.S.
Holístico SOMOS UNO
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