Sintiendo al Maestro Interior



“Me he pasado la vida estudiando horas y horas al día, todos los días de la semana. He aprendido del saber ancestral de los maestros y buscado las respuestas”.

Cuántas veces he escuchado estas palabras en conferencias a las que he asistido, o las he leído en algún libro.

Yo misma lo he dicho en alguno de mis artículos, que he aprendido muchas técnicas hasta desarrollar aquello que verdaderamente me gusta. Pero ¿dónde me quedé yo en todo este proceso?

Cómo decía Osho en su “Búsqueda de los Diez Toros del Zen”:

“Más me valiera haber estado ciego y sordo desde el principio”.

Pero en todo este camino no debemos olvidar al maestro que de verdad nos guía: a nosotros mismos. No busquemos sólo las huellas de otros, ha llegado el momento de vaciar la taza.

Siento que estoy llegando al final de mi segundo ciclo. El primero fue hasta los treinta años, durante este período desarrollé mis estudios, formé mi familia, y a esa edad, empecé a buscar mi don, aquello en lo que quería trabajar. El segundo han sido los treinta años siguientes aprendiendo diferentes terapias y desarrollando mi forma personal de trabajo. A partir de ahora, lo que de verdad deseo, es vaciarme de todo, dejando por fin que mi Ser se manifieste.

Os puedo asegurar que esto no me pasa sólo a mí, nos pasa a todos. Lees muchos libros de auto ayuda, de investigación, de ciencia o de desarrollo interior hasta que llegas a ese punto en el que te das cuenta de que todo lo que de verdad te sirve siempre estuvo contigo, era tu propia intuición, tu sabiduría.

Son muchas las herramientas aprendidas que me han traído hasta aquí, pero ahora mismo la más útil de todas es escuchar desde el corazón y sentir lo que mis manos quieren hacer. En este punto he tomado conciencia de que realmente “yo soy la herramienta”.

Cuando seguimos las huellas de otros no somos conscientes de que entre esas huellas también están las nuestras, entrelazadas, mezcladas a lo largo de la historia.

No sirve de nada pensar que hemos descubierto algo nuevo, ¿realmente es así? Yo creo que más bien hemos evocado algo que ya estuvo integrado antes en nuestra vida, que viene como parte de nuestro subconsciente o como conocimiento adquirido a través de esa conciencia de especie que nos une.

¿No os ha pasado que cuando empezáis a pensar que hay una idea nueva en vuestra cabeza, descubrís a vuestro alrededor que otros muchos están trabajando en lo mismo?

Es curioso cómo todos estamos conectados, no podemos vivir aislados de los demás, ninguna especie lo hace. Vivimos tan conectados que nos hacemos uno. 

Si integramos esa idea en nuestro subconsciente veremos el amplio potencial de cambiar las cosas que tenemos. Cuando en mis cursos explico a los alumnos la “teoría del mono cien”, en la que a partir de un número de individuos de la especie que aprenden algo nuevo, ese conocimiento resuena en la conciencia de especie, hasta el punto de que la siguiente generación nacerá con el conocimiento ya integrado, les muestro el gran poder que tenemos para transformar nuestra vida y nuestro entorno.

Acceder a ese conocimiento es utilizar de otra manera el cerebro, el corazón y el plexo solar. Si los abrimos para que integren la información, vemos que el plexo solar tiene la fuerza, la voluntad que impulsa el cambio. La cabeza dirige la visión de lo que queremos crear y el corazón a través del amor incondicional es capaz de provocar el cambio.

Cuando nos abrimos a los demás, nos damos cuenta de que ninguno es maestro del otro, todos formamos parte del intercambio. Yo aprendo y a la par enseño, porque cada uno vemos una parte de la historia, pero tengo que estar dispuesto a escuchar la parte que ve el otro.

Vivir la vida como nos llega cada día, sin juzgar las circunstancias, nos ayuda a ver con claridad lo que está fallando. Normalmente, eso que está fallando, son los patrones que traemos aprendidos y grabados a fuego en nuestro subconsciente. Para conseguir la felicidad y la paz que todos deseamos alcanzar, debemos permitir que tanto nuestra mente como nuestro corazón, nuestro consciente como el subconsciente recorran el camino de la vida cogidos de la mano.

Cuando trabajo con el Masaje Celular los primeros minutos los dedico a tratar de equilibrar los chakras de la persona. No es que yo tenga poderes especiales capaces de actuar sobre esas maravillosas ruedas de energía que conectan nuestro cuerpo físico con nuestro cuerpo vital, pero sentir su energía y transmitirles amor a través de las manos, hace que la persona se relaje y, esa frecuencia de serenidad se va contagiando poco a poco a todas las células.

Los chakras inferiores, tanto el primero que nos conecta con la tierra, el segundo que actúa sobre las gónadas y el tercero que es nuestro plexo solar, van a conectarnos con nuestra biología, con lo más físico. Si el segundo está en armonía, el deseo y la pasión que pongamos en todo lo que hagamos, nos permitirá dar a luz toda nuestra creación. Pero la fuerza y la voluntad para trabajar en ello irán de la mano del plexo solar. 

Los tres chakras superiores son los encargados de nuestra consciencia, el quinto chakra, el de garganta, es la expresión verbal del pensamiento, la comunicación de las ideas. El sexto es nuestra percepción e intuición, nuestra sabiduría. El séptimo chakra nos abre al conocimiento de nosotros mismos, de nuestra Consciencia Trascendental y nuestra comunión con todo.

En medio de los tres, el cuarto chakra, el del corazón, él une la tierra y el cielo, la forma y la energía, es el amor incondicional que nos ayuda a transmutar todo lo demás.

Por eso en el masaje celular me gusta tanto, al principio como al final, dedicar un tiempo a sentirlos, conectando al primero con el último: la tierra y el cielo. Al segundo con el sexto: la creación y su idea, el plano y la construcción. Después el quinto y el tercero, la expresión de la idea y la voluntad de crearla. Y nos quedaríamos por último en el cuarto chakra, el de corazón, el que nos permite unir todo: consciente y subconsciente, femenino y masculino, en definitiva, ser uno con todo, sacando al verdadero Maestro Interior.

Carmen Benito.
Directora del Centro de Bioestética Carmen Benito
www.carmenbenitobioestetica.com


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