SER PROPIEDAD DE

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Me reconozco defensora del modelo tradicional, de la esencia del modelo tradicional de familia, porque no nos engañemos, la crianza de los hijos y la vida en general, es mucho mas rica cuando se comparte.

Pareja significa conjunto de dos elementos de la misma clase, dos seres humanos crean una pareja y la relación es el puente que actúa de conexión, de modo que, si uno de esos dos pilares que sustentan el puente cae, el puente de la relación se viene abajo.

Pues bien, si tenemos esto claro, no es difícil entender que el equilibrio de esos dos pilares depende de su propio trabajo y coherencia individual y que, el mantenimiento de este puente es la consecuencia de lo que se comparte con el otro, la comunicación, el respeto y los actos de amor.

Las generaciones y la propia evolución social nos han hecho ir cambiando los puntos de interés individual y colectivo en nuestras vidas y sobre todo en nuestras relaciones. Si hace unas décadas el objetivo de nuestra vida adulta era formar equipo con otro ser humano del sexo opuesto para asegurarnos la supervivencia, generación tras generación los moldes fueron cambiando como resultado de tener las necesidades básicas cubiertas, hacia un interés de crecimiento más individual, cada vez mas enfocado en el Ser y no tanto en el Tener. Sería de locos pensar que nuestras bisabuelas pensasen en su crecimiento espiritual cuando dedicaban todas sus capacidades a criar hijos y sostener el ambiente del hogar, acompañadas de bisabuelos que proveían de alimento y los recursos económicos necesarios para llevar una mas o menos modesta vida.

Y entonces, si somos conscientes de que en nuestro siglo, de forma individual tenemos cubiertas nuestras necesidades básicas, vivimos liberados los roles domésticos, hemos alcanzado nuestros objetivos profesionales… entonces ¿Por qué continuamos buscando quien nos complete? ¿Por qué nos empeñamos en seguir manteniendo una idea anticuada y obsoleta de las relaciones y la familia?¿Por qué tenemos miedo a ser honestos con nosotros mismo y con nuestras parejas? ¿acaso pensamos que si nos mostramos tal como somos nos quedaremos solos? Y de ser así… ¿es eso el peor de los resultados como consecuencia de respetarnos a nosotros mismo en primer lugar?

Tengo 37 años y vengo de una educación tradicional, con unas creencias estrechamente unidas al tener como seguro de éxito y felicidad.  A su vez, mis padres, crecieron educados por una generación previa, la de mis abuelos, unidos para sobrevivir… y así podríamos seguir trepando hacia el pasado por las ramas de un árbol transgeneracional casi de dimensiones infinitas… 

Seas fiel a la creencia que seas fiel, todos nos unimos en un punto común, de una forma u otra, cada persona lleva consigo un saquito lleno de las enseñanzas de sus familiares, muchas veces, mal llamados valores familiares. 

Los valores no censuran, no limitan ni juzgan, los valores no reclaman… esos valores que empequeñecen la libertad de las personas, se llaman creencias limitantes y muchas veces, cuando somos capaces de separarnos por unos minutos de sus condicionamientos, nos resulta complicado ver lo que somos en esencia, lo que somos en alma, lo que es nuestro ser en definitiva.

Amor es libertad, cuanto más amor, más libertad, pero ser libre nos da miedo, en tanto en cuanto entendemos que el otro, nuestra pareja, también tiene derecho a esa libertad. Es aquí donde se crea en nosotros un cuello de botella lleno de miedos, prejuicios, exigencias, anhelos, limitaciones…

El sentimiento de pertenencia va saltando de generación en generación y en el momento en el que empezamos a relacionarnos con alguien y se ha calmado el estado de explosión emocional, física y psicológica que nos genera el enamoramiento,  tendemos  a necesitar “etiquetar” las cosas. 

Por lo tanto, pasados los dos o tres meses de acercamiento y exposición de nuestros mejores dones al otro, viene el momento de ver en que grado de pertenencia me puedo sentir con la persona que tengo delante. 

Pasamos por alto los claros signos externos e internos que nos adelantan que la relación y la persona no son como nos estamos contando, al menos, a estas alturas no podemos saberlo y como hacemos caso omiso de ello, nos lanzamos a vivir cada vez más intimidad con alguien al que ni siquiera hemos preguntado en que momento vital está. Ponemos el cartel de “propiedad de” en el cuello del otro y empieza la cuenta atrás… porque desde ese momento en que con los ojos cerrados nos vinculamos a otro y sellamos un vago amor eterno, la cuenta es hacia atrás, el final de la paz y por ende la relación se acerca cada día más.

¿De verdad necesitamos tener apresada la vida del otro? ¿parece desproporcionado verdad? Seguro que muchos de ustedes creen que esto no es cosa suya y que no coartan la libertad de su pareja… ¿de verdad? le invito a dejar de leer por un momento este artículo y pensar cuántas cosas no le parecen bien de su pareja e intenta de una forma u otra condicionar para que no las haga…

¿Cuántas cosas no le confiesa a su pareja por miedo a su reacción? ¿No es esto otra forma de quitar libertad al otro? 

Callamos para evitar lo que no queremos que pase si nuestra pareja se muestra libre de ser sencillamente él mismo. Y es que tocamos hueso cuando se trata de ver el grado de franqueza y autenticidad que tenemos con nuestras parejas… se presenta complicado porque sencillamente ni siquiera sabemos lo que es honesto para nosotros mismos.

No entraremos a lanzar las escalofriantes cifras de separaciones que hay en nuestro pais, sobre todo porque me da mucha rabia que sea el resultado de una “mala educación” y de unos valores castradores de libertad a nosotros mismos y a los demás… 

Si desde que somos pequeños se nos invita a la reflexión, a la empatía, al valor de lo que somos frente a lo que tenemos, a la libertad de decir lo que sentimos… seguramente seríamos adolescentes que viviríamos con compasión y respeto por el pasado y el momento que están viviendo los demás , viviríamos el amor de forma pura y sana, disfrutaríamos de una sexualidad segura y respetuosa…  en definitiva, se nos prepararía para ser adultos coherentes que se aman a sí mismos y por ende a los demás.

Beatriz Martín
www.estoyconmigo.com

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