Retiro Espiritual de Silencio



Había una vez un hombre, yo, que alentado por el inminente fin del mundo anunciado para diciembre del 2012, y convencido de su veracidad, tomé la firme decisión de que antes de que ocurriera el fatídico desenlace me reconciliaría con Dios.

Había vivido hasta ahora como tantos otros, cuidando únicamente de mí mismo sin importarme mucho si hacía bien o si hacía mal, pues era de la opinión de que al final te mueres y ya está. Y ahora que le veía las orejas al lobo me daba cuenta que, alcanzados los 50 años de vida, no había sido ni medianamente feliz.

Puesto que el tiempo que quedaba era más bien corto, opté por ir al grano e investigar a través de internet, moderno gurú de la sabiduría, qué disciplina podía darme en pocos meses garantías, o al menos esperanzas, de reconducir mi relación con Alguien lo suficientemente importante como para darme opciones a adelantar puestos en la cola de la puerta del Paraíso. “¿Tendría el Cielo aforo limitado?” -pensaba riéndome de mis propios pensamientos-.

Busqué en religiones, escuelas, ciencias y tradiciones, examiné creencias, opiniones y métodos, escudriñé doctrinas y hasta rastreé a los grandes Maestros de la historia… y, cansado de tanta lectura y de tan pocos resultados iba ya a desistir cuando me percaté de que había un elemento que se repetía, si no en todas, sí en las más importantes líneas de pensamiento: ¡el silencio!

El silencio, repetí con un susurro.

Luego me quedé callado, tan callado que hasta por un instante se me olvidó pensar en algo. Un fugaz segundo en el que me sentí  vacío a la vez que extrañamente pleno, colmado y satisfecho. Un brevísimo momento en el que… iba a decir en el que se hizo el silencio pero mentiría… Me explico:

¿Te ha pasado alguna vez que estás tomando algo en una terraza de una cafetería, solo, cuando llega alguien conocido, se sienta contigo y   no para de hablar contándote cosas que no tienen el menor interés para ti? Utilizando para ello un tono de voz excesivamente alto y sin dejarte participar de la conversación y que cuando se va te produce, por un breve instante, un profundo alivio ¿Te ha pasado? ¿Recuerdas cómo fue la sensación física de ese alivio? Una de sus características es la recuperación del sentido del oído, te das cuenta en ese momento que lo único que oías era un parloteo ininteligible y ensordecedor, no confundir con la atención puesta en una interesante conferencia o cuando se está manteniendo un participativo diálogo, y que al cesar, te permite, durante unos pocos segundos, aumentar tu nivel auditivo de forma que percibes cómo nuevos los sonidos de siempre y además se le añaden otros más sutiles y hasta ahora poco o nada apreciados: los detalles sonoros del camarero recogiendo vasos en la mesa de al lado, unas risas un par de mesas más allá, la voz que en la acera de enfrente llama a un taxi, una ventana que se cierra en el primer piso… lo que le confiere a la situación una calidad inusual y ciertamente confortable. Y es que por un brevísimo instante, además del locuaz amigo, se han callado los pensamientos.

Me di cuenta que absolutamente durante todo el día, mi cabeza, mi mente, mi inteligencia, utilizando pensamientos, ideas, opiniones, reflexiones y razonamientos, no hacía otra cosa que mantenerme totalmente distraído de lo que ocurría a mi alrededor, es como cuando vas a cruzar la calle hablando por el móvil y que cuando cuelgas te preguntas cómo has llegado, andando entre coches, hasta el otro lado.

¿Me estaba perdiendo algo de mi vida?
¿Qué tenía que ver eso con Dios?

Y así, entretenido con mis reflexiones, estuve un buen rato después del cual, aturdido de tanto pensar y sin tener todavía nada claro, salí a la calle a buscar la inspiración. Fue entonces que, al doblar una esquina, me tropecé con alguien que sin mirarme y continuando con su paso acelerado, se acercó a la marquesina del autobús, desenrolló un cartel que llevaba bajo el brazo y lo pegó con cinta adhesiva al cristal.

Con curiosidad me acerqué y leí:
RETIRO ESPIRITUAL DE SILENCIO
Vive la experiencia del Silencio desde donde conectar con tu DIVINIDAD

De nuevo el silencio.

Eso me dio que pensar: si necesito estar muy concentrado para escuchar a otras personas que, a veces, hasta me hablan a gritos, cuánto más silencio necesitaré para escuchar el leve e imperceptible susurro de “Ello”

¿Sería el silencio el modo de acceder a hablarle?

El inicio del éxito no comienza con la primera acción física sino más bien en el preciso instante en que la semilla de la intención cae en el campo fértil del compromiso.

Y con esa actitud y en ese preciso instante di yo por comenzada mi relación con el Silencio.

Y he de deciros, amigas y amigos que, desde entonces, mi relación con Dios ha mejorado considerablemente dando las gracias de ello a mis, cada vez más largas, temporadas de silencio. Tanto es así que ahora no es que haya cambiado de opinión sobre si el mundo se va a acabar o no, sino más bien que ya sé de muy buena tinta que ¡el cielo tiene aforo ilimitado!

“La soledad es un acto de amor, un favor a mí mismo”
Anthony de Mello

Tino Pont
Profesor de Hatha yoga
Comunicador
Graduado Insight I,II yIII
Cofundador ONG Regalo de Corazón en España


Si te ha gustado, compártelo...








Deja una respuesta