Primera y Segunda Atención



Consideramos dos niveles básicos de atención: La primera atención y la segunda atención.

La primera atención, se refiere a todos los procesos psíquicos y perceptuales que nos permite registrar, procesar e integrar información que llega a nuestros sentidos ordinarios, procedente de la realidad material física. Se relaciona con los estados de la conciencia ordinaria que sostenemos con la atención vigíl mientras nos mantenemos despierto y la atención onírica, mientras dormimos o soñamos. La primera atención define al tonal y le mantiene operativo.

La segunda atención, se refiere a todos los procesos psíquicos y perceptuales que nos permite registrar y procesar información que llega a nuestros sentidos sutiles, procedente de la matriz etérea de la realidad material sutil. Se relaciona con estados de conciencia acrecentada que mantenemos despiertos o dormidos, mientras se despliega activamente la atención de acecho o atención de ensueño. La segunda atención define al Nagual y le mantiene operativo.

La atención Vigil de la consciencia ordinaria no es tan lúcida como creemos. Aunque nos parezca que lo controlamos todos, no es exactamente así. La atención vigil del hombre que realiza sus actividades cotidianas, transcurre a modo de un “semisueño” semioperativo de conciencia atenuada. Mientras que la atención de acecho y ensueño, paradójicamente es un estado operativo de conciencia acrecentada.

Esto se debe a que el diálogo interno funciona con el automatismo de un rumiante que regurgita la comida predigerida, para seguir masticándola recurrentemente. Así, los estímulos externos o internos y subconscientes desencadenan el afloramiento de contenidos mentales endogenerados y aleatorios que ocupan nuestra conciencia a modo de un diálogo continuo incoherente y poco productivo, que “rumiamos” recurrentemente mientras sostenemos la atención vigil, de modo que ésta acaba entumecida y funciona como si estuviéramos semidormidos de tanto rumiar, en un estado de conciencia atenuada.

Esta atención vigil rumiadora, no sólo desgasta nuestra energía mental, sino que resulta ineficiente en las situaciones cotidianas, en tanto que, casi nunca podemos extraer nada útil como resultado de ese ruido mental constante y entumecedor, fácilmente olvidamos nuestros propósitos o pensamientos que se agolpan unos detrás de otros, desatendiendo los anteriores para ocuparnos de los nuevos.

El ruido de fondo de la atención vigil es el diálogo interno: Mientras éste no cese, y la persona no esté realizando una labor creativa o centrada, el diálogo interno se torna dominante y  en ese estado se cree despierto cuando realmente se mantiene semidespierto, como inmerso dentro de una ensoñación o ensimismamiento de productividad disminuida.

En las actividades comunes y cotidianas, es prácticamente imposible el enfoque operativo de la consciencia vigil bajo la constante presión del “ruido” de fondo, que funciona como un eficaz diluyente de la atención y de la concentración.

El “Yo”, cualidad autoconsciente que impregna al Tonal con sus contenidos variables y aleatorios es, en si mismo, mutable a causa de todos los ruidos que le inundan en las diferentes circunstancias en las que se desenvuelve.

El Nagual activo, es la única condición inherente al hombre que transfiere permanencia y consolidación al individuo como ser autoconsciente. La variabilidad del “Yo” en continúa mutación es el mayor impedimento para que alguien pueda considerarse “Él mismo” cuando piensa, actúa y toma decisiones, en diferentes condiciones y momentos.

La mutabilidad de las propensiones del “Yo”, que sostiene la atención vigíl, mantiene al hombre en un continuo semidespertar de conciencia atenuada que le impide ejercer su verdadera voluntad y libre albedrío.

El hombre conduce el coche de su vida, como un cochero semidespierto-semidormido y sosteniendo sólo unas pocas riendas de sus caballos, las otras están en manos de tendencias aleatorias internas y externas que son las que realmente determinan la dirección de su avance y su velocidad.

El cochero hace su viaje tonal, creyendo que dirige el curso de su vida, cuando realmente él mismo se comporta como un caballo más que responde automáticamente a los estímulos aleatorios, caóticos y circunstanciales del medio, generados por los tironamientos de las mismas riendas que sostiene en sus manos, con las que cree conducir a los caballos de su coche, mientras ocurre exactamente lo contrario.

La consciencia Nagual, es la verdadera fuerza o inteligencia humana que funciona sinérgicamente con una voluntad coherente y superior que manifiesta un pleno dominio de las circunstancias manteniendo todas las riendas de las situaciones en sus manos con pulso sensible y firme. Desplegar el nagual, perfilarlo y pulirlo, es un reto y una meta en el proceso de realización plena de nuestra conciencia.

Si deseas formarte en Tensergética, visita la web www.tensergetica.com

Dr. Cristian Salado
Extraído del manual del curso: 
Ensoñación Hipnagógica I – El Cuerpo de Ensueño
Reservado todos los derechos.
Prohibida su reproducción total o parcial.
Copyright © Cristian Salado.

www.tensergetica.com


Si te ha gustado, compártelo...








Deja una respuesta