Nuestro Ángel de la Guarda



NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA
En infinita Compasión nos acompaña desde siempre.
Cada Ángel de la Guarda tiene como asistentes Ángeles que lo acompañan para ayudar a aquel que es su protegido.

Todos tenemos un Ángel de la Guarda que viene acompañando desde hace millones de años a la Chispa Divina que cada uno es en esencia, hasta liberarlo a él de ese compromiso de guiarnos y acompañarnos, que será el momento en el cual cada uno pueda guiar sus propios pasos. Aprendamos a tener compasión por él, que es quien nos está cuidando y guiando.

Está constantemente en meditación, hace millones de años. El hombre está sobre la Tierra hace ciento cincuenta mil años, pero hace millones que su chispa se desprendió del Padre y que viene evolucionando. El Ángel está acompañando desde aquel momento, para que cuando pudiesen entrar en un contacto consciente, el hombre pueda recibir sus enseñanzas y asimilarlas amorosamente. Pensemos que hay muchos Seres haciendo el sacrificio para que nosotros podamos encontrar las enseñanzas en nuestro camino y de esa manera empezar a caminar conscientemente.

Hay  mucha más vida y más elevada que ésta que se ve con los ojos en los planos superiores, que está atendiendo a cada individuo. Cada Ángel de la Guarda tiene como asistentes Ángeles que lo acompañan para ayudar a aquel que es su protegido.

Hay Jerarquías Espirituales, dentro de lo que corresponde a la Tierra, que están acompañando todo este proceso. Muchos de esos Seres están formando parte consciente de lo que son las Jerarquías Espirituales dentro del Sistema Solar, dentro de lo que es el Cosmos.

Hay muchos seres trabajando para que nosotros elijamos estar como estamos, considerando que las cosas del Cielo son las que hay que atender cuando nos vayamos de este mundo porque seremos Espíritu. En realidad es acá que tenemos los cuerpos necesarios para que el Espíritu pueda expresarse a través de ellos y alcanzar esa manifestación pura de Amor.

Poner orden amorosamente.

En la medida en que podamos expresarnos con Amor de forma consciente, cada vez con más pureza, a través de los cuerpos: físico, emocional, mental y el causal por encima de ellos –que es donde se encuentra el Ángel de la Guarda, el Yo superior– entraremos en contacto con los cuatro elementos de la naturaleza, que tienen su vida por los elementales, que son la vida visible de los elementos, visible para quien puede verlos.

Cuando entremos en contacto con ellos empezaremos a conectarnos con nuestros cuerpos, con nuestra naturaleza, y a poner orden en ellos. Empezará a reconocernos la naturaleza como seres que amorosamente están transitando un camino, y a reconocer al hijo de Dios en la medida que el Amor esté poniéndose de manifiesto. Comenzarán a obedecer los elementales y los elementos al hombre, y el hombre a poner un orden amoroso. Ese es el trabajo interno.

Fuimos creados como Señores y Reyes de la naturaleza, somos la Imagen y Semejanza del Creador. Pero la naturaleza debe ser administrada, acompañada y vivida con Amor para que ese Amor la sublime, la eleve hacia los puntos más altos del sistema. Eso podemos y debemos hacerlo nosotros.

Cuando encarnamos ese Amor nos convertimos en el redentor. Quien redime lo que está en inconsciencia, en error, desviado o en los planos inferiores, es el Hijo del Padre. Por eso tenemos que encarnar ese Amor poniéndolo de manifiesto, para poder –a través de nuestra obra, de nuestra presencia– ir redimiendo. 

Cuando incorporemos el Amor comenzaremos a ver los milagros que obra ese Amor en nuestra vida. Luego lo veremos también, en la medida que vayamos creciendo, cuando lo volquemos en los hechos, cómo ayudará a otros a cambiar sus vidas. No seremos nosotros, será el Amor. Nuestra tarea es darle vida o ayudarlo a que pueda manifestarse. No debemos crearle más resistencia.

Cada persona tiene un Ángel de la Guarda que está en meditación hace millones de años, jamás ha salido de su meditación, está atento constantemente con todo su Amor sobre su protegido para ver de qué manera llegar a él, y que pueda él ver lo que es de valor para su propio Espíritu, para su vida.

Entendamos lo que es la Compasión, considerando que hay alguien que está haciendo eso por nosotros en todo momento. Mientras él está en constante atención a la necesidad de nuestro Espíritu, ¿qué hacemos durante el día nosotros? Tomemos conciencia, porque puede ayudar a presionarnos a producir un cambio para modificar las cosas.

Hoy hay muchos Seres de la Jerarquía Espiritual que bajaron de los Cielos como Maestros, y también del Reino Angélico, que tomaron forma física. Hay Ángeles y Arcángeles que están encarnados. Vienen a hablar desde su experiencia, desde su Conciencia, desde sus conocimientos. No vienen a ser adorados ni esperan serlo jamás, simplemente tratan de compartir lo que es de su experiencia, como cualquiera de nosotros lo haría. En la medida en que aprendimos algo que nos fue de valor en la experiencia y en lo que obtuvimos, trataremos, por Amor, de llegar a quien necesite para que pueda evitar, en lo posible, golpearse como yo me golpeé para aprenderlo.

El Cielo siempre da las enseñanzas con Amor, no a través de golpes.

Los golpes llegan a nuestra vida cuando no la atendemos con Amor. Cuando atiendo con Amor, puedo distinguir lo que en Amor es. Cuando atiendo con egoísmo no veo lo que es en Amor, tan solo veo lo que es de mi interés, entonces termino golpeándome.

Es la escuela, cuando no presto atención a lo que me dice el maestro con Amor y tan solo estoy pensando: ¡Cuándo terminará esta clase así puedo salir al recreo! Cuando termine la clase saldré al recreo, pero cuando me toque vivir la vida tendré que poner de manifiesto y me será útil lo que el maestro enseñó en el aula.

Lo que me está enseñando es a vivir la vida con Amor. Si no presto atención a eso y tan solo atiendo mi egoísmo terminaré golpeándome por no vivir en Amor. Aquel que no vive en Amor va en contra de la Ley.

Todo obrero es digno de su salario.

La única Ley del Universo es la de la Compasión, es la única Ley que existe, que rige y que impera en los Cielos. Todo ser que vive dentro de esa Ley vive en Compasión, considera a toda forma de vida de manera amorosa y así la acompaña. Cuando no hacemos esto vamos en contra de la Ley. Cuando la trasgredimos nos terminamos lastimando, pero es una recompensa justa por un obrar inconsciente. No es un castigo de Dios, no es el karma que cae sobre nosotros como castigo, es lo que merecemos. Todo obrero es digno de su salario, o de acuerdo a lo que he sembrado será mi cosecha.

Esto lo tengo que entender para poder vivir conforme a la Voluntad del Padre y dejar de ir en contra de la Ley.

El Cielo no castiga, dejemos de culpar a los demás por lo que nos pasa y asumamos lo que estamos haciendo. Si me pasa algo porque alguien me ha hecho un mal, seré yo merecedor, por afinidad, a recibir esto.

Cuando vivo en Amor y en la Luz de Dios no hay mal que pueda llegar a mi vida. ¿Puede la oscuridad llegar a donde se encuentra la Luz? No, la Luz puede disipar cualquier oscuridad. ¿Con quién nos identificamos? Cuando llega el mal a mi vida y no es algo que sea merecido, es porque no me estoy identificando con esa Luz, lo estoy haciendo con la oscuridad que vive en mí, entonces soy afín y eso llega.

Ninguna oscuridad tiene fuerza contra la Luz del Padre. No importa el tamaño que tenga, nos podrá asustar si se nos presenta, pero no nos puede ganar. No puede ganar esta vida porque esta vida tiene que ser del Padre. Eso lo decidimos nosotros.

Daniel Ferminades
www.impulsodeunanuevavida.org


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