Los Diez Mandamientos de Dios, explicados con palabras de la época actual



La letra sólo se vuelve viva cuando el ser humano comienza a cumplir los Mandamientos. Con ello va madurando poco a poco, en la ley omniabarcante del amor y de la vida. Sólo quien cumpla los Mandamientos con el corazón y en el espíritu del amor, reconocerá la ley omniabarcante y encontrará así la verdad, que se encuentra dentro del alma del hombre.

Dios dio a los seres humanos los Diez Mandamientos a través de Moisés.

El espíritu de Dios es libertad. El Espíritu Libre, eterno y omnipresente, al que en Occidente llamamos Dios, es Existencia eterna omnipresente, vida omnipresente. Es la fuerza del universo, la corriente en los poderosos soles y planetas. Él es la vida en la Tierra, en cada planta, en cada animal, en cada piedra, y en última instancia en cada hombre y en cada alma. El Espíritu Libre omnipresente, Dios, es por consiguiente la fuerza universal en todo el infinito.

Los Mandamientos de Dios dados a través de Moisés son realmente un don de amor y una ayuda para la vida, del eterno a Sus hijos humanos, extractos de la eterna ley omniabarcante del infinito. Puesto que en el espíritu del eterno SER, de la vida eterna, todo está contenido en todo, en cada Mandamiento podemos encontrar también a los demás.

A los seres humanos se nos ha dado la tarea de cumplir en la vida terrenal los Mandamientos del Uno universal, es decir vivirlos -no simplemente conocerlos o leer sobre ellos. Los Mandamientos de Dios no contienen ninguna prohibición, porque el Espíritu Libre es la libertad, que dice: Toda persona tiene la libertad de aceptar las indicaciones de Dios y vivir correspondientemente, o bien de dejarlas.

Puesto que Dios no interviene en la vida del ser humano, este último es responsable por el contenido de su forma de sentir, pensar, hablar y actuar.

Los Mandamientos de Dios son legitimidades, extractos de la ley eterna del Reino de Dios. Ayudan a la persona que aspira a cumplirlos a alcanzar una ética y moral más elevadas, con lo que en su totalidad esta se vuelve más fina en su forma de pensar, hablar y actuar. Quien recorre el camino de los Mandamientos de Dios, también ennoblece sus sentidos y desarrolla una perspectiva de vida más elevada; comprende que la naturaleza y los animales también pertenecen a la unidad divina. Los Mandamientos de Dios vividos originan libertad y beneficio para la vida.

Los Mandamientos de Dios son una oferta de Dios, el Espíritu Libre, a nosotros los seres humanos, para que vivamos conforme a ellos, para que, mediante el beneficio de obtener una ética y moral más elevadas, aprendamos a entender lo que significan la justicia, la unidad y el amor a Dios y al prójimo. Debido a este cumplimiento paulatino, el ser humano se va acercando a la vida, que es el Espíritu Libre universal: Dios, el Espíritu universal en todo.

En el curso del cumplimiento paulatino de los Mandamientos de Dios, la persona no solo capta todo de modo más profundo, sino que también experimenta en sí que el Espíritu Libre omnipresente también se encuentra en ella misma.

Dicho una vez más: La vida es Dios, el Espíritu Libre, que es exactamente el mismo en todas las culturas de todo el mundo. El Espíritu Libre en todas las culturas de todo el mundo es la diversidad y la plenitud infinitas del SER, la Existencia eterna. Cada Mandamiento de Dios es un portal hacia la plenitud de la vida, porque Dios, el Espíritu Libre, es la vida. Si pensando y obrando correctamente nos sumergimos en las profundidades de la vida, en la raíz del SER, descubrimos que cada Mandamiento contiene una variedad del SER y que se encuentra contenido en los demás Mandamientos como fuente de fuerza. Con la expresión “Espíritu Libre”, al que en Occidente llamamos Dios, no se hace referencia al “Dios” que presentan los sacerdotes y curas.

Jesús de Nazaret fue como hombre el Hijo de Dios, y como ser en Dios es el corregente del Reino de Dios, el Cristo de Dios, que como Jesús de Nazaret nos trajo la redención y el camino de regreso al hogar del Padre. Siendo Jesús de Nazaret enseñó a los hombres que el Padre eterno y Él son uno, lo que significa: un espíritu, un amor, una verdad, la verdad eterna, la ley eterna infinita que hace libre. El espíritu del Cristo de Dios está en el Padre, y el Padre está en el Espíritu del Cristo de Dios -un espíritu, una vida, una verdad.

Desde hace más de 42 años, el Espíritu Libre, el espíritu del Cristo de Dios, se manifiesta a través de Su profeta, Su portavoz, que también es la enviada de los Cielos: Gabriele. El Cristo de Dios, el Espíritu Libre, no está atado a ninguna religión que practique un culto mundano externo porque -así lo enseñó Jesús de Nazaret, y también lo hace hoy el Cristo de Dios- cada persona es el templo de Dios y por lo tanto no necesita ningún templo, ninguna iglesia de piedra para encontrar a Dios, la Inteligencia universal eterna, el Espíritu eterno, ni para adorarle.

Hoy habla el Cristo de Dios en el Nuevo Tiempo. Dios, el Eterno, no cambia; Él es el mismo -lo fue ayer, lo es hoy y lo será mañana. Esto también es válido para los Diez Mandamientos de Dios dados a través de Moisés. El Cristo de Dios, que se manifiesta en la época actual, habló en el corazón de Su profeta y enviada de Dios, Gabriele, quien, con sus propias palabras, y ateniéndose al sentido, transmitió lo que es especialmente importante para el Nuevo Tiempo, ya que los dioses-ídolos han aumentado en su diversidad.

Si creemos en los Diez Mandamientos de Dios y si también creemos en Jesús, el Cristo, en Sus enseñanzas y sobre todo en la enseñanza de los Cielos, el Sermón de la Montaña de Jesús, si nos denominamos cristianos, cristianos originarios o seguidores de Jesús de Nazaret, en ese caso nos comprometemos al mismo tiempo automáticamente a cumplir también aquello que pretendemos ser.

Pero hay que poner algo en claro: El cumplimiento de lo que el Eterno nos dio en los Diez Mandamientos y Jesús de Nazaret en Sus enseñanzas y el Sermón de la Montaña, no tiene nada que ver con estatutos eclesiales institucionales ni con resoluciones eclesiásticas.

Extracto del libro “Los Diez Mandamientos de DIOS y El Sermón de la Montaña de Jesús de Nazaret”.

Editorial Gabriele
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