Emoción Positiva



Todos nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado situaciones que se nos van repitiendo. Vivencias con otras personas, con circunstancias muy concretas o con nosotros mismos, que no somos capaces de entender por qué vuelven a sucedernos una y otra vez.

A veces no podemos ver la conexión entre estos sucesos repetitivos y pensamos que son hechos aislados.

Nos damos cuenta de que volvemos a padecer experiencias de abandono, rechazo, celos, miedos, fobias, etc., una y otra vez, sin acabar de desvincularnos totalmente de ellas. Por lo general nos frustra y les da más carga y más dolor a dichas circunstancias.

Cuando nos “vemos” como un mero observador, somos capaces de advertir este tipo de comportamientos repetitivos que no nos facilitan la vida de la forma en la que quisiésemos. La autoobservación, es la única manera de poder tomar contacto con ello y comenzar a ocuparse de ello.

Los patrones de comportamiento habitualmente se reconocen por un tipo de diálogo interno similar a: “Siempre hago lo mismo” “Soy incapaz de tomármelo de otra manera” “No lo puedo evitar”, etc. Son reacciones de las que nos sentimos incapacitados para experimentar de otra manera, aun conscientemente sabiendo que hay mil formas de vivirlas más comprensiblemente.

Es aquí donde entra en juego identificar el aprendizaje de dicho comportamiento. Es decir, esa conducta ha sido aprendida en algún momento de nuestras vidas y desde ahí ha sido repetida ante circunstancias “similares” que se nos han presentado.

Generalmente estos aprendizajes se producen en el periodo que va desde el momento de nuestra concepción hasta los 7 años. En esos años somos verdaderas esponjas que absorbemos TODO lo que sucede a nuestro alrededor y aprendemos principalmente en base a la enseñanza que nuestro entorno más íntimo nos ofrece, la familia.

Durante dicha etapa vital, no tenemos capacidad de discernimiento; Todo lo que vemos, oímos, sentimos, olemos, tocamos, nos programa. Venimos al mundo, como dice Bruce Lipton, como si fuésemos un Ipod nuevo, al que se debe grabar la música a escuchar… Y así comienzan a instalarse nuestras creencias y nuestros patrones de comportamiento, mediante la influencia familiar y nuestra propia experiencia (aprendizaje).

Cabría destacar aquí el hecho de que también heredamos comportamientos de nuestro árbol familiar que ya están programados en nuestra primera célula al ser concebidos, como una herencia transgeneracional.

Cuando identificamos en qué momento exacto (generalmente con una relajación regresiva y la kinesiología), cuándo, cómo y por qué aprendimos a comportarnos así, y cuál es nuestra herida, podemos sanarlo.

De esta manera sanaremos el origen de nuestro problema actual.

Es decir, no vamos a trabajar la situación que estamos atravesando, sino que trabajaremos sanar cuándo comenzó exactamente, en qué momento lo experimentamos y aprendimos por primera vez.

Es igual que si tenemos una casa que se tambalea y vamos a reconstruir el tejado en primer lugar… ¡Pues no! Evidentemente tendremos que empezar por los cimientos, por la base estructural en lo que todo se apoya. Una vez asegurada dicha base, podremos trabajar más rápida y efectivamente en el resto del edificio.

Al haber identificado dicho origen del malestar, podremos sanarlo con la integración cerebral.

Como sabemos, el desajuste emocional que producen nuestras vivencias es experimentado por cada hemisferio cerebral con distintas perspectivas: El hemisferio derecho lo vive de forma emocional y el izquierdo racional. Su trabajo conjunto, con el propósito de resolver el conflicto (aunque no seamos conscientes), asegura que el proceso de información resulte simultáneo en ambos hemisferios, integrando así las diferencias de percepción de ambos y solucionando dicho desorden.

A su vez esta autoobservación de nuestros hábitos nos ayuda a considerar el cambio de viejas y profundas creencias que nos han mantenido atados a estos comportamientos, sustituyéndolas por nuevas creencias capacitantes y alineadas con nuestra mente consciente.

El cambio de creencias es un proceso rápido, fácil y duradero. Cambiar formas de pensamiento es otro gran cimiento esencial de nuestro edificio, que nos hace avanzar y modificar nuestro presente de manera pronta, surgiendo sentimientos de ilusión y autoconfianza en nuestro propio camino.

En la mayoría de ocasiones, los procesos de sanación se acortan considerablemente gracias al descubrimiento concreto del origen y el trabajo con la programación de nuevas creencias constructivas.

El sentimiento de liberación que experimentamos al habernos desprendido de un peso que hacía tiempo cargábamos y la nueva seguridad en nosotros mismos, es tan gratificante y duradero, que en ese mismo momento habrá cambiado el enfoque de nuestras vidas para siempre.

Olga Hoyal
Facilitadora de técnicas de reprogramación mental

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