El papel higiénico, el coronavirus y nuestro lugar en el mundo



En un pasado no tan lejano yo estaba preparando todo para irme a Málaga a dar el final del curso de Eneagrama. Hace nada tenía que terminar de escribir una formación, estaba feliz con el libro que estaba leyendo y hacía planes para los próximos meses. Pero eso fue hace días.

Mucho ha cambiado en este corto período de tiempo, la realidad de todos se ha parado y nos vemos inmersos en lo que perfectamente podría ser la trama de un libro donde en un futuro distópico un virus arrasa la Tierra. Este cambio tan súbito ha hecho que no sepamos dónde estamos, ha disparado nuestra sensación de peligro, ha parado nuestra vida de golpe.

Seguro que tú también tenías planes sobre qué ibas a hacer, tenías una cierta estructura en mente para tus próximas semanas e incluso meses que de pronto se ha borrado de un plumazo. Y ahí es donde ha nacido una nueva prioridad que no podíamos prever: abastecerte de papel higiénico.

He leído varios artículos sobre el tema porque claramente es algo que quiero entender. Parece ser que es una tendencia internacional. Se ha dado en España, en Estados Unidos, en Argentina, en Japón… Hasta el punto de que hay países que han tenido que limitar el número de rollos que se pueden comprar por habitante. Sorprendente.

He encontrado varias explicaciones:

  • Muchas personas al ser preguntadas dijeron que compraban papel porque otros lo hacían.
  • Dicen que comprar bienes básicos da una cierta sensación de control, ya que está claro que sobre lo demás hemos perdido el control del todo.
  • Paul Harrison, doctor experto en comportamiento humano, ha manifestado que en las culturas capitalistas nos enfrentamos a los problemas comprando cosas.Otra experta, esta vez en hábitos del consumidor (María José Lechuga) dice que es porque comprar productos relacionados con la higiene nos hace sentirnos más relajados. Aunque no sirva en la práctica para nada y no los vayamos a necesitar.

Personalmente mientras mi móvil se llenaba de memes con gente acaparando rollos de papel higiénico solo podía pensar en algo que estudié hace años: el ano y su significado en psicosomática. Resulta que esta es la zona del cuerpo que se relaciona muy concretamente con nuestra idea de quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo.

Por eso, mientras se disparaban las noticias de gente vaciando estanterías en los supermercados, yo no dejaba de pensar: ¿estarán comprando papel higiénico para sentirse más seguros en la temática anal? Porque creo que estamos todos de acuerdo en que una cosa es una pandemia y, otra muy diferente, un problema de abastecimiento en los supermercados específicamente de este producto. Además si se termina, siempre hay agua y jabón, con lo que debe de ser que simboliza algo realmente importante para nosotros.

En la tradición hinduista tenemos distintos puntos energéticos en el cuerpo llamados chakras. El primero de ellos está situado entre el ano y los genitales, es decir, en el perineo y se relaciona con varios temas: supervivencia, estar aquí y ahora, seguridad material, salud física…

“¿Cuál es nuestro lugar en el mundo?, ¿quiénes somos?, ¿vamos a sobrevivir?” son preguntas que quizás no nos habíamos visto obligados a plantearnos antes con tanta rotundidad. Teníamos planes sobre qué hacer mañana, un cierto sentido de seguridad y estructura. Perder eso nos aterroriza ya que habitualmente compartimos la fantasía de que vamos a estar vivos mañana y que los nuestros morirán de viejos. Todo eso lo ha barrido el coronavirus. Ha hecho que sintamos que la Tierra tiembla bajo nuestros pies, nos ha puesto delante nuestra falta de control, nos ha confrontado con la vida misma.

Este parón nos hace darnos cuenta de todas las cosas a las que nos hemos acostumbrado: al nudo en el estómago del domingo porque al día siguiente tenemos que ir a un trabajo que no nos gusta, al continuo ruido de la ciudad, a una pareja que no nos enamora y que, sin embargo, nos acompaña y a la que queremos, a correr a todas partes, a enviar a un rincón de nuestra mente lo que sentimos porque ahora no es momento de conectar con ello, a tener relaciones superficiales y agradables sin la menor trascendencia, a no hablar de lo que nos duele, a un planeta contaminado, a no ser nosotros porque no tenemos ni idea de quien es ese “nosotros”…

La vida es cambio mientras nuestro cerebro es conservador. De manera que andamos luchando por aferrarnos a una parcela de control y seguridad, mientras lo cierto, desde antes que nada pasara, es que eso no existe. Y tenemos miedo y ansiedad, y es normal. Porque nos habíamos contado una historia que no era verdad, porque la verdad daba mucho miedo para verla.

La verdad es que la vida es incierta y que vivir con miedo es la única forma de vivir. Es un miedo que no tiene por qué aterrorizarnos, es una sensación que nos recuerda que estamos vivos, que la vida es movimiento y nos obliga a ponernos en marcha. En ese camino de vivir (no de sobrevivir en un mundo de fantasías controladoras) nos encontraremos que nos vemos obligados a hacer dos cosas:

  1. Mirar dentro. Resulta que cuando tenemos un problema para superarlo hemos de poner en marcha recursos internos que quizás ni sabíamos que teníamos. Encontramos fuerza, paciencia, solidaridad, creatividad, resiliencia, flexibilidad, capacidad de aprendizaje, motivación, amor… en cantidades que nos sorprenden a nosotros mismos. Saber que todo eso estaba dentro cambia nuestra auto percepción, incrementa nuestra autoestima.
    También puede ser que encontremos miedo, violencia, rencor, tristeza, angustia, impotencia, vulnerabilidad… Eso también estaba ahí de antes y no lo habíamos atendido. En ese caso, lo mejor es acogerlo, permitirlo y hacer algo con ello. Para lo cual, si no sabemos qué hacer lo mejor es preguntar.
  2. Buscar fuera. Para esto primero tenemos que hacer un ejercicio de humildad, en el que reconocemos que no lo sabemos todo, y podemos continuar con uno de agradecimiento, porque seguro que ahí fuera hay otro ser humano que ha recorrido ese camino que tú tienes que caminar ahora. Quizás sea un amigo, un libro, una formación online, pero seguro que lo que buscas lo vas a encontrar. Quizás requiera tenacidad, disciplina y tiempo, pero una vez que decides encontrar una respuesta lo más seguro es que lo hagas. Eso incrementará tus recursos internos y, de nuevo, te cambiará como persona.

Tanto mirar dentro como buscar fuera requiere de algo extremadamente complejo y para lo que tenemos mucha resistencia: trabajar la aceptación. Aceptar lo que consideramos bueno y lo que consideramos malo como una realidad es la única forma de poder hacer algo con ello. Negar lo que hay es una fase de cualquier duelo que hemos de trascender para poder superarlo. Decía Søren Kierkegaard que “el estado más doloroso del ser es recordar un futuro, especialmente el que nunca tendrás”. La vida no es rígida y acorazada, no es segura. La vida da miedo, puede cambiar en cualquier momento, no está estancada. Está viva.

Ese lugar que teníamos en el mundo se ha desplazado. Podemos aferrarnos a lo que había y quedarnos ahí ateridos, paralizados y aterrorizados. O podemos buscar un nuevo lugar, quizás uno que vaya más con nuestro ser natural, donde aceptemos que estar vivos da miedo e incertidumbre, que aprender a vivir con ambas da seguridad y nos ayuda a apreciar cada día lo que tenemos sin darlo por hecho, que nos hace crecer, aunque eso pueda doler y duela. Somos vulnerables y eso no es malo, ni nos quita fuerzas, negarlo sí lo hace.

Ojalá cuando esto termine nuestro cerebro sea capaz de soltar la seguridad ficticia que nos vendía cada día para abrazar la vida, a nosotros mismos y a los demás. Porque parece que nos vamos a necesitar unos a otros más que nunca. Porque esto nos ha hecho ver que cada uno somos parte de un organismo mayor llamado humanidad, que cada uno de nuestros actos afecta al todo y, por tanto, somos increíblemente importantes de manera individual. Estamos juntos es esto del virus y ya lo estábamos antes en la vida, lo que pasa es que quizás no lo veíamos.

Yo también tenía otros planes para estas últimas semanas, no voy a juzgar si eran mejores o peores que lo que estoy viviendo, todo dependerá de lo que cada uno de nosotros haga con ello. Yo elijo estar abierta, aceptar lo que venga (y sí, eso puede implicar perder a gente que amo o irme yo misma de este mundo) y disfrutar de la posibilidad de reinventarnos para mejor. Recordemos que lo único sobre lo que tenemos un cierto control y lo único que podemos cambiar siempre es a nosotros mismos.

Raquel Rús
www.raquelrus.es
Profesora certificada de Eneagrama y EFT. Especialista en Psicología energética y Gestión emocional.
raquelrus@hekay.es


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