El origen de lo que soy



Era pequeña, pero lo suficientemente mayor para recordarlo. Por las noches, en la madrugada, me despertaba y me sentaba en la cama, veía muchas esferas de colores que flotaban y yo jugaba con ellas. Frente a mí, una mujer bonita y de largos cabellos las cogía con sus manos, las soplaba y me las mandaba hacia mí. Eso me pasaba con mucha frecuencia, formaba parte de un juego que no terminaba nunca, y que tampoco sabría descifrar. Las esferas flotaban y sus colores cambiaban, cada vez eran más bonitas, unas grandes, otras más pequeñas y todas se mezclaban. Los colores, al chocar, se mostraban como una explosión sin límite de color. Me fui acostumbrando a ellas y a esa mujer de ojos enormes y sonrisa maravillosa que despertaba la alegría sólo con mirarla.

Con el tiempo fui descubriendo que esas esferas las necesitaba para mi cuerpo, para sentirme alegre, contenta, feliz, y cuando me encontraba triste sólo tenía que acudir al interior de mi cuerpo, donde las llevaba, y empezar a visualizarlas. Las tenía distribuidas a lo largo de mi cuerpo y según estaba con un color cualquiera me hacían que me sintiera distinta. También las tenía distribuidas por mi espalda y me gustaba jugar con ellas. Yo me encontraba plenamente feliz, fuerte, sana, únicamente algunas se escondían y tenía que hacer algunas figuras con mi cuerpo como si fuese gimnasia para poder cogerlas. Era divertido. Si cerraba mis ojos veía colores que iban y venían como si se tratara de pequeñas nubes de color.

Pasó el tiempo y comencé a sentarme, a sentir cómo jugaban dentro de mí, hasta que descubrí por información exterior, que eso era energía y que en ciertas culturas se les llamaba chakras. Ahí fue cuando comencé a descubrir un mundo maravilloso que en aquella época no todo el mundo conocía y comencé a interesarme por esos llamados chakras.

Con diez o doce años tuve la ocasión de conectar con personas de otros países que me enseñaron muchas cosas relacionadas con las energías y los mundos esotéricos. Una cadena de acontecimientos se desató en mi vida haciendo que descubriera muchas facetas importantes para el ser humano. Energía. Chakras. Taichí. Yoga. Meditación. Relajación. Reiki. Y hasta ahora.

Eso sin hablaros de la experiencia espiritual que había desarrollado en todos esos años y que la gente le llamaba videncia, clarividencia, espiritismo…, pues tenía una facilidad enorme para comunicarme con otros seres puesto que somos energía y era lo que yo más he trabajado. Esa es la parte de la joya más valiosa que tengo de la que me dejo llevar. Empecé a meterme sin darme cuenta y, hasta ahora no veo el final. Sigo estudiando, dando clases, enseñando a la gente cómo hacerla feliz y enseñando la felicidad a través del otro mundo paralelo que tenemos.

En esa espiritualidad, en esa videncia, en ese ver cosas que otras personas no veían, me volqué mucho más. El desconocimiento de todas las cosas ocultas para los demás, me hizo comenzar a conocer esos temas tan sumamente bonitos. Ahí desarrollé lo que también es la vida, el hombre, la mente humana. Porque desarrollamos nuestra personalidad de cierta manera en la vida, aunque no pensamos lo mismo cuando nos damos cuenta de las acciones que hemos realizado.

También descubrí que estas personas con una vida con dolor, frustrados, personas que necesitaban apoyo, entendimiento, compañía, con la utilización de esos chakras, con esas esferas de colores, aplicándolas en su cuerpo, cambiaban gran parte de su vida, las enseñaba, modificaba su actitud, su forma de ser, y al modificar su actitud y su forma de ser ganaba muchas cosas en su vida.

Yo no veía sólo la persona que tenía delante, sino más allá. Los seres, las energías que los acompañaban, quizá esas ayudas que yo les podía dar. Hay muchas cosas que he ido aprendiendo a lo largo de la vida. Me encanta el ser humano, me gusta ver cómo se comporta frente actitudes familiares, en actitudes personales, y cuán fácil es vivir en felicidad.

Con esos chakras, esas energías externas e internas puedes ir cambiando, pero no porque tú las cambies porque sí, sino porque sientes de distinta manera. Aprovechas más el día a día. Eres más encantador, por así llamarlo, y ves lo bonito del entorno, y disfrutas también viendo disfrutar a los demás.

Eso es lo que a mí me pasa. Yo sigo día a día, encontrando, buscando más huecos, más sitios donde yo pueda hurgar para ayudar a los demás y a la vez me ayudo a mí misma. Lo único que pretendo en la vida es tener el conocimiento que todo el ser humano deberíamos tener, y ser feliz. Porque hay algo que existe en ese entorno de mi videncia y de esos seres que yo veo que me dicen con gestos “avanza, avanza, sigue caminando, no tengas miedo, sigue haciendo las cosas que crees que debes hacer”.

Me encanta mi trabajo, sobre todo cuando veo que es próspero, cuando veo que yo realmente he realizado esto. Y aquella señora bella, que cuando yo era pequeña me enseñaba esas esferas de colores, y cambió mi vida por completo. La recuerdo, y allí en la energía donde ella esté, le doy las gracias. Por supuesto sé que me acompaña, porque en el fondo creo que yo soy ella. Y sigo caminando…

Maria Elena
www.mariaelena.net
Tel. 610 417 989

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