El despertar



En todas las técnicas de autorrealización de Oriente se nos habla de la realización de sí, la iluminación o el Despertar. Muchos términos para una misma experiencia, como quiera que se la denomine. En el hinduismo, al liberado-viviente se le denomina jivanmukta y en el budismo, arahat. También los sufíes nos hablan del Despertar, así como corrientes espirituales de Occidente que quedaron marginadas por la opresión de la iglesia oficial. Todas estas técnicas de autorrealización, que han perpetuado la sabiduría perenne, hacen referencia a un elevadísimo estado de la consciencia que libera de las cadenas mentales y, por tanto, de la ofuscación, el apego y el odio.

Para seguir la larga y sinuosa senda hacia la autorrealización, ha resultado imprescindible la ayuda prestada por los grandes maestros, que han procurado enseñanzas, técnicas y métodos para orientarnos en el largo viaje hacia el Despertar. Aunque cada uno tiene que hacer el viaje, esas enseñanzas son de enorme auxilio, consuelo y orientación. El antiguo adagio reza: “Los maestros señalan la Ruta, pero uno mismo tiene que recorrerla”. Sin esa herencia espiritual que nos han legado los maestros de la mente realizada, todavía sería infinitamente más difícil llevar a cabo el viaje hacia los adentros y poder conectar con la mente libre de ignorancia y de tendencias insanas. Como los grandes liberados, ellos mismos siguieron la vía hacia lo Incondicionado, sometiéndose a un arduo y disciplinado trabajo interior, sus enseñanzas sirven de mapas espirituales.

Sólo cuando se ha obtenido Moksha, Liberación, ya no hay viaje de vuelta. El viaje se ha completado y la persona ha pasado de la orilla de la oscuridad y la servidumbre a la de la luz y la libertad. Se acaba la trashumancia y se deja de ser un nómada por el samsara o universo de lo fenoménico. Lo que tenía que hacerse se ha hecho y se ha puesto fin al sufrimiento innecesario que la mente ofuscada provoca a uno mismo y a las demás criaturas. Ya no se va a ninguna parte; se está y al conocer al conocedor, todas las preguntas cesan, porque la respuesta se ha encontrado en esa mente incondicionada e ilimitada que se esconde tras la mente ordinaria. Se alcanza un estado de sublimidad. Nadie puede ponerlo en palabras. Es la máxima experiencia de plenitud a la que un ser humano pueda aspirar.

El despertar es gratuito, porque, aunque la experiencia pudiera sobrevenir abruptamente, es siempre el resultado de años de autoconocimiento y autodesarrollo. El trabajo interior es insoslayable e insume las que denomino “las cuatro sendas” en mis clases de meditación: la de la observación de sí, que conduce a la del autoconocimiento o autodescubrimiento, que desemboca en la de la transformación interior y finalmente en la de la realización de sí. Hay que mirarse y examinarse para conocerse y mediante el autoconocimiento uno sabe qué debe transformar y qué autoengaños superar para acceder a la senda de la autorrealización. Es un trabajo que lleva su tiempo y no hay atajos para llegar a la consciencia despierta, por mucho que falsos maestros lo prometan o escritores petulantes se jacten de que ellos se han liberado de manera espontanea.

El cambio interior es una suma de pequeñas pero trascendentes modificaciones, pues sabido es que nadie se acuesta siendo de un modo y se levanta siendo de otro. En la denominada Nueva Era (que tanto ofrecía y tan pocos frutos ha dado), se han tergiversado las verdades sobre el trabajo interior, las técnicas genuinas de autorrealización, la iluminación o la experiencia del despertar. Se ha creado y ensoñado un prototipo del iluminado que en nada se corresponde con la realidad, igual que se han abonado creencias absurdas para los que necesitan compulsivamente creer y dejan de lado la experiencia personal. El caso es evitar el esfuerzo, confundiendo incluso algunos pseudomaestros a los demás, con que hay un yoga natural (sahaja yoga) o sin esfuerzo, pero sin apuntar que para llegar al mismo se requiere haber pasado por una práctica muy asidua, igual que sólo en la extremidad del esfuerzo aparece el esfuerzo sin esfuerzo o vemos casi flotar con toda naturalidad a un bailarín en el escenario tras muchos años de concienzuda disciplina.

Creer por creer no transforma, sino que más bien estanca en el proceso de la autorrealización. Las creencias pueden ser sumamente nocivas y encadenantes y conducir a estrechos e incluso mezquinos puntos de vista, como han provocado las iglesias instituidas, causando represiones que han mutilado las mejores energías y capacidad creativa y vital de innumerables personas.

El Despertar, como quiera que se le llame, es un obsequio sublime que toda persona puede ir tratando de merecerse, incluso aunque no se alcance su cumbre y debamos inspirarnos en aquello de “vamos a ir aunque no lleguemos”. Pero el hecho de ir ya es una fuente de inspiración y motivación y le confiere un elevado sentido, significado y propósito a la vida.

Ramiro Calle
www.ramirocalle.com

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