Despojándonos de los carteles

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Cuando llegamos a este mundo, venimos sin ningún tipo de opinión ni de pensamiento sobre nada. Llegamos aquí y somos como una carta en blanco. Pero no tarda mucho tiempo desde nuestra llegada, en que nos empiecenn a poner calificativos y etiquetas: Llorón, que mal comer tiene, es un santo porque duerme la noche del tirón, etc… También somos los «culpables» de que no dejemos dormir a los padres, de que demos dolor de cabeza, etc….

Inconscientemente, ya vamos asumiendo carteles que nos ponen según nuestro comportamiento. Esto no termina aquí, porque según vamos creciendo, más carteles vamos asumiendo porque lo dicen los adultos. En el colegio, en casa, en todos lados nos dan un cartelito. Y da igual que sea en positivo que en negativo, porque tanto uno como otro, esos carteles pesan. El de estudioso, vago, flojito, cansino, perfecto, el mejor del mundo, me matas a disgustos, es tan bueno que no se sabe ni que está, etc…

Y así llegamos a la adolescencia y más de lo mismo, hasta que pasan los años y llegamos a la edad adulta. Ahí es cuando tenemos tal colección de adjetivos que hemos ido interiorizando a lo largo de nuestra vida, que ya somos una persona creada. Pero creada no por nosotros, sino por lo que nos iban diciendo. Tenemos tantas creencias e ideas que nos fueron inculcando a lo largo de los años, que muchas veces no se corresponde con lo que sentimos de verdad. Entonces, es cuando nuestro Yo verdadero y nuestro Yo creado entra en conflicto.

La etapa adulta está condicionada por los carteles que hemos aceptado como nuestros. Al que le pusieron el de vago, probablemente se le presente hacer un curso que le entusiasma y ni lo intente. El que llevaba el cartel de estudioso y perfecto, si lo despiden de un trabajo será como una gran derrota. Al de buena persona no sabrá negarse a nada, y así sucesivamente.

En esta etapa de la vida, hay ocasiones en la que no nos sentimos satisfechos con la vida que llevamos y ahí entramos en conflicto. El corazón nos dice que rompamos con todo, pero el monigote mental, que fue alimentado durante años con los carteles, echa por tierra todos los argumentos para seguir al corazón.

Para vivir una vida plena, en paz con nosotros mismos y con nuestro entorno, tenemos que soltar todos esos carteles que nos colgaron. Todo ser vivo, cuando nace es bueno por naturaleza, Todos somos válidos para cumplir nuestros sueños y tenemos derechos a cumplir esos sueños.

Seamos conscientes de lo que somos de verdad: SERES MARAVILLOSOS, y dejemos de ser lo que otros nos hicieron creer que éramos.

Por Covadonga F. Torrente
http://bit.ly/Sonrisas_y_bienestar

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