Arcano XV: El Diablo



Con este arcano comenzamos un nuevo ciclo en el camino del Loco por el tarot. Podemos ver cómo la imagen central, y que marca la carta, es un gran diablo situado a las espaldas de una mujer y un hombre que permanecen atados por el cuello, con las manos libres, mirándose entre ellos.

El diablo es representado como un gran macho cabrío y la posición de sus manos nos recuerda al Mago, con la salvedad de que éste último (el mago), en su derecha, porta una vela encendida, y aquí, el diablo, con la mano abierta, parece indicarnos que nos paremos; y, en su mano izquierda, porta una tea encendida o una espada, según sea el tarot que utilicemos.

El diablo se asemeja a un murciélago y, con sus ojos mirando al frente, parece atravesar el alma del consultante. También, nos recuerda al arcano VI, los Enamorados, con la diferencia obvia que, tras esta pareja que representa a la humanidad, hay un Ángel y en este arcano la mujer dirige su mirada hacia la espiritualidad representado por este mensajero de luz.

Espiritualidad representada con el arcano V el Papa, donde aquí sí, los dos sacerdotes que componen esta triada en el arcano, están observando al Papa que tiene su mirada en el frente.

Como vemos, El Diablo o Lucifer, porta en su mano una antorcha encendida, como pareciéndonos indicar la luz que nos aporta el conocimiento y la aceptación de nuestras sombras, de todo aquello que ocultamos, porque no está bien visto por la sociedad o por nuestras creencias. Sin embargo, nuestros dos personajes parecen absortos, contemplándose el uno al otro, con deseo, seducción, disfrutando de los placeres carnales, obviando otras experiencias.

Pueden liberarse de sus cadenas, pero no quieren. Quizás sea el punto en el cual se encuentran más imbuidos en el mundo material, en la satisfacción básica y primaria de los instintos, sin ninguna transcendencia en su peregrinar por la vida. Aunque se miran, no se ven, lo que percibe el uno del otro, no es su esencia, sino la posibilidad de satisfacer la pasión con un cuerpo bello a tu lado.

Es un aprendizaje y como tal es necesario. En el siguiente arcano XVI, la Torre, vemos como esa estructura se cae y la vida te lleva a experimentar por otros caminos. Sólo aceptando e integrando nuestras sombras podemos dar luz a la vida. Esta carta nos indica que, incluso en la oscuridad más absoluta, podemos encontrar luz.

Quizás sea necesario tocar fondo para descubrir y volver la mirada hacia nosotros mismos y hacia aquello que nos hace bien y nos llena. Aceptar nuestra naturaleza animal, nuestros instintos primarios y nuestros pensamientos, deseos o acciones más deplorables, ruines o miserables, es el primer paso para que, al darles luz, no tengan el poder que tienen cuando nos castigamos sintiéndonos culpables por haber sentido o pensado aquello que nuestra conciencia nos dice que no es bueno sentirlo o pensarlo.

La oscuridad es parte de la dualidad, y sólo conociéndola podemos trascenderla. En esta carta vemos tanto las pasiones reprimidas como la exaltación del apego y del deseo en cualquiera de sus manifestaciones. En la desnudez de los personajes ya no vemos la inocencia de Los enamorados sino la mirada aviesa y picara del adulto, identificado plenamente con la satisfacción de posesión y el gozo del cuerpo.

La lascivia, los deseos del cuerpo, la total identificación de nuestro cuerpo con nuestro ser, marcan este punto del viaje del Loco. Para mi, esta carta es una invitación a que nos aceptemos con nuestra luces y sombras, a que no nos enjuiciemosni nos sintamos culpables por ello. Cuando no enjuicias ni quieres apartarlo de tu vida, recuperas el poder y, si esa experiencia no te toca vivirla, no la vives.

En definitiva, es aceptar y normalizar que tengo unos impulsos y pulsaciones, un cuerpo, pero que soy un alma viviendo experiencias en un mundo corpóreo. Representa todo aquello que negamos y cómo sigue estando ahí con más fuerza en nuestro subconsciente. Es lo oculto, la cara que no queremos mostrar a la sociedad y que finalmente se acaba mostrando, sin que nosotros queramos, igual que el rio seco lleva agua por su caudal en una inundación.

Es el momento de afrontar lo que somos y no avergonzarnos por ello. El crecimiento espiritual pasa por este punto, reconocer y dar voz a aquello que escondemos en el baúl, para poder desmitificarlo y valorarlo en su fuerza justa.

Sólo integrando nuestras sombras podremos verlas en los demás y acompañarlos en su camino de crecimiento si así lo estiman necesario. Para mí, la carta del Diablo no tiene un significado negativo ni anuncia nada malo, sino más bien tiene que ver con el proceso de aceptar tu oscuridad.

Resulta una carta alentadora al mostrarnos que todo depende de nosotros, que nos podemos liberar las cadenas y que en toda experiencia hay un aprendizaje por muy oscuro que parezca. Goethe decía: “Has despreciado al diablo y no se puede olvidar que un sujeto tan odiado debe de ser algo”.

Francisco Javier “Hombre Sol” creador de Chamanismo Akáshico©junto a Leyre “Mujer Árbol”

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