Arcano IV: El Emperador



EL EMPERADOR ARCANO IV

El emperador viene precedido de la Emperatriz y a continuación aparece el Sumo Sacerdote o Papa.

Si en el arcano anterior, comprobamos que La Emperatriz fue fruto de la unión del Mago y de la Sacerdotisa o Papisa (nació la emperatriz). Ahora el siguiente paso con El Emperador, es que el principio activo masculino entre en acción.

El emperador es el número 4 y con él, llega la organización, comienza el orden, el principio activo de las cosas, la estructura y en pocas palabras comienza a surgir la civilización.

La Emperatriz nos muestra el principio receptivo de lo femenino expresado, desde el sentimiento en una naturaleza abundante y dadora de vida.

El emperador, es el inicio y consolidación de la civilización como tal en un mundo de leyes y estructuras, donde la causa y efecto van unidos de la mano.

El emperador se encuentra sentado, en un trono de piedra mirando de frente. Está seguro de sí mismo, transmitiéndonos la fuerza de aquel que se conoce y está seguro de sus habilidades y de su capacidad para guiar a otros. No lleva espada, lo cual nos indica que su imperio, no está regido por la fuerza, ni existe el temor a ser sustituido por otro.

En su espalda aparecen las montañas, que nos indican que aún mantiene el contacto con la naturaleza, aunque no en la misma medida que lo hacia la Emperatriz.

El Emperador viene a materializar la fuerza espiritual en el mundo material. Su corona, el cetro y la bola que porta en su mano izquierda, son amarillos reflejando su conexión espiritual. La siguiente carta es el Papa, que representa la autoridad en el mundo espiritual.

El número 4 (EL EMPERADOR) representa un nuevo comienzo desde la materialización de las ideas espirituales en la tierra. El 4 representa el cuadrado, la estabilidad.

El Emperador representa una figura masculina, que bien podía ser un padre, la masculinidad, la autoridad necesaria, para llevar nuestra propia existencia sintiéndonos dueños de nuestros destinos. Es la representación de la seguridad en uno mismo, la autodeterminación y una autoridad ganada no por el empuje de las armas, sino por el desarrollo de la razón, la lógica y el sentido común.

El Emperador nos invita, a que tomemos la rienda de nuestro destino, a que pongamos en práctica esas ideas en forma de proyectos que nos rondan en la cabeza. Es momento de pasar a la acción, sin miedo, no estamos solos. La vida nos premiará nuestra valentía de afrontar lo desconocido, con mejores resultados de los esperados. Nos anima a vivir el presente, estando en el aquí y ahora, confiando en lo que no conocemos y que nos sostiene con vida día tras día, para que podamos realizar aquello que nos comprometimos a desarrollar en este mundo antes de que fuéramos concebidos.

En el Emperador manifestamos el mundo del inconsciente y sus fuerzas dándole voz y expresión en actos en la vida material.

El Emperador corresponde al signo del zodiaco de Aries. El carnero aparece representado por partida doble como reposa brazos del trono.

Cuentan que María la profetisa decía: “El uno se convierte en dos, el dos se convierte en tres y del tres surge el cuatro que es un nuevo uno”.

En la carta del Emperador es la primera figura que aparece con una armadura por debajo de sus vestiduras, aunque en esta ocasión no porte ninguna espada en sus manos.

El fondo de la carta es anaranjado  como pareciendo indicar el Sol, acercándose al ocaso en contraposición a la figura de la Emperatriz, en la cual parece que en el fondo se expresa un día totalmente soleado.

El Emperador nos habla de la dualidad en la naturaleza de las cosas y nos invita a conocer e integrar nuestra oscuridad, abrazándola para después dar cabida a nuestra luz en nuestro día a día.

El peligro del poder, la tentación a la que se ve sujeta el Emperador es hacer un mal uso de su posición y nos avisa que si nos creemos todopoderosos, la vida se encargara de derribarnos y lo hará sin piedad ninguna.

En la carta del Emperador, vemos como la sombra está reflejada debajo de sus pies como queriéndonos indicar, que en nuestro mundo no puede haber luz sin sombra, ni sombra sin luz.

La rigidez, la excesiva lógica, el perderse en lo analítico, lo racional… es lo único que puede hacer que nos alejemos de la luz que nos aporta también la intuición, las sensaciones, emociones….

El Emperador refleja el hombre que empieza a ser consciente de su individualidad y del papel que desempeña en la sociedad, integrándose, sin tratar de perder su naturaleza divina, absorbido por la civilización.  Es la aventura de ser consciente y “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

El Emperador representaría la palabra, que nos permite definir lo que vemos y comunicarnos con los demás que es necesario, aunque lo que define se queda corto con lo que es.

En nuestro mundo actual ahora más que nunca, es necesaria la unión de la Emperatriz y el Emperador, para tener un mundo en el cual la intuición, la conexión con la naturaleza, la acción y la materialización de las cosas caminen juntas y unidas de la mano. Donde hombres y mujeres, mujeres y hombres encuentren su sitio de manera individual y como colectivo humano.

Leyre & Javier
www.abrazatuesencia.com


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