Alcanzando tus objetivos



¿Alguna vez te has preguntado por qué es tan difícil cumplir tus metas? Nos han hecho creer que es importante tener metas y objetivos, que siguiendo un plan puedes alcanzarlos; pero esto no siempre es tan sencillo, pues nos enseñan a trazar planes prácticos, pero no tenemos idea de cómo ser asertivos, no tenemos inteligencia emocional para lidiar con el fracaso y tampoco sabemos cómo controlar al principal saboteador: nosotros mismos. Hoy hablaremos un poco de estas estrategias que pueden enriquecer y facilitar el proceso de alcanzar los objetivos de cualquier índole.

Derrota la necesidad de aprobación

Desde los primeros años de nuestra vida nos hablan de la importancia de tener metas. Nos pasamos muchos años adquiriendo formación académica, con la promesa de que esto nos acercará a nuestros objetivos, y seguimos casi por inercia hasta la universidad, sin saber a ciencia cierta cómo ocurrirá esto. La verdad es que llegamos a la edad adulta sin tener muy claro la forma en que cumpliremos lo que deseamos, de hecho, muchas personas ni siquiera se han detenido a pensar si eso que consideran sus metas realmente le pertenecen. Este es el primer aspecto para trabajar: la necesidad de aprobación.

¿De dónde viene ese sueño? ¿Buscas complacer a tus padres, a tu jefe, a tu pareja? ¿te hará feliz? Un objetivo que no viene desde la voluntad personal, desde dentro de ti será mucho más difícil de alcanzar porque no te motivará en realidad. Por otra parte, deja de buscar que los otros te comprendan o apoyen tus ideas. Lo más importante es que tú mismo entiendas tus motivaciones, tus necesidades y deseos. Todo lo demás es prescindible.

Acepta tus derrotas como parte de tu formación

Equivocarse y caer es parte del proceso de crecimiento y aprendizaje. No puedes lograr nada si no has aceptado que, para poder llegar a un punto particular de tu carrera, de tu crecimiento personal o espiritual sin pasar por el aprendizaje. Todo lo negativoque has vivido, que puedes interpretar como una derrota, te han convertido en la persona que eres hoy en día, te han llevado a estar en el lugar en el que estás y han determinado a dónde vas.

Por ejemplo, podrás ser una pareja buena, comprensiva y amorosa gracias a las dolorosas lecciones que aprendiste en las relaciones anteriores que fracasaron.Toda vivencia es una lección de vida y es necesaria para ubicarte en este momento y lugar. Nadie aprende desde la felicidad y la paz, necesitamos el sacudón del fracaso para crecer.

Deja de quejarte

Esto es simple. Quejarse requiere una inversión de tiempo y energía que se convierten en un desperdicio. Estás dejando de hacer algo positivo y enriquecedor para quedarte hablando de algo que pasó y que ya no importa. Esto hace que concentres tu mirada en el pasado, en los hechos negativos que pudieron afectarte y te perderás de los cientos de oportunidades que pueden pasar frente a tu nariz.

He conocido a personas que no hacen más que quejarse de su expareja, de lo mal que se portaron y el daño que le hicieron. Están tan concentradas jugando a ser las víctimas, encerradas en esa narrativa tan negativa que no se dan cuenta que la persona que tienen en frente está interesada en ellas. Quejarse es la forma más sencilla de quedarse atrapado en el pasadosin posibilidades de crecer.

Abre los ojos a las oportunidades

La mejor forma de crear oportunidades, de centrar tu mirada en ellas, es haciendo hincapié en tus creencias potenciadoras, en las características positivas que puedes tener. Necesitas cultivar en ti estas perspectivas. Es decir, evita poner atención en lo que ‘perdiste’, en lo que careces, o en lo que no puedes tener. Ponle un cerco a esas creencias que limitan y ubica el foco de tu atención en eso que puedes, que tienes, que eres y cultivas.

No se trata de lo que no te dejan hacer, sino de lo que sí puedes hacer. Enséñate a ver el mundo con los ojos de los que ganan: en cada problema, en cada carencia, hay una oportunidad para aprender y crecer. Las grandes ideas y las grandes personas surgen de la necesidad de resolver un problema.

Conviértete en un activista

Nos enseñan que alcanzar una meta implica trazar un plan y seguirlo. Parece simple, pero no nos preparan para los detalles. Es como si quisiéramos plantar un bosque, pero no nos hablan de que tenemos que sembrar cada uno de los árboles que harán parte de ese bosque. Tenemos los ojos en la meta grande, pero no podemos llegar a ella sin ocuparnos de los detalles, que son los que abruman.

La solución de esto es simple: divide cada gran objetivo en metas pequeñas que cumplirás en periodos de tiempo cortos. Esto te obligará a centrarte en el próximo paso, en lo inmediato. Estarás ocupado plantando un árbol cada día. No tendrás tiempo de perderte en la vorágine de acciones a hacer, de pensar en los cientos y miles de árboles que te faltan para completar el bosque. Te convertirás en un “activista”: acción, resultado; acción, resultado. Esto mantendrá tu motivación en alto y te acercará a tu objetivo de forma efectiva y real.

Se paciente

Todo proceso tiene sus propios tiempos. Cada paso requiere un tiempo particular de aprendizaje, de crecimiento. Me encantaría recibirme de médico cirujano en un año, pero el proceso de aprender todo lo necesario para ejercer esa profesión toma mucho más tiempo. La impaciencia puede echar a perder el proceso, retrasarlo y hacerte perder cualquier avance. Hay que saber respirar profundo y armarse de paciencia para respetar estos tiempos.

Respeta tu propio tiempo

Hay personas que se tardan más en adquirir ciertas competencias, mientras que pueden perfeccionar otras habilidades en tiempo récord. Cada proceso, cada individuo tiene sus propios tiempos que depende de muchos factores, únicos y personales. Precisamente por esto es tonto y contraproducente establecer plazos generales para todas las personas. Esas creencias del estilo “a los treinta años ya deberías estar casado y con hijos” son contraproducentes porque crean expectativas a las que no todo el mundo puede honrar.

Seguir creyendo que se te ha pasado el tiempo, que es tarde para lograr algo o que estás tardando demasiado es absurdo e irrespetuoso contigo mismo y sólo causará problemas de autoestima, te hace sentir inadecuado y desmotiva. Lo importante es que estés en el camino, en el proceso, que estés comprometido con tu objetivo. El tiempo es una construcción social, es una forma de darte estructura, no un instrumento de presión. Ser respetuoso contigo mismo, con tu proceso y con lo que te rodea, aunado a un plan efectivo, te ayudará a alcanzar tus objetivos. Serás indetenible.

Begoña Ramos
Crecimiento y Superación Personal.
Tlf. 91 032 77 15  y 635 02 70 42
www.crecerinteriormente.com

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