¿A qué eres adicto? substancias, plantas, relaciones…



Estamos acostumbrados a considerar la Adicción como una patología que afecta en particular a los consumidores de drogas o del alcohol, olvidando que médicamente es considerada una enfermedad que afecta a toda la población mundial.

Todos sufrimos una adicción desde el consumo diario del café hasta a los pensamientos (de hecho, es muy interesante la práctica de observar cuantas veces repetimos durante el día un mismo pensamiento). En realidad, es un estado mental en el cual solemos quedar cuando algo nos aporta placer, nos provoca alivio, nos compensa de alguna carencia o nos distrae de alguna sensación interna desagradable.

Por lo tanto, el hecho de estar Adicto a algo es propio del ser humano hasta que la misma Adicción toma el control y el ser humano está bajo su yugo. Originariamente, la palabra adicto (del latín addictus) indicaba el deudor insolvente que, por falta de pago, era entregado como esclavo a su acreedor, por un tiempo o para siempre, dependiendo de la deuda. Así funcionaba la ley de entonces.

Hoy en día no existe de forma legal este tipo de esclavitud, por lo menos aparentemente. De hecho, el tabaco y el alcohol son formas legales para ser esclavo de una substancia.

Desde antaño el ser humano ha usado substancias para tener apoyo o refuerzo usando plantas y hierbas para aumentar su nivel de rendimiento o aliviar dolores. Por ejemplo, los bolivianos, que mastican la hoja de coca para subir alturas elevadas de montaña, o incluso el tabaco que fumaban los antiguos Apaches de América para comunicar con “El Gran Espíritu” y que los conquistadores adoptaron como símbolo de fuerza imitando los jefes de las tribus. Lo que quiero decir es que no es la sustancia en sí lo que genera la dependencia, más bien el uso que se hace de ella.

La pregunta es: ¿Por qué nos hacemos adictos a una substancia? Respondiendo desde la perspectiva del Neochamanismo, es que la substancia o la dicha droga es más fuerte que tú. Para los Chamanes todo lo que existe en el mundo tiene un espíritu y cuando el Espíritu (en este caso de la planta del tabaco, por ejemplo) es más fuerte que tú, te domina y te puede volver su esclavo. 

Los Incas hablaban de que todo en este mundo tiene una relación de reciprocidad, incluso la Madre Tierra que te alimenta para luego volverse a alimentar de ti*. Así, si entramos en relación con un espíritu que puede ser de un lugar, de una planta, de una divinidad, habrá que devolver los favores que nos otorga, por ejemplo, haciendo ofrendas, cuidándolo por un tiempo y así con las personas, si nos dan cosas habrá que intercambiarlas, sino nos volveremos sus deudores. 

Y aquí volvemos a el origen de la palabra: si usamos el tabaco u otra substancia, por ejemplo, la marihuana para que nos calme, nos dé alivio o incluso nos dé fuerza, y a cambio no estamos ofreciendo nada a su espíritu, ni lo consideramos, nos volvemos sus esclavos. Dicho de otra forma, como se expresaba Don Juan, de Castaneda: si no tienes suficiente energía para usar la planta ella te usará a ti. Por lo tanto, deberás conseguir más fuerza o como se suele decir hoy en día, deberás empoderarte, o sea conseguir suficiente energía para que vuelva a ti tu poder para poder soltar la dependencia con la substancia.

Lo mismo ocurre con otro tipo de adiciones: a la comida, a una emoción, a internet, a una persona, a las redes sociales, al sexo. En este caso no hablaríamos del espíritu de la comida ni de la emoción, etc., más bien del patrón que hay detrás, por ejemplo, llevas contigo una memoria genética de hambre o carencia y no será difícil engancharte a la comida. No es ni la comida, ni internet, etc., es el patrón de dependencia que llevas y es más fuerte que tú.

Por siglos el ser humano ha vivido dependiente de un Estado, de un rey, de un empleo, de una cosecha, del dinero, de las opiniones de los demás, etc. Por lo tanto, asumir toda su fuerza y poder decidir sobre sí mismo es algo muy grande y completamente nuevo. Esto vale también para los que suelen ocupar un sitio de mando, porque dependen de los que los siguen.

No sólo se trata de empoderar nuestro propio espíritu sino nuestra mente y nuestro cuerpo. Poder decir no a algo que sabemos que, aunque nos da un placer momentáneo, nos puede perjudicar. Tener fuerza de decir no, aunque nos haga sentir solos y desamparados, pero que responde a lo que queremos, tener fuerza para saber lo que queremos, a pesar de que la mente nos haga trampa para seducirnos de lo contrario.

Los patrones son como entidades energéticas que cobran con el tiempo mucha fuerza y cuanto más un patrón está validado por una práctica o creencia colectiva, como el patrón de la dependencia, más cedemos nuestro poder en favor de él. Por ejemplo, si en nuestra práctica social, para estar juntos es ir a tomar algo será muy difícil estar con unos amigos y tú no tomar nada, a pesar de que no quieras: tendemos a ceder, nuestro no interno es menos fuerte que el colectivo.

¿Cómo puedo elevar mi fuerza personal? Sugiero una práctica muy sencilla: conéctate cada día con la naturaleza, andando con pies descalzos en la tierra durante 15 minutos. Si vives en la ciudad vas al parque más cercano. Si te preocupas de lo que los demás pueden pensar, es normal. Vivimos en una sociedad donde es normal irse a emborrachar y es raro caminar descalzos.

Samantha Libertá
Directora de Satnamsalud Formadora en Neochamanismo
Próximos retiros en La Hospedería del Silencio
www.hospederiadelsilencio.com
www.ecocentro.es

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