Toltequidad y Sociedad occidental



¿Por qué una cultura tan alejada y diferenciada, como la Tolteca, se vuelve tan atractiva para la sociedad occidental?

Porque desvela un recuerdo, que existe en el interior de todo ser humano, de qué somos mucho más de lo que nos dice la cultura occidental.

Porque evoca una capacidad perceptiva que una propuesta religiosa fue apagando a base de imposición, miedo y represión.

Porque, según mi experiencia, despierta un ansia de libertad que transciende lo físico, llevándote a mundo lleno de magia y poder, haciéndote consciente de que con la práctica estimulas habilidades y cualidades que te han sido sepultadas por siglos de manipulación, para adormecer y domesticar creando una sociedad de personas, fácilmente dirigibles y controlables.

Existen diferentes miradas a lo que se denomina Toltequidad, también llamada “chamanismo tolteca”, estas diferencias se deben, a los intereses con los que llegaron los europeos a América y de la interpretación que hicieron de la sociedad que allí se encontraron.

Estoy de acuerdo con algunos autores que explican que los toltecas no eran un pueblo, que los toltecas eran los practicantes de la Toltecayotl, un conocimiento ancestral en la búsqueda del hecho del ser humano y del inconmensurable misterio que encierra la vida.

Poner etiquetas, filosofía, cultura, tradición, folklore o religión, no acerca en nada a la comprensión de la toltequidad, pero de alguna manera la han de clasificar para llegar a su estudio, cada cual desde su ámbito y perspectiva. 

Parcelar la toltequidad evita su comprensión pues la toltequidad abarca todos los ámbitos de la sociedad del Anáhuac.

Una, para mí, gran diferencia estriba en los procesos a la hora de evolucionar y consolidar de estas dos sociedades.

La sociedad occidental actual parte de un hecho significativo, como fue el surgir del cristianismo. El cristianismo con el paso del tiempo se ha ido disgregando en múltiples formas de interpretar sus enseñanzas y su práctica, ortodoxos, luteranos, evangelistas y un largo etc.

Por el contrario, la toltequidad fue una gran labor de unificación de la cosmovisión de los chamanes y los fundamentos de la civilización del Anáhuac, que adquiere, con el tiempo, la idiosincrasia de una cultural o ideología.

Podríamos decir que, en la actualidad, la toltequidad es una “práctica”, que te lleva a un conocimiento ancestral, para adquirir este conocimiento no se puede, solamente “estudiar”, a este conocimiento se llega con la práctica constante, con el trabajo diario.

Una frase que define a la toltequidad es, “No pierdas el tiempo ni de día ni de noche”, de ahí la importancia de la práctica de “el arte de ensoñar”, que pasa por ser una de las enseñanzas más llamativas en la llamada sociedad occidental.

La labor de la ensoñación, no se entiende bien en las sociedades occidentales, pues en ellas, generalmente, el dormir se contempla como una mera necesidad de recuperación del cansancio del día, una simple necesidad fisiológica.

Para poder enfrentarse al “poder” de este conocimiento, para poder sostener la exigencia de la práctica de la toltequidad, se necesita de una actitud impecable, de una firmeza y templanza que no muchos alcanzan, pues los enemigos, para alguien que quiere alcanzar el conocimiento, son múltiples, sutiles y poderosos, a esa forma de actuar le llamaron “el camino del guerrero”.

Sólo con la sobriedad, con la tenaz actitud de un guerrero, se puede transitar por este camino de conocimiento ancestral y de evolución personal.

Es con la impecabilidad de sus actos que un guerrero tolteca enfrenta la práctica de las artes del chamanismo tolteca.

Don Juan Matus le decía al nagual Carlos Castaneda que debía encontrar un camino con corazón, lo que yo he llegado a entender con mi práctica, es que en tu camino has de poner tú corazón, has de emprender tu caminar en busca del conocimiento libremente, te has de convertir en un caminante libre, pues como dijo el poeta, “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Antoni Cantalejo
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