Con DIOS es más fácil vivir



¿Cuál es el sentido de la vida? Superar el propio ego en lugar de juzgar al prójimo

La persona que busca se encuentra siempre con la pregunta: ¿para qué vivimos?

Para poder captar correctamente el sentido de nuestra vida, tenemos que mirarnos al fin y al cabo a nosotros mismos. Tenemos que preguntarnos: ¿por qué estamos en esta Tierra y quiénes somos?

Estamos en esta Tierra para reconocer quiénes somos: seres espirituales en vestido terrenal, que en la escuela de vida Tierra deben desarrollar de nuevo su ser interno, el amor.

No estamos aquí para juzgar a nuestro prójimo, para hablar de él e inventar historias o cuentos sobre él, para descalificarlo y para con ello sobrevalorarnos a nosotros mismos, sino que estamos aquí para reconocernos a nosotros mismos, para trabajar en nosotros, para volvernos personas útiles que se hacen responsables de su verdadera vida de forma altruista. Tenemos que reconocer finalmente que aquello que hace el prójimo, es cosa que atañe a Dios y no a nosotros o a aquel con el que hablamos a través de una tercera o cuarta persona.

Vivimos para regresar a nuestro origen, a la fuente del amor eterno, para volvernos uno con nuestro Dios, el Todopoderoso. Por ello debemos realizar el mandamiento más elevado: el amor, que incluye a toda la Creación y a todos los seres, el amor, que es la ley, Dios.

Aquel que tiene un amor aún pequeño, se esfuerza continuamente en desvalorar a otros, en presentarlos como faltos de amor, porque él mismo posee poco amor. Por tanto él no puede dar, sino que desea tomar. Por ello desvalora a sus semejantes, para otorgarse valor a sí mismo. Es un vicio muy perjudicial el que los seres humanos hablemos siempre –la mayor parte de las veces negativamente– de nuestro prójimo. Solo cuando reconocemos que lo que hace el prójimo es únicamente asunto de Dios y de Su hijo, no de nosotros, que estamos igualmente cargados y que por tanto tenemos faltas, podremos dejar este vicio en nosotros. Deberíamos preguntarnos a cada instante: ¿cómo me sentiría si mi vecino o mi compañero de trabajo hablaran negativamente de mí y me despreciaran cada vez que me ven? Lo que no quiero que me hagan a mí, no se lo debería hacer yo tampoco a nadie. Estas palabras tienen un significado profundo, también en el sentido espiritual.

Cada uno tiene que aprender a vencerse a sí mismo para liberar el alma de las cadenas del yo inferior personal.

Por ello no sirve de nada juzgar a segundas o terceras personas. Esto no es legítimo y alberga en sí una carga para aquel que habla negativamente de su prójimo.

Date cuenta de que lo que achacas a tu prójimo, eso mismo o algo parecido está en ti mismo.

Quien mira a su prójimo y lo condena, solo está empeñado en recibir premio, agradecimiento y reconocimiento por sus palabras y obras. Mientras solo queramos ver confirmado nuestro deseo de figurar, nuestro afán de agradar, nuestro yo inferior, no estaremos maduros para ser un verdadero servidor de la humanidad.

Tal modo de servir y ayudar es un trueque miserable: damos y, mientras lo hacemos, estamos ya a la espera de recibir, de tomar. No podemos esperar entonces ninguna recompensa de Dios, porque ya hemos sido recompensados por los hombres.

Quien desee servir y ayudar desinteresadamente, primero tiene que reconocer y purificar en su mayor parte su yo inferior, y aceptar a su prójimo tal como es. Esto es solo posible si ve en sus semejantes lo puro y bueno, y no mira solo sus errores.

El conocimiento obtenido de libros no sacia el hambre por la verdad; esto lo hace únicamente la realización

Más de una persona tiene mucho saber adquirido con la lectura de libros y puede tocar en sí la tecla adecuada para responder la pregunta que se le haga. Pero si esa persona ha realizado lo que dice, el verdadero sabio lo reconoce en si aquel que responde habla demasiado, se vanagloria con su saber, habla a borbotones desde su tesoro de conocimientos e inunda con saber espiritual a quien le ha preguntado, de tal manera que este pierde el interés; o lo reconoce en si esa persona puede dar una respuesta clara y breve a la pregunta de su prójimo.

De ahí que la mera lectura de libros no es el camino para alcanzar la soberanía sobre nuestro yo inferior. Del mismo modo que uno no se queda satisfecho con la contemplación de un plato de comida, ni se refortalece con ello, sino que primero debe comerlo y digerirlo correctamente, así es también con el alimento anímico-espiritual que se ofrece en los libros a los hombres y almas que tienen hambre de la verdad: tenemos que primero llevar a la práctica la comida espiritual –conforme a las leyes celestiales–, y solo después de eso el alma y el hombre reciben el verdadero alimento interno. La comida para el alma puede ser asimilada solo con la realización de las enseñanzas e instrucciones recibidas.

Quien no vive de una manera justa, tampoco puede dar de modo justo; y quien no puede dar de modo justo, no es ningún verdadero servidor de la humanidad. Aunque hayamos leído muchos libros en nuestra vida y hayamos extraído sabidurías de ellos, y aunque convivamos también con verdaderos sabios e iluminados, a pesar de ello no nos volveremos ni sabios ni iluminados. Permaneceremos como personas que buscan y carecen de iluminación, hasta que apliquemos el saber, lo realicemos y consigamos mediante ello el cumplimiento de las leyes sagradas. De ello resulta la verdadera sabiduría y el amor desinteresado.

Del libro: “Con DIOS es más fácil vivir”. Editado en e-Book y en papel
www.EditorialGabriele.com – Teléf. 689 886 056


Si te ha gustado, compártelo...